EL DIARIO

Miercoles, 23 de Setiembre del 2020

“Combatiendo al capital”, ahora si, con total desenfado

Por Emilio Cárdenas, el 2 septiembre, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

El peronismo tiene un combativo y pegadizo “himno” propio, conocido como “Los Muchachos Peronistas”. Fue inspirado en una canción que, en los años 20, caracterizara a un pequeño Club de fútbol del barrio de Barracas.

Se estrenó en 1949 y su letra se suele atribuir a un popular vecino del mencionado barrio, al que se conocía coloquialmente como “el turco Mufani”. La autoría de la música de esa simple canción se discute; pero la mayoría de los comentaristas sostienen que ella habría sido creación del bandoneonista Raimundo Streiff.

Cuando los peronistas la entonan, no titubean un solo instante en señalar -a viva voz- que ellos, curiosamente, “combaten al capital”. Lo rechazan. Lo detestan. Lo que es sumamente extraño, porque sin capital no hay inversión, ni crecimiento, ni desarrollo, ni progreso. Pero esto los tiene sin cuidado. Quizás lo que, en rigor, quieren decir es que combaten a los ricos.

Hasta ahora, no obstante, el peronismo había sido bastante cuidadoso -en los hechos, al menos- de no espantar irresponsablemente a los eventuales inversores en la Argentina.

Esto, sin embargo, acaba de cambiar. Lo que no sorprende demasiado en función de la llamativa pobreza en lo que a calidad personal se refiere que caracteriza a sus actuales dirigentes.

Ellos están ahora empujando un proyecto de nuevo impuesto a los bienes o capitales, que ya están fuertemente gravados. Tener plata está “mal visto”. No hay que fomentarlo, entonces, en modo alguno. Hay que “combatirlo” y castigar muy especialmente a los que el actual peronismo denomina, desde el resentimiento: “los que más tienen”.

Todos pobres parecería, en cambio, ser el negocio político ideal para el peronismo, de modo de que todos coman resignadamente de la mano misma de los dirigentes peronistas.

Prueba de ello es la propuesta oficialmente prohijada por el diputado Máximo Kirchner, el último eslabón de la peculiar dinastía familiar santacruceña, que consiste en agregar un segundo impuesto a los bienes de las personas físicas, que eleva la alícuota total anual sobre los bienes de los argentinos a un desalentador 7,5%.

Con ello, la “clase política” argentina no disminuye sus gastos, ni sus ingresos, ahora que se ha transformado en una oligarquía que no renuncia a sus privilegios.

La “idea” original del segundo impuesto sobre el patrimonio de los argentinos no es, sin embargo, del combativo joven Máximo Kirchner, sino de un veterano senador, también oficialista y resentido, con conocidas ideas marxistas: Carlos Heller, que curiosamente ha sido, por años, titular de un importante Banco cooperativo que, operando en todo el territorio del país, ha gozado -por muchos ejercicios- de diversos importantes privilegios impositivos, que hoy son muy difíciles de justificar.

Así se escribe la historia. Es bueno conocerla.

Nadie, es cierto, está nunca exento de decir estupideces, lo grave es cantarlas o, peor, decirlas con énfasis.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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