EL DIARIO

Lunes, 15 de Octubre del 2018

A Nicolás Maduro no le gusta que lo llamen “Burro”

Por Emilio Cárdenas, el 28 septiembre, 2018

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El particular aspecto exterior de Nicolás Maduro está lejos de generar envidia alguna. Por una parte, es absolutamente lo opuesto a la elegancia. Por la otra, no transmite dignidad. Es el de una persona ruda, de poco entendimiento. El de un adefesio. No obstante, al ex colectivero venezolano no le gustan nada los comentarios adversos referidos a su persona o imagen. Y ante ellos reacciona con violencia. Como si fuera un Dios, respecto del cual no se admite crítica alguna. De ningún tipo.

 

Lo antedicho ha quedado comprobado desde que el miércoles pasado envió al calabozo a dos humildes bomberos, Ricardo Prieto y Carlos Varón, en la ciudad de Mérida, por presunta “instigación al odio agravado”. Esto ocurrió porque en las redes sociales circuló un video en el que los nombrados aparecen arriando un burro con una correa, en la propia estación de bomberos. Posteriormente, en una de sus interminables y altisonantes conferencias de prensa, cuando un periodista osó preguntarle por el incidente, Nicolás Maduro reaccionó airado y visiblemente enojado.

 

Curiosamente, en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, entre las acepciones de la palabra “burro” aparece, créase o no, “hombre rudo y de poco entendimiento” y “hombre bruto e incivil”, además de la del animal solípedo.

 

Convengamos que los bomberos encarcelados no son los únicos que tienen la opinión referida respecto del pintoresco, pero burdo, dictador venezolano.

 

Mostrando desde hace un tiempo una obvia tendencia hacia la obesidad, Nicolás Maduro parece haber engordado en exceso. Eso generalmente proviene de comer demasiado. Por esto no es nada extraño que Maduro aproveche los viajes al exterior para comer opíparamente en restaurantes de lujo, generando los naturales comentarios socarrones del caso.

 

El último “banquete” presidencial tiene que ver con su paso reciente por Estambul, al regresar de un viaje pedigüeño a China.

 

A Nicolás Maduro –es evidente- no le gustan los viajes largos y hace, entonces, paradas intermedias “de descanso”. Que aprovecha para tratarse “a cuerpo de rey”, a costa del Tesoro venezolano.

 

Hace muy pocos días concurrió a un costosísimo restaurante de Estambul conocido como “Salt Bae”, uno de los que pertenecen a la cadena del chef turco Nusret Gökce. Lo hizo en compañía de su esposa, a quien obviamente también le gusta comer bien. Hablamos de la ambiciosa Cilia Flores.

 

Cada plato en el restaurante mencionado sale una fortuna. A Nicolás Maduro no le importa, por dos razones. Sintiéndose importante, cree que tiene una suerte de “derecho natural” a comer en lugares de lujo. Donde cada bife se vende por cien dólares. Además, es evidente que él no paga jamás la cuenta, sino que ésta recae sobre el sufrido pueblo venezolano en el que hoy, gracias a la conocida ineptitud de Nicolás Maduro para gobernar, una cuarta parte de la población efectivamente pasa hambre. Por esto la reacción airada de muchos ante la muestra de insensibilidad de Nicolás Maduro.

 

El restaurante visitado se especializa en servir carne vacuna y Nicolás Maduro comió allí uno de sus afamados bifes, luego de lo cual fumó un cigarro de una caja de también costosos habanos, que llevaba el nombre del presidente en una placa especial y le fuera entregada. Un trato nobiliario, por cierto.

 

Nicolás Maduro es incorregible y se siente todopoderoso. Por esto no lo afecta la indignación de cientos de miles de sus connacionales. Curiosamente, Maduro dijo también a los periodistas: “Hasta me senté en la silla de un verdadero sultán”. Lo que deja entender que él se siente un “sultán venezolano”, pero sabe que ciertamente no es “auténtico”. Pese a todo, no le importa que por el precio de un plato de los que engulló en Salt Bae, en su país se puedan pagar unas 50 quimioterapias.

 

El episodio descripto acaeció al tiempo en que el ex canciller uruguayo, hoy Secretario General de la OEA, Luis Almagro, pidió a su propio espacio político el “Frente Amplio del Uruguay”, hoy liderado por el Partido Comunista de ese país, que no defienda a la dictadura venezolana, agregando: “No sean ridículos. No sean imbéciles”. Clarito.

 

Al hacerlo, Almagro puso el dedo en la principal llaga que afecta a Venezuela, destacando que el país caribeño está hoy absolutamente controlado por el gobierno de Cuba, que hasta se ha adueñado de la administración local, en lo que Luis Almagro califica como “una agresión directa a la soberanía de otro país”. Y es así. Cuba ordeña a Venezuela.

 

En Venezuela –que ha provocado un verdadero holocausto latinoamericano- se muere un niño por día por desnutrición infantil. Luis Almagro tiene razón, entonces, en sus comentarios.

 

Uruguay no integra el llamado “Grupo de Lima” de nuestra región, que busca una solución pacífica a la profunda crisis venezolana. En lugar de ello, apoya abiertamente a la dictadura de Nicolás Maduro en una conducta inédita para un país que siempre ha sido tenido como defensor de la libertad y de la democracia. Razón por la cual, lo del Frente Amplio seguramente avergüenza a muchos orientales. Pero, no nos engañemos, Nicolás Maduro es, como hubieran dicho nuestros abuelos, un “zurriburri”, esto es realmente un personaje “de muy poca monta”.

 

 

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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