EL DIARIO

Miercoles, 23 de Setiembre del 2020

A pesar de la pandemia, los argentinos protestaron masivamente contra la reforma de la Justicia con la que se procura asegurar impunidad a los Kirchner

Por Emilio Cárdenas, el 18 agosto, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

Escribo estas líneas con amargura y profundamente conmovido, en el día del Padre de la Patria de los argentinos, el sobrio general don José de San Martín, impactado por el hecho de que la televisión muestra como la gente ha salido, auto-convocada, a protestar  masivamente contra la artera reforma de la justicia que persigue el gobierno con el aparente propósito de asegurar la impunidad de la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, que luce hoy amenazada por los avances que se suceden en toda una serie de juicios penales, en los que se investigan diversos episodios de corrupción, en los que -de pronto- podría estar incursa la mencionada -y claramente repudiada- ex presidente.

No hay detrás de las enormes marchas de protesta que en este instante observo por televisión, y que se realizaron en todo el país, ningún partido político, ni organización social que sea responsable de que ellas se hayan sucedido. Es la gente la que está, mayoritariamente, soberanamente harta y la que se siente humillada, manoseada y traicionada, groseramente.

La figura de un claramente sumiso presidente, como Alberto Fernández, sin peso específico propio alguno, que es visto como apenas una suerte de insólito mascarón de proa de la ex presidente, forma ciertamente parte de la expresión de repudio generalizado por parte de un pueblo que no quiere que le roben sus esperanzas. Ni su futuro.

La gente en la Argentina expresa, advierto, su gran hartazgo sin mayores disimulos, rodeos, ni miedos. Conmovedoramente. Ordenadamente. Pero con meridiana claridad, para que nadie se equivoque, ni tergiverse el sentido de su protesta.

Como sucede, también hoy, en la lejana Bielorrusia, por motivos que lucen claramente paralelos, en este segundo caso contra el forajido presidente de ese país, Alexander Lukashenko.

El apellido Kirchner, para algunos, es ya, aparentemente, una suerte de evocación a la corrupción.

Y las razones son evidentes: todas ellas apuntan a la corrupción y a una forma de entender la política, como si ella esencialmente fuera, por sobre todas las cosas, un camino a transitar para enriquecerse inmensamente, a costa de los demás y a la vista de todos. Algo tan burdo, como inaceptable.

Día de profunda tristeza, entonces. Donde se repudia, sin tapujos, que el legítimo amor a la Patria haya sido traicionado tan ostensiblemente y con tanta bajeza.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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