EL DIARIO

Martes, 14 de Julio del 2020

La otra pandemia, la económica

Por El Diario, el 25 junio, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

La pandemia del coronavirus ha sacudido y lastimado sanitariamente al mundo entero. Pero ella no viene sola, atento a que el “parate” de actividades generado por la necesidad de que –durante ella- no circule la gente genera inevitablemente un durísimo impacto económico. El Fondo Monetario Internacional así lo ha alertado, señalando que la crisis económica que se avecina producirá un fuerte efecto adverso sobre la actividad, que será el más duro desde la Gran Depresión de 1929/30. La contracción de la economía se estima que podría ser –por lo menos- del orden del 5% del PBI mundial. Complicadísima, entonces. Y con alto desempleo.

 

Si la necesidad de combatir la pandemia sanitaria provoca la continua extensión de los períodos de “cuarentena”, la economía continuará siendo perjudicada. La esperada caída de la actividad económica podría –entre nosotros- extenderse también al año 2021. El cese de actividades perjudicó ya a muchos actores, particularmente en el comercio minorista y es posible que algunos de ellos, dañados en extremo y ya sin reservas, no reabran más sus puertas.

 

Es hora entonces de comenzar a pensar en las medidas destinadas a impulsar la actividad económica, lo antes posible. Esto es todo lo contrario a la “inteligente” propuesta del Senador hoy peronista, pero de origen marxista, Carlos Heller, de establecer un impuesto adicional a la riqueza, puesto que, si ello se dispusiera, los pocos actores que aún tienen recursos para activar al sector privado serían arbitrariamente privados de ellos, en aras al objetivo de no disminuir el nivel del gasto público. Un ejemplo claro del conocido “pan para hoy y hambre para mañana”, escrito –con mayúsculas y letras de oro- en la página central del populismo.

 

La conocida enfermedad argentina de gastar alegremente, muy por encima de sus recursos –que por décadas la ha postergado respecto del resto del mundo- podría volver a manifestarse. Una vez más. Con la irresponsabilidad de siempre.

 

Quienes viven en el Estado o del Estado intentarán seguramente seguir ordeñando al sector privado, especialmente a la actividad agrícola-ganadera, en la Argentina. Sería un error monumental y generaría un nuevo achicamiento del sector productivo, del que están ciertamente “prendidos” quienes trabajan en el casi siempre improductivo sector público. Como política, sería suicida.

 

El momento llama a tomar medidas sensatas, que impulsen la inversión. Para esto hay que acompañar a quienes estén dispuestos a apostar temprano a la reactivación, con todo el riesgo que, para ellos, supone esa aventura empresaria. Esto implica –a la vez- asistencia financiera y menor presión tributaria. El buen presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, lo ha comprendido y ha emprendido acertadamente este camino.

 

Para los países endeudados, la estrategia debe incluir la promoción de las exportaciones que generen las divisas necesarias para poder atender a sus necesidades financieras, así como la voluntad, de todos, de reestructurar los pasivos cuando esté claro que, salvo que ello se hiciera, habrá dificultades insolubles que sólo alimentarían la profundización de la crisis que aparentemente se avecina.

 

Mientras tanto el actual gobierno argentino, uno de los más incompetentes de nuestra historia, extiende la “cuarentena”, por séptima vez, casi “sine die”. Para mañana poder transformarla en la silenciosa “culpable” de la crisis económica que presumiblemente se avecina. La “cuarentena”, curiosamente más larga todas –si de comparar países (incluyendo a la propia China) se trata- no podrá defenderse de quienes han sido sus pícaros progenitores.

 

 

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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