EL DIARIO

Miercoles, 23 de Setiembre del 2020

Confirman dura condena judicial impuesta a Rafael Correa

Por Emilio Cárdenas, el 9 septiembre, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

El ex presidente ecuatoriano Rafael Correa acaba de recibir otra muy mala noticia: la justicia de su país ha confirmado, por segunda vez, la sentencia penal de primera instancia que en su momento le impusiera una pena de ocho años de prisión, por corrupción.

Sus posibilidades reales de presentarse (a la manera de Cristina Kirchner, esto es como candidato a vice-presidente, detrás de un “mascarón de proa”, que lo acompaña) a las elecciones presidenciales del próximo mes de febrero parecen entonces haberse diluido, casi definitivamente. Porque técnicamente ha quedado descalificado para esa carrera, pese a que lo cierto sea que podría quizás intentar materializar una tercera y última apelación.

Rafael Correa, recordemos, vive hoy exiliado en Bélgica, país hacia donde huyera -presurosa y preventivamente- en el año 2017, consciente seguramente de cuales pudieron haber sido sus “pecados mortales” a la hora de gobernar Ecuador dentro del equipo continental bolivariano que se conformara oportunamente en torno al ya desaparecido y ruidoso ex presidente de Venezuela y aliado íntimo de Cuba: Hugo Chávez. Sus ex colegas y compañeros de ruta: Cristina Fernández de Kirchner y Evo Morales, están también sufriendo asedios y embates parecidos ante los tribunales de sus respectivos países.

Rafael Correa aún niega enfáticamente haber sido un “coimero”. Pero la justicia de su país obviamente no comparte su criterio, está claro.

Correa, recordemos, concedió en su momento asilo diplomático al informante Julian Assange en la embajada ecuatoriana en la ciudad de Londres, en junio de 2012, para así evitar que se lo extraditara a Suecia, donde era requerido por la justicia local.

Nos viene rápidamente a la memoria la conocida frase latina utilizada en las coronaciones papales desde el año 1409 y reproducida por San Pablo en una de sus epístolas: “Sic transit gloria mundi”. Los éxitos políticos a veces caducan, notoria e irremediablemente. Los de Rafael Correa, por lo que valgan, parecen haber ya corrido esa triste suerte.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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