EL DIARIO

Domingo, 24 de Enero del 2021

La “clase política” mantiene el fuerte rechazo de los argentinos

Por Emilio Cárdenas, el 1 enero, 2021

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

La Argentina lleva casi 70 años cuesta abajo. Perdiendo constantemente relevancia en el mundo y con un nivel de vida en picada o caída libre, cada vez menos atractivo. Es obvio que los dirigentes políticos no son, para nada, ajenos a ese desastre.

Por esto el fuerte rechazo de la gente, que ellos cosechan ininterrumpidamente. Con niveles individuales de calidad realmente pobrísimos siguen, sin embargo, tozudamente encaramados en el poder, dinásticamente, como lo prueba la insólita presencia en el escenario del joven Máximo Kirchner, que sólo tiene un reconocido PhD en “playstations”, pese a lo cual se ha encaramado velozmente, sin brillo alguno, en el escenario nacional. Pero cuidado, a costa de tener un obvio 57,5% de calificación “muy mala”, que compite con el 54,5 % que cosecha Axel Kicillof en la castigada Provincia de Buenos Aires. Y con el 36% de esa misma percepción (“muy mala”) que se asigna asimismo al incoloro opositor Mauricio Macri.

El gobierno nacional ha perdido vertiginosamente imagen y hoy tiene un insistente 55% de imagen negativa. Con un 32% de respuestas que lucen preocupadas concretamente por la corrupción y un 25,5% que aparecen lastimadas por la inflación que, cercana al 50% anual, se ha vuelto a desbocar entre nosotros, recuperando su triste “carta de ciudadanía”.

Para el año que viene, un 54,9% de los encuestados augura un ambiente que supone será todavía peor. Una atmósfera de pesimismo flota sobre todo y sobre todos.

Mirando a los actores políticos centrales, eso parece inevitable. Un 41% de los encuestados califica a la gestión actual, la de uno de los gobiernos claramente más incapaces de nuestra historia, como: “muy mala”. Y es así.

Sólo tres figuras políticas, más o menos reconocidas, alimentan alguna dosis de esperanza: María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Roberto Lavagna, todos con mensajes casi siempre sensatos, con los que se puede estar, o no, de acuerdo, pero que no pertenecen al horrendo mundo de la demagogia, en el que en cambio transita con comodidad Cristina Fernández de Kirchner, que lucha por tratar de terminar impune en el verdadero abanico de causas judiciales que han sido ya abiertas en su contra, todas por cuestiones que tienen algo que ver con la corrupción. Consciente –claro está- de que la Constitución Nacional, en su Artículo 36, pena la corrupción con inhabilitación para ocupar cargos públicos, su principal ambición personal.

Visto desde afuera, el clima descripto es por cierto muy desalentador, lo que desgraciadamente también sucede con quienes, en cambio, lo contemplamos desde adentro. Malos augurios para el corto plazo, parece bien evidente.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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