EL DIARIO

Miercoles, 23 de Setiembre del 2020

Con las protestas en Bielorrusia el Báltico se llena de ansiedad

Por Emilio Cárdenas, el 2 septiembre, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

El notorio fraude electoral cometido en Bielorrusia por el actual presidente, Alexander Lukachenko, lo ha debilitado en extremo ante su propio pueblo. Las calles de Minsk y las de otras grandes ciudades del encerrado país sin salida al mar, se han transformado en escenarios de protestas tan ruidosas como continuas. La gente le ha perdido el miedo al régimen autoritario que gobierna al país. La autoridad de Lukachenko está muy lastimada y su legitimidad está siendo desconocida por su propio pueblo.

Bielorrusia es un país poco conocido en nuestro rincón del mundo. Tiene unos 10.000.000 de habitantes de origen eslavo que profesan la fe cristiana, en su variante ortodoxa. En el pasado formó parte de Ucrania, del Gran Ducado de Lituania y del país que alguna vez conformaran Lituania y Polonia, en conjunto.

La Rusia zarista se apoderó del país a fines del Siglo XVIII. Luego de la Primera Guerra Mundial tuvo un breve período de independencia, pero en 1945 se integró a la Unión Soviética, aunque con una banca propia en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Quienes protestan en Bielorrusia enarbolan banderas blancas con una franja horizontal colorada, que es frecuentemente acompañada con la imagen de un caballero medieval a caballo, símbolo de la democracia y de la independencia del país respecto de la Federación Rusa. Ese caballero formaba parte de los símbolos nacionales del Gran Ducado de Lituania, alguna vez compuesto por Lituania y Bielorrusia.

Pero la tradición democrática de Bielorrusia es breve. El país integró el imperio soviético desde 1921. Y sabe bien lo que es vivir en el autoritarismo.

Curiosamente, en las protestas que se están sucediendo en toda Bielorrusia, las mujeres parecieran tener el liderazgo. Quizás porque sus respectivos esposos están encarcelados por el autoritario Lukachenko.

La ciudad de Vilna, capital de Lituania, está emplazada a sólo 60 kilómetros de la frontera con Bielorrusia. Por esto, lo que ocurre en este último país es seguido muy de cerca por las demás naciones del Báltico.

Los países del Báltico, por lo demás, tienen una integración débil con el resto de los de la Unión Europea y, en el caso específico de Lituania, por lo menos una tercera parte de sus habitantes son, en rigor, rusos blancos.

Alguno acaba de recordar que la palabra Lituania es sinónimo de Libertad y, por esto, sus simpatías endosaron rápidamente las protestas contra el dictador Lukachenko, rechazando las maniobras fraudulentas con las que pretende obtener un nuevo mandato presidencial y mantenerse en el poder de una nación que administra como si fuera propia. Por las razones antedichas, aunque las tensiones en Bielorrusia preocupen a la comunidad internacional toda, su repercusión en el ámbito particular del mar Báltico despierta una sensibilidad profunda, muy particular.

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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