EL DIARIO

Jueves, 4 de Junio del 2020

El futuro de los besos y abrazos después del coronavirus

Por El Diario, el 13 abril, 2020

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María Gracia Inzaurraga

María Gracia Inzaurraga

No nos abrazamos o besamos porque lo dicta la moda o por relaciones laborales y sociales exclusivamente.

Lo hacemos porque el acto del beso y del abrazo viene con nosotros como un tatuaje tribal en el ADN.

El hombre necesita del otro, anhela al otro significativamente como el primer beso que da una madre a su hijo recién nacido y es el vínculo social mas primitivo del que tenemos memoria los seres humanos.

Abrazo y beso están siendo devaluados como forma de saludo y se piensa que en un futuro esta práctica que es el primer contacto de una relación amorosa o simplemente de amistad, podrá ser erradicada o directamente sancionada por cuestiones de sanidad y temor.

Si el abrazo-beso será perjudicial para futuros ensayos anti-pandemia y esta se propagó mucho por los países básicamente envejecidos, como se planteará en el futuro la táctica del primer encuentro amoroso de dos posibles amantes en un continente donde ya no se forman parejas y el recuento demográfico está realmente en rojo?

Es un hecho que Europa esta envejecida desde hace mucho y esto lo demuestra la saña con la que el coronavirus atacó a dos de sus mas envejecidos países: Italia y España.

Ningún país de los veintiocho que componen la Unión Europea tiene una tasa de fecundidad mínima para asegurar la reposición de la población. Las europeas no tienen su primer hijo hasta los 29 años como media, aunque en algunos países pasa de los 30 y cada vez son más las mujeres que retrasan su maternidad hasta los 40 años, cuando tienen su primer hijo sobre todo en estos dos países del sur.

Pero mas al norte la situación no parece tener un buen augurio de expansión demográfica en el futuro.

En Alemania, tanto Berlín como la ciudad de Hannover son las mas reticentes a formar pareja ya que según la Oficina Federal de Estadística en el 2011 el equivalente a un 20% de la población mayor de 18 años vivían solos.

En Europa, sólo Suecia rebasa ese número.

Desde hace años se registra una tendencia de aumento en el número de hogares habitados por una sola persona.

Los solteros suelen pagar una renta más alta, a menudo pierden el empleo y corren un mayor peligro de empobrecerse que las personas que viven en pareja, pero esto no parece disuadirlos.

Hace veinte años la proporción de gente viuda o divorciada era mayor según esta oficina de estadística, lo que demuestra que la unión matrimonial no está en los planes del europeo que ha perdido interés en cambiar de estado civil.

La práctica del contacto físico esta en jaque en estos momentos de pandemia.

El abrazo, beso y apretón de manos podría extenderse en estos países europeos como en los latinos, pasado – por supuesto – el peligro del contagio, como modo de acercar a los sexos opuestos mas allá del feminismo imperante y de los cambios culturales y sociales;  como una señal de que Cupido, sigue su raid de flechero.

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