EL DIARIO

Domingo, 20 de Octubre del 2019

La verdad de un ex combatiente de Malvinas

Por María Gracia Inzaurraga, el 27 abril, 2019

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Raúl Marcos Sempé con su uniforme en 1982.

En 1820 un oficial estadounidense al servicio del gobierno de Buenos Aires tomó posesión de Malvinas a bordo del buque “Heroína”, en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata e izó por primera vez el pabellón argentino en las islas, mientras un explorador británico, James Wedell fue testigo del hecho.

Todo cambiaría cuando el 3 de enero de 1833 tropas inglesas usurpan las islas donde gauchos y colonos convivían en armonía.

Este hecho se da en tiempos de paz entre Gran Bretaña y Argentina, marcando el comienzo de largas disputas en el terreno diplomático, desarrollando argumentos ante las Naciones Unidas que apoyan sus reclamos de soberanía.

El 2 de abril de 1982,  durante un gobierno de facto feroz, con poca popularidad y una economía arruinada, el General Galtieri ordena la invasión y recuperación de las islas, iniciando una guerra contra una de las mayores potencias colonizadoras del mundo.

En respuesta la Primer Ministro Margaret Tatcher envió un poderoso ejército de 27 mil soldados y más de 100 buques de guerra.

En ese teatro bélico, tan desigual e injusto, lo vivido por un ex combatiente argentino es, por lo menos, heroico.

El encuentro fue en Buenos Aires, con algunas reservas ya que no ha hablado mucho de su historia en Malvinas, y la larga charla duró lo intenso del café.

Raúl Marcos Sempé, oriundo de City Bell en la Provincia de Buenos Aires, era casi un niño que como muchos argentinos tuvo que cumplir con la “colimba”, término popular que abrevia el “corre, limpia y barre”, con el que denominaban al servicio militar.

MGI.- Fuiste a la guerra por deber o por querer?

MS.- Mas bien por obligación. El servicio militar era obligatorio en aquella época y terminado mi bachillerato, tuve que hacerlo. Cuando terminé y me dieron la baja siendo un muchacho de 19 años, al mes me convocaron de nuevo al regimiento. Automáticamente nos dieron nuestro uniforme, nos cortaron el pelo y volvimos a ser soldados. Mi baja de soldado y mi libertad duraron un mes. Era un soldado cumpliendo con la ley.

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Marcos Sempé, Ex Combatiente, Héroe de las Malvinas

MGI.- Desde que te llamaron hasta que llegaste a Malvinas, que pasó?

MS.- Nunca supimos a ciencia cierta a donde íbamos y que estaba pasando.

Intuíamos algo, pero nada tangible, no se sabía si los ingleses venían o no. Yo pertenecía al Regimiento 7 que se suponía iría a custodiar toda la costa de la Provincia de Buenos Aires hasta Bahía Blanca y el Regimiento 24 cruzaría a Malvinas y ya aclimatados nosotros solo haríamos guardias ahí.

Todo lo que sabíamos era “chusmerío de pabellón” como le dicen, ignorábamos literalmente nuestro destino. Mi regimiento saldría en un micro el martes 13 de abril rumbo a la localidad de Morón (oeste de Buenos Aires) y yo, como hincha de Estudiantes de la Plata y cabulero, pedí para salir el día después; así fue que el 14 de abril a la una de la mañana estaba saliendo hacia Río Gallegos, escala previa hacia Malvinas.

Recuerdo que mi viejo me dió una medallita que aún conservo, dinero y quedamos en suspenso, sin un hasta luego, sin un adiós, rumbo a lo desconocido.

Ahí estuvimos tres o cuatro días rumiando nuestra incertidumbre y mi preocupación primera era como le hacía llegar a mis padres la noticia que íbamos a Malvinas, ya que ni siquiera el regimiento lo sabía.

El avión que nos llevó de Río Gallegos a las islas no tenía asientos, viajábamos apiñados, sin seguridad, como ganado.

La llegada fue en medio de un temporal, tres escalones, abajo y ya estábamos empapados por una lluvia helada que mojaba toda nuestra ropa. En ese momento empecé a preocuparme.

Había una gran incertidumbre, no estaba en los planes de nadie que los ingleses iban a venir y menos a atacarnos. El argumento que se manejaba era que iríamos a colocar la bandera argentina, la inglesa y la de las Naciones Unidas, seguir con las negociaciones y volver al continente. Pero eso fracasa el 2 de mayo cuando los ingleses hunden nuestro crucero ARA General Belgrano que navegaba fuera de la zona de exclusión y desde ahí ya no hubo retorno.

