EL DIARIO

Jueves, 15 de Abril del 2021

Confirman la caracterización de Rusia como un país tramposo en el mundo del deporte

Por Emilio Cárdenas, el 3 enero, 2021

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

El Tribunal Arbitral de los Deportes, que tiene sede en Lausanne, Suiza, confirmó –como se esperaba- la pena impuesta a la Federación Rusa por hacer trampa en los deportes y utilizar el “doping”.

 Para Rusia, eso es toda una desastrosa vergüenza, cuya consecuencia inmediata es la de ser excluida, por un plazo de dos años, de todas las competencias deportivas internacionales, incluyendo los Juegos Olímpicos.

 Para un país que tiene algún orgullo respecto de sí mismo, el cachetazo recibido por Rusia debiera ser devastador. En más, el mundo entero contemplará a los deportistas rusos con justificada desconfianza, como beneficiarios complacidos de conductas tramposas e inapropiadas. La imagen rusa de potencia deportiva ha quedado, para siempre, muy lastimada.

 Tanto en Tokio, como en Pekín, la próxima concurrencia rusa a los Juegos respectivos sólo se permitirá sin que exista lazo alguno entre el deportista y el país al que pertenece. Será, en consecuencia, bajo la incómoda bandera de la “neutralidad” y quedará sujeta a que cada deportista demuestre –individualmente- que nunca recurrió el “doping”. Las autoridades del mundo del deporte prohibieron además –simbólicamente- a Vladimir Putin (el máximo responsable del fraude cometido) asistir, en los próximos dos años, a ningún evento deportivo internacional. Lo que es correcto.

La meditada sentencia arbitral recaída tiene 180 páginas de argumentos y estaba ciertamente bajo la observación cercana de prácticamente todo el no demasiado sorprendido mundo del deporte.

 Rusia apeló las sanciones que ya le fueran impuestas (en diciembre de 2019) por haber falsificado los registros informativos de sus deportistas, especialmente respecto del laboratorio “anti-doping” con sede en Moscú, por un período de cuatro años, esto es desde el 2011 al 2015.

 Rusia suprimió sistemáticamente las constancias de todos los controles anti-doping de sus deportistas, que ya no existen y, además, fingió que el único responsable de tan condenable conducta era el ex director del laboratorio anti-doping de Moscú, hoy refugiado en los Estados Unidos y transformado en el principal informante de la vergonzosa conducta deportiva rusa.

 El proceso sancionatorio que culmina con la condena a la Federación Rusa se alimentó con la aparición en Alemania, en el 2016, de documentos que confirmaban la repudiable manipulación generalizada rusa.

En ella participaron activamente hasta los propios servicios secretos nacionales rusos, por instrucciones directas que naturalmente llegaban desde lo más alto del poder de la Federación Rusa.

 Los análisis de orina develaron, pese a todo, la lamentable política nacional rusa de trampear descaradamente en el mundo del deporte. Pero “quien la hace la paga” y, para Rusia, llegó el momento de hacerlo. El desprestigio monumental de todo lo absolutamente condenable que ha ocurrido hasta ahora permanecerá, para siempre, en la historia deportiva del mundo. Cual página bochornosa.

 Que –en el ámbito del deporte- un país ponga en marcha una política sistemática de trampas y engaños, no tiene precedentes. Es inaceptable. Pero la hora de la verdad parece haber llegado, como siempre, tarde o temprano, ocurre.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidos.

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