EL DIARIO

Miercoles, 23 de Setiembre del 2020

Los evidentes intentos peronistas de cercenar las libertades de prensa y opinión repercuten en el exterior y dañan la imagen de Argentina

Por Emilio Cárdenas, el 23 agosto, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

Hace muy pocas horas, el popular diario trasandino “LA TERCERA” publicó una nota con la firma de la periodista Fernanda Rojas referida expresamente al cuestionado intento peronista de ahogar las libertades de prensa y opinión en la República Argentina.

Esto es, respecto de la pretensión peronista de que los magistrados judiciales argentinos deban denunciar de inmediato las “presiones” recibidas de los “poderes mediáticos”. De los medios, entonces.

Llevada al extremo, esa norma, si de pronto fuera sancionada, impediría que los medios opinen sobre cualquier tema que pudiera haber sido “judicializado”.

Lo que supone la posibilidad de cercenar abiertamente las libertades personales, de modo inequívoco. Incluyendo el hacerlo mediante el fenómeno de la llamada “auto-censura” de los propios periodistas en procura de evitar posibles “problemas” futuros en la Justicia.

Esta peligrosísima disposición es la que se ha incluido expresamente en el proyecto de “reforma judicial” en curso, impulsado por la vice-presidente, Cristina Fernández de Kirchner. Ese obviamente autoritario proyecto incluye, además, “pautas de conducta” (llamadas “reglas de actuación”) explícitas para el actuar cotidiano de los magistrados judiciales argentinos.

Representa, está claro, un riesgo enorme para quienes están protegidos por la libertad de prensa, amparada expresamente por la propia Carta Magna argentina.

La movida se habría materializado “a espaldas” del presidente Alberto Fernández, a quien muchos consideran apenas como una suerte de mal disimulado “mascarón de proa” de la actual ocupante del cargo de vicepresidente: Cristina Fernández de Kirchner.

La imagen de nuestro país ha sido duramente lastimada.

Porque el riesgo que corren las libertades individuales en la República Argentina es real. Y los profundos odios y resentimientos que alimentan a algunos personajes del siempre peculiar universo peronista, también lo son.

Peligrosa situación, impulsada por la sed de revancha de algunos, que acecha ciertamente a las libertades personales de todos los argentinos, por igual. La batalla que se ha abierto sobre este controvertido tema no es, para nada, menor.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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