EL DIARIO

Domingo, 24 de Enero del 2021

Las redes sociales y la libertad de expresión

Por Emilio Cárdenas, el 13 enero, 2021

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Emilio Cárdenas

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Frente a los insistentes llamados a la violencia que desgraciadamente fueran formulados electrónicamente por Donald Trump a través de las redes sociales, Twitter, Facebook, Apple, Google y Amazon reaccionaron con prudencia, cerrando unilateralmente la posibilidad de que el presidente saliente de los EEUU pudiera utilizarlas para comunicarse constantemente con sus 88 millones de fieles seguidores. En los hechos, pese a comunicarle tan sólo una “suspensión como usuario, con plazo indeterminado”, lo excluyeron totalmente de ellas.

Al hacerlo, asumieron que tienen en sus manos el derecho a censurar sus contenidos, al menos cuando ellos son utilizados para promover la violencia. Y además que, en los Estados Unidos, ellas no pueden ser demandadas por los contenidos que difunden.

Lo que no necesariamente parece, en este caso en particular al menos, conformar una arbitraria enormidad, pero genera la necesidad de reflexionar, sin demoras, sobre el enorme impacto de las redes sociales en el ejercicio de la libertad de expresión.

Ocurre que las redes sociales, actores del sector privado ciertamente, gozan hoy de un poder político tan innegable, como creciente, sin demasiados límites -por ahora- respecto del actuar del poder público. En función precisamente de ese gran poder que ya detentan, ellas procuran no ser usadas abusivamente para diseminar mentiras o promover el odio o la violencia, lo que parece indispensable.

En este mismo momento, algunas de las grandes redes sociales están siendo demandadas por el gobierno norteamericano por presuntas violaciones a las normas anti-monopolios, concretamente en materia de publicidad. Y duramente cuestionadas por sus impactos en el ámbito de la privacidad de las personas, lo que abre todo un frente de batalla que amenazaba con aparecer.

Temas a los que ahora se suma el del ejercicio mismo de la preciada libertad de expresión y cuáles deben ser sus límites mínimos, si es que ellos existen, como algunos creemos.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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