La guerra estaba más que declarada. Cuando un soldado hace la conscripción se le enseña una práctica que se llama “toma y cambio de posiciones” que es la instrucción para avanzar, para atacar al enemigo, pero nuestro mal adiestramiento no nos permitió defendernos. No estábamos preparados para esta guerra, ni logísticamente ni moralmente.

María Gracia Inzaurraga

María Gracia Inzaurraga

Los ingleses estaban mejor y más equipados; mientras ellos tenían un visor nocturno por soldado nosotros teníamos uno para cien. Esa era la proporción en todas las áreas.

Yo operaba un radar y por eso iba en primera línea de combate y mi radar era inglés con lo que demuestra que ellos ya tenían un detector de nuestro radar y toda la tecnología. Siempre estábamos expuestos al enemigo, fuera por falta de tecnología como lo inhóspito del terreno.

MGI.- Como manejabas el hambre?

MS.- Nunca me gustó quejarme de eso, uno sabe que en un contexto de guerra se va a pasar mal; llegaba muy poco a Malvinas desde el continente, no porque no mandaran víveres sino que había una cadena de robos desde el aeropuerto de donde salían hasta el camión que lo distribuía, eso iba también para las cosas que nos mandaban nuestras familias. Consumíamos alrededor de 1.500 calorías de las 5.000 necesarias por día.

Estaba prohibido carnear animales pero lo hicimos porque en esas circunstancias ibamos a morir de hambre. Esto estaba penado con torturas que iban de encerrarte en un container por días o estaquearte al piso helado con el riesgo de quedar expuesto al fuego enemigo.

La guerra finalizó el 14 de abril y caímos prisioneros el 15 y debimos estar tres días en el crucero civil Canberra hasta el cese de hostilidades ya que era posible que las fuerzas argentinas nos bombardearan por tener bandera inglesa. Los ingleses que nos vigilaban no daban crédito al ver que comíamos lo poco y malo que nos daban y bromeaban al respecto: un pedazo de pan hecho en el barco, media papa, una rebanada de salchichón y un café. Nosotros no podíamos entender que eso no les pareciera un festín.

El hambre es un dolor muy feo, no se te olvida.

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Marcos Sempé hoy

MGI.- Parafraseando al título de la película de Peter R. Jackson “Jamás llegarán a viejos”, sentiste que eso podía pasarte a vos?

MS.- Lo primero que me viene a la mente es que nos robaron nuestra adolecencia.

De la secundaria pasamos a ser señores. Nos robaron una parte muy importante de nuestras vidas y eso son cosas que no se recuperan. Muchos no tenían nada y volvieron peores en el sentido sicológico, anímico y con pocas posibilidades de trabajar por el estigma de ser ex combatiente.

Las secuelas síquicas de la guerra siguen causando muchos suicidios hasta el día de hoy. Si esto sigue así, en un futuro los muertos por suicidio serán más que los muertos en combate.

MGI.- Te cambió en algo la guerra?

MI.- Si, supongo que siempre te cambia. Mi padre me había dado plata y más de la que tenían muchos. Me di cuenta que todo eso que un chico quería en un momento ya no valía nada porque no podía calmarme el hambre y el frío; ni siquiera teníamos donde poner nuestros cuerpos para no morir congelados.

Pero por otra parte revivís los sentimientos con la llegada de tus hijos y volvés a “darte de alta” con la vida.

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El contraste de la realidad del barro de las botas y la desinformación – Museo Malvinas – Foto María Gracia Inzaurraga

MGI.- Tuviste reconocimiento de tus compatriotas?

MS.- A mi nadie me debe nada. Lo que más valoro es el reconocimiento de mis compañeros de generación. No es multiduniario, a veces te lo reconocen y eso te llena de orgullo. Mi DNI tiene en el costado superior derecho una frase que podría resumir lo que fuimos y lo que dimos a la Patria: “EX COMBATIENTE, HÉROE DE LA GUERRA DE LAS MALVINAS”.

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EL MUSEO DE MALVINAS, ubicado en el predio de la ex ESMA en la zona de Núñez, guarda un número importante de imágenes que permiten revivir lo que fueron los años de conflicto, sus ideales y sus miserias, la desinformación y la grandeza de los que dieron todo o mucho de sus vidas.

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Imágen del Museo de Malvinas

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Foto de soldados argentinos del Museo de Malvinas

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Imágen del Museo de Malvinas

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Imágen del Museo de Malvinas

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Imágen de soldados argentinos del Museo de Malvinas

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Las Islas Malvinas en el espejo de agua del Museo Malvinas

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Imágenes de la guerra del Museo Malvinas

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Imágenes de la guerra del Museo Malvinas

 

 

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