EL DIARIO

Lunes, 1 de Marzo del 2021

El particular mecanismo de “doble comando” argentino reflejado en los titulares de la prensa internacional

Por Emilio Cárdenas, el 20 febrero, 2021

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

El mundo sabe bien cómo funciona efectivamente el poder político en nuestra República Argentina. Alberto Fernández administra. Pero Cristina Fernández (de Kirchner) manda. Esa es la dura e indiscutible realidad.

Por eso el influyente “Financial Times”, de Londres, en la edición del lunes 15 de febrero pasado, destaca que la Vice-presidente argentina está (ella) intentando dilatar el acuerdo con el FMI que será próximamente negociado por el Poder Ejecutivo. Como si ella fuera la auténtica Jefa de Gobierno. Y quizás lo sea. Hasta que el impacto económico de la pandemia del coronavirus haya quedado atrás. Hablamos de un paquete financiero muy significativo; del orden de unos 44 billones de dólares.

La Argentina ha tenido ya unos 50.000 muertos por coronavirus. La política sanitaria ha sido tardía y realmente muy floja. Pero nadie es responsable. Nadie o todos. Pero los políticos miran para otro lado, como de costumbre. Han transformado su quehacer en el ‘arte’ de eludir toda y cualquier tipo de responsabilidad.

En ese feo escenario, el aumento del precio de la soja de los últimos tres meses beneficia inesperadamente al gobierno, que es quien se queda con “la tajada del león” cuando de vender la soja se trata. No los productores.

Lo hace sin correr riesgos, a través de feroces impuestos (eufemísticamente llamados “retenciones”) a las exportaciones de ese producto, que dejan a los productores con apenas migajas en su plato.

La “clase política” argentina, es cierto, vive alegremente del campo haciéndose la distraída, succionando constantemente lo sustancial del resultado de su esfuerzo y producción.

Para la Argentina, esto recuerda inevitablemente aquello de “sic transit gloria mundi”.

Para parafrasear finalmente al preclaro economista argentino, Carlos Melconián, ocurre que desde afuera también nos ven como: “Berretalandia”. Y quizás hoy estemos realmente muy cerca de esa fea –pero no sorprendente- descripción. Mirando para arriba es lo que se advierte, enseguida ¿O no es tan así?

No hace falta caer en el llamado: “name dropping” para darnos cuenta de lo que nos sucede.

Basta mirar un poco en derredor, con algo de espíritu crítico. Sin necesidad de encontrar y mencionar nombres de personas famosas con las que de pronto coincidimos, con pretendida familiaridad, para tratar de darnos algo de brillo y sostener lo que resulta evidente.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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