EL DIARIO

Martes, 11 de Agosto del 2020

La Argentina y el llamado “Grupo de Lima” o “El zorro en el gallinero”

Por Emilio Cárdenas, el 21 diciembre, 2019

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Emilio Cárdenas

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El pasado 3 de mayo, nuestro país suscribió, como era ciertamente de esperar en ese entonces, la llamada “Declaración” sobre la situación en Venezuela de esa misma fecha, que fuera emitida por el “Grupo de Lima”, compuesto por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela. Lo hizo con motivo de lo que entonces se llamó con alguna ligereza el inicio de la fase decisiva del proceso pacífico de recuperación democrática y del cese de la usurpación en Venezuela por parte de Nicolás Maduro.

Allí, entre otras cosas, nuestro país respaldó específicamente a Juan Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela. Y condenó expresamente la dura represión a la oposición ya desplegada por Nicolás Maduro y sus Fuerzas Armadas y de Seguridad, calificando -sin rodeos- al gobierno de Maduro de “ilegítimo y dictatorial”. En ese entonces, Mauricio Macri presidía aún a nuestro país.

Pero con la reciente llegada del peronismo al poder y la presidencia de Alberto Fernández, en la Argentina las cosas han aparentemente cambiado respecto de Venezuela. Bastante radicalmente.

El nuevo gobierno argentino reconoce, en cambio, a Nicolás Maduro, el amigo de la vice-presidente, como presidente constitucional de Venezuela.

Esto no es demasiado sorpresivo, desde que Nicolás Maduro es, desde hace rato ya, un gran amigo personal y socio político e ideológico de nuestra actual vice-presidente, Cristina Fernández de Kirchner.

Por esto, de alguna manera sorprendió fuertemente que el nuevo gobierno de nuestro país anunciara, con especial y llamativa rapidez, que la Argentina “seguirá integrando” y perteneciendo al referido “Grupo de Lima”.

Pero no sería raro que esto de pronto se hiciera para actuar en su seno a modo de “zorro en el gallinero”; esto es, para perversamente frustrar, desde adentro, sus esfuerzos y propósitos compartidos. Actuando en connivencia con Venezuela y Cuba, que hoy es la dueña “real” de Venezuela y que vive colgada de sus recursos naturales. Como antes lo hiciera, cabe recordar, de los dela ex Unión Soviética.

Ese sería un error realmente fatal, que además no tardaría en advertirse y que nos costaría caro, sobre todo en la relación con la vecina y socia Brasil, en la que perderíamos instantáneamente confiabilidad, en momentos en los que algunas voces prominentes de nuestros vecinos expresan, no sin buenas razones, sus serias dudas sobre las posibles coincidencias bilaterales en materia de política exterior regional con nuestra nueva administraciónnacional.

La Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la chilena Michelle Bachelet, acaba de ratificar su informe, en el que advierte que en Venezuela hay ejecuciones extra-judiciales; acoso a los opositores; y que los ingresos de buena parte de su población no le alcanzan para adquirir los bienes que conforman la llamada “canasta mínima”.

Agregando, asimismo, que hoy no existen, en Venezuela, las condiciones mínimas” que se requieren para poder celebrar elecciones nacionales, libres y transparentes.

Es más, lo cierto es que Nicolás Maduro persigue a los legisladores de la oposición, cuya inmunidad parlamentaria ha levantado.

Mientras tanto, la economía de Venezuela se derrite. Velozmente. Este año, su PBI se ha contraído nada menos que un 25,5 %, lo que lleva la contracción total acaecida desde el 2013 a un tremendo nivel de achicamiento de la economía del país caribeño, del 62,2%, con el consiguiente impacto negativo sobre la parte más vulnerable de la población venezolana.

Por el momento entonces, la Argentina sigue dentrodel “Grupo de Lima”, pero, en apariencia, con “posiciones propias”. Sin coincidir necesariamente con los demás miembros.

Esto parece haber quedado relativamente claro con los dichos recientes sobre Venezuela del embajador Carlos Foradori, pronunciados en el seno del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Por todo esto, es momento de prudencia y de evitar precipitaciones. Y no de prohijar cambios violentos y repentinos de rumbo. Obviamente en esto la palabra final la tiene el Gobierno Nacional, que ya ha desautorizado -sin rubor alguno- al flamante canciller, Felipe Solá. Que, ante lo sucedido, permaneció en actitud de muy disciplinado silencio.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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