EL DIARIO

Domingo, 23 de Setiembre del 2018

Preocupación por los resultados de la próxima elección en Suecia

Por Emilio Cárdenas, el 7 septiembre, 2018

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La democracia social sueca ha sido, por décadas, envidiada por muchos a lo largo y ancho del mundo. Estable, solidaria, abierta y justa como pocas, la nación sueca devino el sueño esperanzado de muchos migrantes que escapan a la persecución política, a la miseria, a la inestabilidad y a los resentimientos. Tan es así que para el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ese país es “una auténtica fuente de inspiración”. Donald Trump, no obstante, lo acaba de describir como “un ejemplo de los peligros de la inmigración”.

 

Ocurre que la ola de inmigrantes que cayó sobre Europa en el 2015 ha hecho crecer, también en Suecia, al populismo y los extremismos. El partido de los “Demócratas Suecos” es hoy una expresión de la preocupación de muchos por la defensa de su propia identidad. Esa agrupación política, a estar a las encuestas de opinión más recientes, podría recibir, el próximo domingo, nada menos que el 20% del total de votos. Ese partido tiene, en su interior, señales no sólo de populismo sino de un cierto racismo, que aparecen en su discurso púbico. Esto último es sorprendente desde que es cierto que, vista desde el exterior, la nación Sueca ha sido tenida, por buenas razones, como un superpoder en lo que a la moral pública tiene que ver.

 

Tradicionalmente Suecia dio siempre la bienvenida a los inmigrantes. Hoy, sin embargo, una quinta parte del electorado sueco pareciera estar preocupado por la defensa de su propia identidad cultural. Como ha sucedido ya en otros países del Viejo Continente, esa preocupación tiene hoy expresión política en el partido antes nombrado, el de los “Demócratas Suecos”. Ocurre que muchos creen que la presión migratoria alta a la que hoy su país está expuesto podría de pronto diluir una identidad de la que los suecos están legítimamente orgullosos.

 

Los partidos políticos suecos tradicionales parecerían estar perdiendo votos a manos de la izquierda, de los ambientalistas y de la derecha reaccionaria, de perfil anti-inmigratorio.

 

En el 2015 Suecia aceptó recibir a unos 163.000 inmigrantes. Para un país de unos 10 millones de habitantes, esa cifra es significativa. La ola migratoria ha derivado en mayores controles en la frontera. Este año se estima que hasta ahora, unos 23.000 inmigrantes han llegado legalmente a Suecia. Por ello, pese a una economía floreciente y a una tasa baja de desempleo, la resistencia local a la inmigración ha crecido.

 

También puede haber influido la necesidad de aumentar los esfuerzos por integrar a los recién llegados a la sociedad sueca. Se calcula que ese proceso de integración, en promedio, consume unos 7 años. Y no es barato, ciertamente. Requiere dedicación, esfuerzo y asignación de recursos adecuados.

 

Lo cierto es que hoy hasta los social-demócratas suecos en su campaña electoral privilegian un aumento de la vigilancia policial ante la serie de incidentes violentos que últimamente ha protagonizado una parte de la juventud sueca, así como el aumento de la rigurosidad con la que se trata a quienes ingresan al país desde el exterior.

 

La conmoción intelectual que el tema de la inmigración parece haber generado en Suecia se expresa, entre otras maneras, en la que luce como una fuerte caída de la popularidad del partido Social-Demócrata. Esta fuerza política que en las últimas décadas ha sido, casi sin excepciones, la más importante de Suecia, obtuvo a mediados de la década de los 90, el 45% de los votos. Hay quienes piensan que en la próxima elección no les será fácil obtener el 25% de los sufragios.

 

Esta situación presumiblemente hará más difícil la formación de gobiernos de coalición en un país dividido, donde la tradicional moderación política parece haber disminuido y, en contrapartida, los extremismos crecido.

 

Parece imposible imaginar que en Suecia pueda existir un número importante de votantes con algunas ideas extremistas, pero las encuestas, como hemos visto, sugieren que el próximo domingo los extremismos podrían evidenciar un crecimiento nunca visto en los últimos tiempos en el mundo de la política sueca.

 

El populismo tiene bancas en el Parlamento sueco desde el 2010. En el 2014 obtuvo casi el 13% de los sufragios y ahora hay quienes anticipan que podría eventualmente hasta transformarse en la segunda fuerza política sueca.

 

Muchos en Suecia se abrazan a un conocido mensaje tradicional. Aquel que se sintetiza quizás en aquello de “mantengamos a Suecia sueca”. Es decir, defendamos su identidad.

 

Lo que está en juego no es poco. Es la idea de considerar a Suecia como una suerte de “familia amplia” a la que todos contribuyen y en la que todos se preocupan por los demás.

 

Uno podría pensar que quienes llegan a Suecia aceptan ese concepto. Pero desgraciadamente no siempre es así y los llegados desde el exterior abrazan y tienden a mantener su propio estilo de vida y sus propios principios, que no necesariamente coinciden con los de la mayoría de los suecos.

 

Por esto, el esfuerzo por integrar a los recién llegados es clave. Si no se hace, las tensiones sociales crecen. Y si fracasa, debe reexaminarse en busca de una eficacia mínima a la que siempre debe apuntarse.

 

Como en otros rincones de Europa, la presencia de los inmigrantes provenientes de Medio Oriente y África es cada vez más visible en los suburbios de los centros urbanos más importantes del país. Y los cambios que ello proyecta sobre la sociedad toda son también evidentes. De allí la necesidad de redoblar los esfuerzos de integración.

 

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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