EL DIARIO

Viernes, 18 de Setiembre del 2020

Un asesinato hijo del odio, tan cobarde como absurdo

Por Emilio Cárdenas, el 29 julio, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

Tenía ya 86 años sobre sus hombros. Había nacido en un rincón sencillo de la Normandía. Era un humilde y simple sacerdote y, pese a estar jubilado desde hacía ya una década, estaba celebrando su sencilla misa diaria como auxiliar en la pequeña iglesia francesa de St.Etienne-du-Ruvray. Ello era, simplemente, lo habitual.

Se llamaba Jacques Hamel. Había prometido servir a la Iglesia “hasta su último aliento”. Y lo hizo.

Murió degollado, como los mártires, asesinado -brutal y cobardemente- por dos fanáticos islamistas, presuntamente en nombre de sus creencias. En rigor, lo mataron como consecuencia del odio que los movía. Como en tiempos de Saladino.

Los asesinos aún armados, que militaban en las huestes del llamado “Estado Islámico”, fueron rápidamente abatidos por la policía local luego de haber tomado rehenes para evitar, sin éxito, ser capturados. Dos monjas y una pareja fueron testigos repentinos de la infamia ocurrida.

El Padre Hamel, cabe recordar, era muy apreciado por su desinteresada entrega respecto de toda la comunidad a la que servía con dedicación constante.

Era, fundamentalmente, un hombre de paz. El Papa Francisco condenó, de inmediato, el crimen, calificándolo de “brutal”.

 Cuatro años después de su asesinato, Francia, como nación, le rindió un justo homenaje, el 26 de julio pasado.

Amar a diario era el testimonio de la fe del Padre Hamel. El sentimiento contrario, el del resentimiento, alimentó a quienes, en su locura, lo mataron.

Vayan nuestras oraciones y recuerdos para el Padre Hamel y para tantos que, como él, han sido víctimas del odio, cualquiera sea su origen o pretendida razón, todo a lo largo de la historia.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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