EL DIARIO

Martes, 14 de Julio del 2020

Argentina con un extraño “mascarón de proa”

Por Emilio Cárdenas, el 11 junio, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

El peculiar aspecto exterior no ayuda, para nada, al presidente Alberto Fernández. Trajeado a la manera de tanguero perimido, de fines del siglo XIX, con un gesto permanente de disgusto que rara vez reemplaza, en público, con una sonrisa franca, no genera imitación. Es casi imposible. Su aspecto es parecido al de un veterano empleado de una casa de pompas fúnebres.

La gente lo ve, sustancialmente, como un burdo “mascarón de proa” de uno de los personajes más profundamente resentidos y menos queridos del país: Cristina Fernández de Kirchner, su vicepresidente, la dueña real del poder, para muchos.

Además, se sabe que jamás tuvo responsabilidades de conducción de empresa alguna, pese a lo que cual un 48% de mis compatriotas le confío alegremente nada menos que la gestión máxima de la República que todos compartimos. Una fenomenal y audaz inconsciencia, por lo menos. Pero no es la primera en nuestra corta historia.

El actual presidente, un oscuro profesor de Derecho penal sin mayores contribuciones a su bastante poco común especialidad, acaba de comerse (anoche) un espontáneo y tremendo “cacerolazo” de repudio, probablemente el más grande de los últimos tiempos. En todas las grandes ciudades del país.

No hubo reacción, el presidente siguió, en rigor, como si nada hubiera pasado. O, peor aún, como si lo más natural hubiera, de pronto, sucedido. Olvidando la reacción del agredido campo frente a “la 125”, en tiempos de Cristina Fernández de Kirchner, que busca venganza.

El país luce casi a la deriva. La gente sospecha que algunos pícaros y malintencionados se quieren “quedar con él”, aprovechando la inusual “noche” de la pandemia. Y parece ser así.

Mal momento para la República Argentina.

Desde afuera lo advierten con claridad y nos han cerrado por el momento la puerta, en espera de una reacción sensata, tardía pero acertada. Puede tardar.

Con lo de “Vicentín”, Alberto Fernández se ha pegado un tiro en los pies. Y, curiosamente, parece no haberse siquiera dado cuenta. No le duele.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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