EL DIARIO

Jueves, 4 de Junio del 2020

América Latina se deteriora – política y económicamente – ante la pandemia del “coronavirus”

Por Emilio Cárdenas, el 21 mayo, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

La pandemia del “coronavirus” está haciendo estragos de diferentes magnitudes en algunos países de la región. Que son particularmente fuertes en Brasil y Chile. Pero también en México y Perú. Con algunas pocas salvedades -como las de Colombia y de la hoy sensata Uruguay, menos infectada que Nueva Zelanda- el daño causado ya por la pandemia, casi imprevisible, ha sido realmente inmenso y, sus consecuencias socio-económicas serán previsiblemente gravísimas.

Perú, por ejemplo, pese a ser -en términos de población- cuarenta y dos veces más chico que la India, tiene, no obstante, casi la misma infección viral que el país asiático. Esta dura circunstancia contiene y sintetiza toda una triste panoplia de mensajes duros, que en algún momento habrá que tomar en cuenta.

Veamos una primera aproximación a las realidades concretas, algo más precisa.

En México, Andrés Manuel López Obrador (a quien el presidente argentino, Alberto Fernández, admira en cuasi-secreto) apuesta públicamente a tener un presupuesto equilibrado, mientras acelera a fondo en el frente de la obra pública, lo que parece, por lo menos, bastante poco coherente.

Ha congelado las vacantes en el sector público; eliminado diez carteras de su ya excesivamente numeroso gabinete de gobierno; disminuido los “bonus” en el sector público; y propuesto, con suerte variada, un recorte en los sueldos del sector público del orden del 25%, a la uruguaya, entonces.

También ha decidido gobernar con toda austeridad, lo que es fácil de anunciar y difícil de llevar a cabo, especialmente cuando uno tiene algunos claros perfiles populistas. Las proyecciones sugieren que su PBI se contraerá este año un 8%, o algo más.

Argentina y Ecuador están, ambas, renegociando, muy trabajosamente, sus respectivos endeudamientos externos. Por ahora, tan sólo eso.

Lo hacen con sus economías en marcha muy lenta, casi detenidas. En un ambiente internacional que luce ciertamente preocupado, con buenas razones. Pero que, pese a ello, parece ser bastante poco propenso a administrar oxígeno a los enfermos. Más aún, si ellos son calificados, como somos algunos de nosotros, de incumplidores “seriales”.

Ecuador sufre por el aumento de los precios internacionales del petróleo crudo. Argentina, ante ello, siente, más bien, un alivio pasajero, pese al evidente impacto adverso que la caída de los precios internacionales  está por cierto teniendo en el desarrollo de su hoy yacimiento hidro-carburífero estrella: el de Vaca Muerta.

Venezuela sigue profundamente enterrada en el infierno. Sin que tratar de enderezar un rumbo socialista que ha probado ser realmente fatal sea, por el momento, algo factible.

Por todo esto, seis millones de venezolanos han huido ya de la miseria y de la falta de las libertades civiles y políticas esenciales. En la emergencia, Venezuela ha pedido ayuda financiera al FMI y éste se la ha denegado, con algunas buenas razones.

Chile no ha despejado la indignación que, estimulada ciertamente desde Caracas y La Habana, se ha apoderado de buena parte de su sociedad, desencantada con un modelo que, para ella, no ha sido sino ruinoso, creen.

Y en sus principales ciudades las protestas y disturbios callejeros se suceden y, peor, se desmadran, una y otra vez.

El futuro de Chile, que parecía ser brillante, ahora luce muy complejo, como lamentable consecuencia de lo antedicho. Esto pese a que, en los hechos, el presidente chileno, Sebastián Piñera, ha aumentado muy sensiblemente el gasto social, aunque tarde sin embargo.

Brasil está hoy muy dividido y desordenado. Y su economía no se está recuperando con ritmo. Para su deprimido socio del sur, la Argentina, éstas son obviamente muy malas noticias. Para Brasil, también.

Hay quienes pronostican que, por todas las ingratas razones precedentes, la economía de la región se contraerá este año algo así como un 15%, en conjunto. Sería un paso atrás, fuertísimo.

Argentina, que como país soberano ya no tiene acceso al crédito externo, lo que es inédito, se financia hoy, créase o no, imprimiendo billetes a toda máquina y parecería ir camino hacia una nueva y dolorosa etapa de hiperinflación. Pero, pese a todo, sigue negándose a achicar el peso insoportable del Estado que, desde hace décadas, la está asfixiando lentamente.

Su pronóstico no es, desgraciadamente, bueno. Para nada. El notorio populismo, entronizado hoy por el peronismo en el gobierno nacional, espanta a propios y ajenos.

Más aún, cuando desde el propio gobierno, sostienen, sin sonrojarse, que la salida de la crisis debe ser pagada no sólo imprimiendo moneda, sino además gravando duro a los que “más tienen”, esto es a lo que queda de la que alguna vez fuera una clase pudiente con alguna capacidad de inversión, que -castigada constantemente y vituperada sin descanso- procura hoy tratar de “sobrevivir”, como puede. Mientras ella misma se achica, inexorablemente.

En la Argentina, la verdadera oligarquía es hoy la llamada “clase política”, que, sedienta de poder, no renuncia a ninguno de sus notorios privilegios y actúa con soberbia creciente, como si fuera la dueña exclusiva del país. Y, de algún modo, hoy lo es.

Se ciernen, queda visto, algunas tormentas de magnitud.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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