EL DIARIO

Martes, 21 de Agosto del 2018

Las Tensiones Domésticas Aumentan en Irán

Por Emilio Cárdenas, el 12 julio, 2018

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La lucha sorda entre los reformistas, liderados por el actual presidente de Irán, Hassan Rouhani, y los clérigos conservadores se está incrementando. Mientras tanto, la asediada economía iraní se complica y deteriora rápidamente.

 

Además, el horizonte iraní de corto plazo no permite alimentar demasiado optimismo, desde que el presidente norteamericano Donald Trump, mientras exige que Irán abandone su programa misilístico de largo alcance y deje de tratar de ganar influencia en su propia región, anuncia que las sanciones a ese país aumentarán significativamente a fines de este año, poniendo a la teocracia iraní frente a nuevas situaciones límites. Porque se procura imposibilitar que Irán pueda vender o comprar dólares, oro, carbón, acero, automóviles y procurar divisas extranjeras. Con las medidas antedichas se intenta maniatar a Irán y obligarlo a modificar no sólo su armamentismo, sino su agresiva política exterior.

 

A lo que se suma la circunstancia de que la rivalidad regional y religiosa entre Arabia Saudita e Irán parece estar creciendo, lo que ciertamente no tranquiliza a la comunidad internacional, con la posible excepción del gobierno de los Estados Unidos, que quizás no lamentaría demasiado un cambio de régimen que transforme a Irán en un país normal, por oposición a uno autodefinido como una extraña “teocracia”, conducido severamente por los cerrados clérigos del “shiismo”.

 

En los últimos días, las calles de las principales ciudades de Irán parecen haberse vaciado y repentinamente entristecido. Hasta los clásicos bazares han bajado sus cortinas en señal de preocupación y como consecuencia de las presiones de la juventud fundamentalista iraní, que parece estar obsesionada en tratar de derribar al gobierno reformista actual.

 

La crisis económica genera, como es habitual, malestar colectivo y –a la vez- el temor de que la Guardia Revolucionaria, que responde a los clérigos duros, de pronto se apodere del país una inquietud grave, que también está creciendo. Tan es así que, como sucede en las crisis de magnitud, la gente –manifiestamente intranquila- se desprende del dinero en efectivo y se refugia en el oro, las joyas, los metales preciosos, y en la propiedad inmueble.

 

El verdadero “dueño actual” de Irán, su Jefe Supremo, el Ayatollah Khamenei, no parece estar demasiado apurado en tratar de derrocar o cercar al reformismo. Pero su complacencia con los clérigos duros sugiere que la caída de Hassan Rouhani no le causaría un disgusto de proporciones. Para nada.

 

La sensación prevaleciente es, entonces, la de que se acerca una tormenta que, de pronto, podría resultar inevitable. No obstante, lo que pueda suceder como consecuencia de ella, por imprevisible, impide anticipar hacia dónde las tensiones podrían finalmente conducir a un país que pareciera estar parado sobre un verdadero tembladeral. Lo más preocupante es que en esa situación no es imposible pensar en que alguno trate de aprovechar lo que luce cada vez más como un dramático vacío de poder, en su propio beneficio, con consecuencias imprevisibles.

 

 

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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