EL DIARIO

Lunes, 25 de Marzo del 2019

En el Congo, una lamentable demostración de “Viveza Criolla”

Por El Diario, el 18 febrero, 2019

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La República Democrática de Congo es uno de los países más pobres del Continente Negro. Y del mundo, en rigor. No obstante, su actual gobierno acaba de sancionar una serie de beneficios, de por vida, para quienes formen parte de él, como ministros de su gabinete. Ellos conforman una suerte de “jubilación de privilegio”, diríamos nosotros, para usar la terminología que nos es más familiar en el Río de la Plata.

 

En efecto, quienes sean designados primeros ministros del gobierno nacional del Congo tendrán derecho, para siempre, a percibir el 30% del salario que en cada momento perciba el Primer Ministro, con más un pasaje a Europa (clase business) por año; y un subsidio mensual adicional para sufragar sus gastos de vivienda, equivalente a cinco mil dólares estadounidenses.

 

A su vez, los demás miembros del gabinete nacional congolés tendrán en adelante derecho a percibir, también de por vida, el 30% del salario de los miembros del gabinete en cada momento y mil dólares mensuales para sufragar sus gastos de vivienda. A lo que suman, asimismo, el derecho de recibir, ellos también, un pasaje (clase business) por año, para poder viajar al exterior. Increíble, pero real. Es así.

 

Ante esto, cabe preguntarse si los ex funcionarios públicos quedan, al dejar de pertenecer al gobierno, con alguna suerte de inhabilidad que los afecte de por vida.

 

Y la respuesta no es necesariamente fácil. Porque, como personas, pasan a ser de pronto definidas como “sensibles políticamente”, categoría caprichosa e indefinida. Y quedan sujetas, quieran o no, a una serie de obligaciones de información y certificación respecto de las entidades financieras con las que operan, que son pesadas, incómodas y a veces hasta relativamente complejas.

 

Cuando no excesivamente caras, cada vez que ellas suponen tener que pedir a contadores públicos certificados y opiniones de distinta índole en materia de ingresos u otros y presentarlos a las entidades financieras, con alguna frecuencia hasta muchos años después de haber dejado, sin problemas de ninguna índole, la función pública.

 

No obstante, las “jubilaciones de privilegio” y los esquemas similares, al menos en mi entender, no se justifican, en modo alguno.

 

Y, respecto de las exigencias especiales para los ex funcionarios públicos por parte de las entidades financieras, el criterio debería ser siempre el de la razonabilidad. Y el tiempo transcurrido debería tomarse naturalmente en cuenta, particularmente si nadie nunca ha alzado la voz con acusaciones de algún peso o seriedad respecto del desempeño de las funciones de quien, luego de ejercer correctamente sus responsabilidades públicas, pasa a ser simplemente un ex funcionario público.

 

La presunción no puede obviamente ser la de la ilegalidad de las conductas de todos quienes pasaron alguna vez por la función pública, sino todo lo contrario. La presunción de inocencia debe ser también aquí criteriosamente respetada. No avasallada o dejado de lado creando injustas restricciones o incomodidades a quienes no las merecen.

 

 

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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