EL DIARIO

Domingo, 24 de Enero del 2021

Manos irresponsables maltratan a la Argentina

Por Emilio Cárdenas, el 16 diciembre, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

Los argentinos nos hemos acostumbrado a que –de pronto- haya personas capaces de paralizar el país, generando daños astronómicos por los que suponen no tener responsabilidad alguna. Desde el exterior, naturalmente, la imagen es muy otra. Nadie comprende, ni puede justificar, como esto puede ser posible. A veces, ni siquiera nosotros mismos nos damos cuenta de los daños enormes que algunos intempestivamente generan.

 Hoy, por ejemplo, hay 22 puertos argentinos que están cerrados. Inoperables, entonces. Hay 129 buques de carga en espera, costosa, por supuesto.

 Ya hay unos 1.600 millones de dólares de carga, fundamentalmente granaria, paralizados con los daños enormes que ello supone.

 ¿Quiénes son los responsables? En este caso particular, dos ignotos sindicalistas: Pablo Palacio y Daniel Yofra, los titulares de dos gremios, el de “Recibidores de Granos y Anexos” y la “Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso”. Ambos, inescrupulosamente por cierto, procuran obtener aumentos salariales para los miembros de sus respectivos sindicatos, generando un perjuicio mayúsculo en un país cuya economía toda está destrozada, casi sin acceso al crédito externo y gobernado por personajes cuya idoneidad para desempeñar sus cargos las dos terceras partes de los argentinos debate.

 Normalmente estos episodios, que destruyen la imagen de un país frente a los inversores, no se denuncia.

Porque lucen normales, pese a conformar verdaderas enormidades. Nadie cuestiona la audacia de los dirigentes responsables de los daños siderales que con ellos se generan. Pero ellos no suceden solos. Ni son espontáneos. Ni pueden ignorarse. Por esto el deber de denunciarlos, para que hoy y mañana se identifique a quienes lo generan. Con nombre y apellido, porque sus desatinos los paga la sociedad argentina toda. Y, peor aún, porque el aumento de estas perturbaciones es uno de los grandes responsables de la decadencia notoria de un país que, desde hace décadas ya, se atrasa respecto del resto del mundo, ante la sorpresa de muchos.

 Duele que estos desbordes no se denuncien y que los funcionarios públicos no tomen las decisiones necesarias, lo que los hace corresponsables del daño económico que sufre la República.

 Nadie se mueve, todos seguimos en el tobogán, como si estas cosas no estuvieran detrás de nuestra triste y larga decadencia.

La Constitución Nacional sólo asegura que nuestros sindicalistas gozan de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo. La gestión sindical no supone conferir a sus titulares la tremenda capacidad de daño que lo que hoy sucede en nuestros puertos evidencia.

Nuestra Constitución también prohíbe al Poder Ejecutivo Nacional, a las Legislaturas provinciales y a los gobernadores de provincia la concesión de facultades extraordinarias, ni la suma del poder público por las que las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esa naturaleza son castigados con la nulidad y sus responsables con la pena que corresponde a lo que la Constitución llama “infames traidores a la Patria”.

Palabras que –sin embargo- parecen haber sido llevadas por el viento. Por falta de apego a las mismas hay quienes –es obvio- tienen un cheque en blanco para dañar a los demás. Al país entero, sin que –en modo alguno- se sientan y sean responsables de sus acciones específicas y, mucho menos, de los enormes daños que con ellas provocan.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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