EL DIARIO

Miercoles, 14 de Abril del 2021

Al cierre de su presidencia Donald Trump pone en marcha la pena capital

Por Emilio Cárdenas, el 14 diciembre, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

Cuando culmina su período presidencial, Donald Trump y su gabinete parecen haber tomado una decisión equivocada. La de acelerar las ejecuciones de aquellos que, condenados a la pena capital, han esperado por largo rato que ella les fuera aplicada.

 A estar a los anuncios oficiales, antes de que termine su mandato, Donald Trump habrá ejecutado cinco condenas a muerte pendientes. Esto antes de que asuma Joe Biden, que se opone abiertamente a este tipo de condenas y que seguramente advierte angustiado que la semana anterior a su asunción presidencial habrá tres ejecuciones capitales, hasta ahora demoradas.

 En todos los casos, los pedidos de conmutar la pena por una de prisión perpetua, no han sido atendidos. Es más, la semana pasada, cuando la Corte Suprema rechazó uno de esos pedidos, la administración sólo tardó una hora en ejecutar al reo, lo que luce casi grotesco.

Soy de los que creen que la pena capital es inhumana, y me conmuevo cada vez que esa drástica sanción es impuesta y/o ejecutada.

El último de los ejecutados norteamericanos ha sido Brandon Bernard, a quien el sistema penitenciario norteamericano describió como un prisionero cuya conducta como tal era modelo.

Antes de ser ejecutado, Bernard pidió perdón a la familia de su víctima. Murió mediante una inyección letal con un nuevo producto. Su ejecución fue la primera realizada por el gobierno federal desde el año 2003.

 Como las ejecuciones se realizan con un grupo numeroso de personas, que generalmente incluye a los funcionarios públicos y a los familiares del reo, hay quienes sostienen que ellas debieran suspenderse mientras dure la pandemia del llamado Covid19. Pero ello no ha sucedido.

 No se trata ciertamente de perdonar a quienes pudieron haber cometido crímenes aberrantes, ni mucho menos de simpatizar con ellos. Se trata, al menos en mi opinión, de reemplazar la pena de muerte por la de prisión perpetua y, de ser posible, permitir a los detenidos compensar, de alguna pequeña manera, con trabajo inclusive, a todos aquellos a quienes perjudicó con el grave crimen que cada uno de ellos –en justicia- purga.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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