EL DIARIO

Jueves, 4 de Junio del 2020

La pandemia del “coronavirus” y la protección a los “abuelos”

Por Emilio Cárdenas, el 10 mayo, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

La dura y repentina pandemia causada por la propagación del llamado “Coronavirus” que golpea al mundo parecería ser particularmente letal para aquellos que tienen ya más de 70 años, a los que genéricamente ahora llamamos -con una apariencia cariñosa- “abuelos”, como si fueran todos iguales, casi inválidos, y tuvieran idénticos estados de salud.

Por esto, los gobiernos que naturalmente comandan el combate contra ese peligroso virus han comenzado a  defender a los “abuelos” con medidas protectoras que sólo se aplican a la franja poblacional de mayor edad.

Por ejemplo, la ciudad de Buenos Aires -que al tiempo de escribir estas líneas lleva ya más de 50 días de una severa “cuarentena”. Ella conlleva el encierro obligatorio de los adultos mayores, a los que se impone el confinamiento, del que sólo pueden salir para comprar alimentos o medicamentos si están acompañados de “voluntarios” a los que deben convocar previamente. Esos voluntarios son quienes pueden acompañarlos a hacer las compras -o hacerlas ellos mismos por cuenta y orden de los ahora llamados “abuelos”- sin que éstos tengan la menor idea de quiénes son y cuál es, en rigor, su grado real de honestidad.

Esa medida, aplaudida como “facilitadora”, es entonces, al menos en alguna medida, una probable causa adicional de preocupación para los “abuelos”.

A nadie aparentemente se le ha, hasta hora al menos, ocurrido que lo que debiera conferirse claramente a los ciudadanos y ciudadanas a los que calificamos -cariñosamente- de “abuelos” es un privilegio muy distinto: el de poder, siempre, ser los primeros en ser atendidos en las colas que se hacen para ingresar a los distintos negocios.

Esto es, poder postergar en el orden de atención normal a todos los demás, que debieren estar dispuestos a esperar que los “abuelos” sean atendidos prioritariamente. Ocurre que esto incomoda a los demás. Por ello, “no prende”.

En una época, los varones cedíamos a las mujeres los asientos en los colectivos, cuando éstos iban llenos. Casi automáticamente. Sin reglas escritas. Por amabilidad y educación tan sólo.

Algo parecido debería, creemos, hacerse ahora ante el rigor de la pandemia que todos sufrimos.

Porque corresponde, naturalmente. Pero me temo que “predico en el desierto”. En rigor, pareciera que, por egoísmo, nadie quiere, por un mínimo de educación, ser personalmente postergado.

Tampoco por los “abuelos”. Hasta allí llega el respeto real por la dignidad de nuestros mayores. Feo. Para pensar, además.

 

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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