EL DIARIO

Martes, 11 de Agosto del 2020

La Argentina es una enferma adicta al gasto público

Por Emilio Cárdenas, el 28 mayo, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

El gobierno nacional alarga la cuarentena. Pero no corta el inocultable cáncer que consume a las finanzas de la República: el exceso de gasto público, tradicionalmente financiado con inflación. Antes de la pandemia del “coronavirus”, el gasto público crecía bien por encima de la inflación y esto no ha cambiado, ni nadie anuncia que va a cambiar.

Mientras tanto, hemos presentado la propuesta de canje de deuda a nuestros acreedores del exterior. Ella supuso, de inicio, una quita de capital del orden del 12%, dependiendo del plazo del nuevo bono. Y que no habrá pagos de intereses, ni capital, hasta el 2022. Entre el 2023 y el 2025 se pagarán intereses del 0,5%, esto es la misma escuálida tasa que los bancos extranjeros hoy pagan a sus inversores. Lo que supone que sólo a partir del 2026 se empezará a devolver a los acreedores externos el capital que nos fuera prestado y a pagar tasas de interés algo más normales.

Para el actual gobierno, esto supone una espera sin demasiados sobresaltos. Para los que lo sigan, en cambio, la misma ansiedad de siempre, salvo que el peronismo (que hoy obviamente está en el poder) de pronto redimensione al sector público, que es algo así como pedirle que se suicide o adopte una conducta que siempre le ha parecido “contra natura”.

La vida me ha enseñado que, desgraciadamente, el peronismo ha sido hasta ahora, esencialmente, un intermitente festival de derroche, disfrazado con toda suerte de excusas.

En el primer trimestre del año en curso, esto es antes del impacto del “coronavirus”, los ingresos públicos crecieron un 36% respecto del año pasado. Por debajo de la inflación. Pero los gastos aumentaron un 63%. Por encima de la inflación.

El exceso de gasto público, como sucede normalmente, ahogó la inversión, que cayó un 18% y continuó paralizando a un país que asombra constantemente al mundo. Incapaz de vencer, cual enfermo adicto, su tendencia a gastar siempre más de lo que genera y a pedir prestado, para no cambiar nunca de conducta. Hipotecando el futuro de sus hijos, alegremente.

En lo que va del año, el PBI se ha contraído un 5%. Y falta más de la mitad del ejercicio en curso. Hay quienes suponen que, si el confinamiento se prolonga mucho más, ese déficit podría superar el 10% del PBI, lo que supone una nueva inmersión en el caos. En una nueva y sufrida etapa de hiperinflación, presumiblemente.

El sector público, que sabe bien que vive de los demás, no acompañará el esfuerzo que la crisis que se avecina exija. No rebajará sus ingresos, como ya ha sucedido, ciertamente, en algunos otros rincones de nuestra región latinoamericana. Por esto, en la Argentina, el 85% de los jubilados vive con algún ingreso adicional. Inevitablemente, a punto tal que eso a muchos les parece normal.

Si no redimensionamos adecuadamente al Estado, bajando significativamente el gasto público, nada va a cambiar y seguiremos en el camino de la decadencia. El mismo que hemos transitado desde la década de los 40. Y nos ha conducido a una constante pérdida de importancia relativa en la región y en el mundo, a la vez.

Necesitamos políticos de una dimensión que no aparece. Con poder de convicción y fuerza para, superando nuestras adicciones, saber mantener el rumbo exigente que las imprescindibles correcciones estructurales requieren. Aunque duela admitirlo, ellos no parecieran estar a la vista, por cierto. Al menos, por ahora.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

 

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