EL DIARIO

Lunes, 3 de Agosto del 2020

Dime con quien andas

Por Emilio Cárdenas, el 13 diciembre, 2019

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Emilio Cárdenas

La República Argentina tiene un nuevo presidente, Alberto Fernández. Hablamos de un dirigente peronista, seleccionado por su actual vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner, que obtuvo el 47% de los sufragios en las recientes elecciones presidenciales. Sus antecedentes son relativamente de poca monta. Por esto no es de extrañar que los líderes de la región que lo acompañaron en su toma de posesión hayan sido relativamente escasos.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que tuvo diálogos ásperos con Alberto Fernández durante el proceso electoral, no vino. Era de suponer. Envió finalmente a su vicepresidente, Hamilton Mourao. Lo hizo después de haber anunciado, en prueba de rispidez, que no enviaría a nadie a la ceremonia. Su decisión final abre la puerta para un esperado pronto regreso a la normalidad en las relaciones bilaterales, esenciales para nuestro país.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, tampoco vino. Tenía planeado asistir, pero se fue a Punta Arenas ante la trágica desaparición de un avión militar chileno que volaba hacia la Antártida.

Uno de los presidentes de Venezuela no vino. El que la Argentina no reconocía como tal, o sea el dictador Nicolás Maduro. Tampoco vino el “autoproclamado” Juan Guaidó. El dirigente peronista Santiago Cafiero no mostró ninguna pena al tratar de explicar la ausencia de Maduro, calificando a su gobierno de “muy cuestionado” en materia de derechos humanos.

El presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, hizo acto de presencia.

Los uruguayos nos visitaron por partida doble. No solo vino el presidente Tabaré Vázquez, sino también Luis Lacalle Pou, el presidente electo de la Banda Oriental que asumirá su cargo el próximo mes de marzo. Lo hizo acompañado de quienes integrarán su gabinete de ministros.

Bolivia no tuvo representación alguna. La explicación es clara: su actual presidente interina, Janine Áñez simplemente no fue invitada. La mandataria boliviana aprovechó para señalar que carece de afinidad ideológica con Alberto Fernández, agregando que el nuevo gobierno argentino tiene una ideología que ella no comparte desde que “desprecia la democracia”. Evo Morales ya reside en Buenos Aires, presuntamente como “refugiado”, y es previsible que no respete el carácter de tal y esté activamente en política, pese a nuestra solicitud de que no lo haga.

Desde Colombia no vino el presidente Iván Duque. En su lugar, nos visitó el Ministro de Comercio, José Manuel Restrepo.

Pese a la declamada cercanía que Alberto Fernández invoca respecto de México, Andrés Manuel López Obrador no bajó al hemisferio sur. Lo reemplazó una de sus secretarias, la de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

Alberto Fernández se ocupó muy especialmente de invitar al gobierno de Cuba. Respondiendo positivamente, llegaron –en masa- el presidente, Miguel Díaz-Canel, el Canciller Bruno Rodríguez, el Ministro de Comercio Exterior, Rodrigo Malmierca Díaz, y en representación de la Cancillería, el Director de América Latina, Eugenio Martínez Enríquez. Cartón lleno, entonces. Con su delegación, Cuba exteriorizó su ilusión de encontrar en la administración de Alberto Fernández un nuevo aliado en su propia región de influencia.

Desde los Estados Unidos nos visitó el Secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar. Era impensable que Donald Trump asistiera personalmente. A la luz de los caracteres del mencionado Trump y de Alberto Fernández puede anticiparse una relación bilateral compleja y –quizás- hasta desencuentros espinosos. Alternativamente, la relación podría ser simplemente lejana.

Desde el Vaticano el Papa Francisco, hasta ahora el único Papa de la historia que ha militado en el peronismo, envió al Nuncio Apostólico en Uruguay, Martín Krebs. El Vaticano –destacamos- no tiene Nuncio en Buenos Aires desde mediados de 2018.

El Reino Unido también prefirió una representación de poco brillo y estuvo representado por la parlamentaria Gloria Hooper. No es improbable, particularmente por el poder que obviamente detenta nuestra actual vicepresidente, de representación patagónica, que entre ambos países haya –en el futuro cercano- desencuentros respecto de las Islas Malvinas y la pesca en sus aguas adyacentes.

Una concurrencia a la que –genéricamente- podría calificarse como de “ni fu, ni fa”. Con pocos invitados de alta visibilidad y trascendencia.

Una trasmisión del mando de tono gris. El fracaso de la administración de Mauricio Macri seguramente pesó al tiempo de despedirlo como presidente de nuestro país.

Esto último, sumado al regreso electoral del peronismo, prácticamente imposible de entender en el exterior, contribuyó a presenciar un recambio presidencial bastante opaco.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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