EL DIARIO

Martes, 11 de Agosto del 2020

Condenan a Rafael Correa por corrupción y lo privan de sus derechos políticos

Por El Diario, el 9 abril, 2020

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

          Hace menos de una década, un grupito de políticos claramente resentidos, con propuestas de gobierno propias de la izquierda, se había apoderado de la mayoría de las presidencias de nuestra región.

               Entre otros, lo conformaron: el brasileño “Lula” da Silva (que terminó condenado y preso, por corrupto); nuestra inefable Cristina Fernández de Kirchner (hoy multi-procesada, también por corrupción); el ecuatoriano Rafael Correa (un “pintón”, de quien nos ocuparemos enseguida); el ex presidente boliviano Evo Morales (hoy exiliado, luego de ser destituido por un notorio -e insensato- intento fallido de fraude electoral) y, en Venezuela, los archi-demagogos: Hugo Chávez, primero, y Nicolás Maduro, muy poco después. El resbaladizo político uruguayo “Pepe” Mujica fue, en su momento, uno de sus notorios “compañeros de ruta”.

                Cuando hoy se los recuerda en conjunto, viene muy rápidamente a la memoria aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres”.

              Ninguno de ellos será -en adelante- considerado como figura inolvidable por los éxitos en la gestión de sus respectivos gobiernos. Todos serán, en cambio, recordados por su triste cercanía con el azote de la corrupción.

              También el ecuatoriano Rafael Correa. Que acaba de ser expresamente condenado a ocho años de prisión, en primera instancia, todavía. Y a perder todos sus derechos políticos por un plazo de 25 años, lo que parecería excluirlo, en más, del escenario político de su propio país.

Lo mismo sucedió con quien fuera su vice-presidente, Jorge Glas y con una veintena de otros colaboradores que fueron implicados como cómplices. Por haber conformado una asociación ilícita, en perjuicio de su propio país.

                  La sentencia condenatoria dispone, asimismo, que ellos deberán hacerse cargo y pagar los daños y perjuicios que fueron consecuencia de sus actos de corrupción. Y que, a modo de pena innovadora, se ponga una placa en el propio palacio presidencial ecuatoriano (el llamado “Carondelet”), pidiendo disculpas por sus delitos. Para que nadie se llame a engaño mañana acerca de quién cada uno de ellos fuera en el devenir de la historia de su aparentemente defraudado país.

            Correa que, escapado oportunamente de su propio país, reside hoy cómodamente en Bélgica, reaccionó enseguida, calificando a la sentencia recaída en su contra de “payasada” y poniendo además en duda la imparcialidad de quienes lo juzgaron y condenaron.

                 Como era ciertamente de esperar, conociendo al bastante poco atractivo personaje. Pero la sentencia que lo condena, aún cuando no esté firme, le ha sacado la manipulada y falsa aureola de “político destacado”, que probablemente nunca mereció.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

 

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