EL DIARIO

Martes, 27 de Octubre del 2020

El populismo europeo ya no hace tantas promesas incumplibles

Por Emilio Cárdenas, el 17 septiembre, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

El populismo europeo no ha muerto. Para nada. Sus muy distintas expresiones en los países del Viejo Continente siguen vivas. Y cuentan con esa suerte de “capacidad de resurrección”, que es propia de la vida política.

Pero lo cierto es que pareciera no hacer ya tantas promesas demagógicas como lo hacía hasta no hace mucho, en el pasado. Para Simon Kuper, esto está ocurriendo porque esas típicas promesas incumplibles y con frecuencia absolutamente irresponsables, “se desintegran en cuanto entran en contacto con la realidad”. Cada vez más.

Lo mismo ocurre entre nosotros, pero en la Argentina las promesas populistas siguen sucediéndose, unas tras otras. Pese al daño que previsiblemente ellas puedan causar. Un ejemplo obvio de esto es el llamado “impuesto a la riqueza” que el peronismo desde la izquierda de su amplio espectro está pronto a sancionar. Su efecto no les preocupa, nada.

Sólo piensan en recaudar. Para ellos. Todo lo que creen necesitar. Sin bajar su desopilante nivel de vida, ni sacrificar prebendas, lujos e ingresos. Sin recortar gastos improductivos. Sin que nada cambie.

Mañana, ante una previsible nueva crisis financiera y/o cambiaria, tendrán exactamente la misma receta, que simplemente consiste en despojar y desplumar a los demás. Vaya genio.

Lo que supone, especialmente para un país que ha perdido alegremente -por su propia culpa, entonces- la capacidad de endeudarse en el exterior, pulverizar con un impuesto nuevo y adicional al capital que podría impulsar las posibles inversiones domésticas que nuestro país necesita para seguir, más o menos, en marcha, es muy grave. Y los responsables del ideológico “Impuesto Carlos Heller” deberán asumir las previsibles consecuencias de su errónea receta.

La década de recesión que hemos ya acumulado se alargará, sin remedio. La decadencia que mostramos y que cada vez más asombra al mundo continuará.

Cómo actitud, es suicida. Como propuesta, es destructora. Como conducta, es muestra de una clase política que tan sólo piensa en ella misma y en como mantiene vivos sus propios y privilegiados negocios.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

 

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