EL DIARIO

Miercoles, 25 de Noviembre del 2020

Interesantes actitudes y opiniones sobre libertad de expresión entre Emmanuel Macrón y Justin Trudeau

Por Emilio Cárdenas, el 9 noviembre, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

La publicación, en Francia, de algunas caricaturas irrespetuosamente sarcásticas sobre el Profeta de los musulmanes derivó de inmediato en intolerantes ataques violentos contra ciudadanos franceses por parte de fundamentalistas musulmanes. En distintos rincones del país de los galos y en el exterior.

El peor de los incidentes en Francia culminó en la horrorosa decapitación de un joven profesor que, al enseñar a sus alumnos, les mostró esas caricaturas al tiempo de ocuparse de explicar y defender las razones por las que la libertad de expresión es realmente un derecho absolutamente fundamental para todos quienes hoy vivimos en Occidente.

El premier canadiense, Justin Trudeau, fue concretamente uno de los líderes occidentales que, visiblemente conmovido por el atroz episodio antes referido, expresó su total solidaridad para con el presidente francés.

Al hacerlo, sin embargo, añadió que la libertad de expresión, como tal, tiene sus límites. Ellos son los que emanan del respeto y de la cortesía que deben siempre tenerse respecto de terceros. Es así.

Esa reflexión, sin embargo, cayó mal en el afligido y ciertamente atribulado presidente francés. Lo que es comprensible, pese a que lo señalado por Trudeau es esencialmente correcto.

Ocurre que no estamos solos en el mundo. Hay otros que defienden lo que entienden es su verdad. Que, muchas veces, es distinta.

Para los musulmanes, por ejemplo, los cristianos se equivocan en su fe. Jesús era, sostienen, tan sólo un profeta de Allah, no un ser divino.

Ellos creen, además, que quienes combaten por su fe agradan a Allah. Y, si pierden la vida en esa porfía, van al Paraíso.

Por esto la hostilidad que algunos de ellos sienten respecto de los llamados “infieles”, a los que consideran legalmente inferiores. De allí que endosen el fundamentalismo, esto es una actitud de intolerante soberbia religiosa. Lo que, por lo demás, no justifica en modo alguno las reacciones burlonas. Ni las faltas de respeto.

Nunca se entra en los corazones de otros  a través de la violencia. Nunca. El camino es otro. El del diálogo. El de las convicciones. El de la convivencia. El de la diplomacia. El del respeto.

Curiosamente la violencia tiene algún parentesco con el miedo. Aunque está lejos de ser una expresión de fuerza. Ella muchas veces se alimenta en el miedo. Y en la inseguridad. De allí los dramas que a veces provoca.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

 

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