EL DIARIO

Viernes, 14 de Diciembre del 2018

La Unión Europea se impone sobre Gran Bretaña en a pulseada por el “Brexit”

Por Emilio Cárdenas, el 4 diciembre, 2018

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En junio de 2016 los británicos cometieron un error monumental cuyo costo efectivo sólo se conocerá en el futuro. Ese día votaron retirarse de la Unión Europea. Pero está claro que la decisión resultará cara. Los términos del divorcio acaban de ser acordados y presumiblemente no sufrirán modificaciones esenciales. El 29 de marzo de 2019 Gran Bretaña estará previsiblemente afuera de la Unión Europea.

 

La negociación ha sido dura y los europeos, no sin buenas razones, no han sido nada condescendientes con los británicos. En una investigación reciente tres periodistas del diario “Le Mond” (Mathilde Damgé, Maxime Vaudano y Jérémie Baruch) acaban de hacer una primera evaluación. Se concentraron sobre los siguientes seis temas esenciales:

 

  • El problema de la inmigración y la libertad de circulación de personas.

 

El temor a la ola inmigratoria proveniente del Norte de África y Medio Oriente fue, probablemente, la razón más importante para el “Brexit”. Los británicos no querían renunciar a controlar selectivamente a quienes pretenden ingresar a su país para permanecer en él. Esto, inter alia, afectaba la posibilidad de los europeos de residir en Gran Bretaña. La solución ha sido la de permitir a Gran Bretaña que restrinja la inmigración, pero no en base al origen de los inmigrantes, sino teniendo en cuenta sus competencias laborales. En más, los europeos serán tratados como cualquier otro inmigrante, pero aquellos europeos que ya estén en Gran Bretaña, así como los británicos que ya residan en los otros países de la Unión Europea mantendrán inalterados todos los derechos de los que gozaban, los adquiridos, entonces.

 

  • El costo de pertenecer a la Unión Europea.

 

Los británicos sostenían que los 10.000 millones de euros que aportaban anualmente a la Unión Europea eran excesivos y preferían “redirigirlos” en función de sus propias urgencias domésticas, como el sistema de salud. El acuerdo los obliga a seguir contribuyendo hasta fines del 2020 y a pagar 45.000 millones de euros, como costo de su “desenganche”.

 

  • El futuro de Londres como plaza financiera.

 

Los británicos apuntaban a mantener los privilegios de Londres como plaza financiera. Tendrán en más el mismo trato que las instituciones financieras de muchos otros países, por el momento sin lograr condiciones individuales favorables.

 

  • El acceso al mercado europeo y la frontera de Irlanda.

 

Los británicos pretendían liberarse de restricciones y poder exportar a la Unión Europea sin dificultades. El tema se difirió hasta el 1º de julio del 2020. Por esto, se le aplicarán hasta entonces las reglas europeas, sin que ellos puedan participar en su elaboración. Por el momento las ataduras que deseaban romper seguirán vigentes. Las cuestiones vinculadas con la frontera irlandesa fueron también diferidas y deberán continuar negociándose.

 

  • La pesca.

 

Los británicos pretendían el monopolio de la pesca en las aguas que les corresponden conforme al derecho internacional. Ese derecho es hoy compartido con los demás países de la Unión Europea. La negociación sobre este tema continuará hasta julio del 2020 y los buques europeos podrán –mientras tanto- continuar pescando en las aguas británicas.

 

  • El derecho europeo.

 

Los británicos pretendían liberarse de las normas europeas y de la jurisdicción de la Corte Europea de Justicia. Sólo podrán hacerlo luego del período de transición, esto es a fines del 2020. Con una sola excepción que dispone que los diferendos que no tengan nada que ver con la ley europea serán decididos por un panel arbitral.

 

A modo de síntesis, por el momento al menos, los británicos parecen no haber alcanzado esencialmente ninguna de sus pretensiones. En cambio, han sido obligados a mantener sus vinculaciones comerciales por un período de transición que se extiende hasta el año 2021. El progreso ha sido tan lento, como dificultoso. Y, como cabía esperar, el portazo británico generó la antipatía ostensible de sus desairados interlocutores del continente europeo.

 

 

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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