EL DIARIO

Martes, 20 de Febrero del 2018

El Presidente Iraní abre el diálogo después de las protestas

Por Emilio Cárdenas, el 16 enero, 2018

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Muchos en Irán todavía están estremecidos por los seis días de violentas protestas -protagonizadas esencialmente por su juventud- que estallaron a fines del año pasado y continuaron a comienzos de 2018. Ocurrieron en más de 80 ciudades iraníes, todo a lo largo y ancho del país.

La búsqueda de razones o explicaciones para lo sucedido continúa. Los clérigos conservadores que se han adueñado del país, al que controlan férreamente, predican lo de siempre: las revueltas fueron estimuladas por los EEUU, Israel y Arabia Saudita. Aunque saben bien que ello no ha sido así. Los líderes reformistas, a través del presidente Hassan Rouhani, son en cambio bastante más sinceros. Para ellos es imposible seguir dictando desde la cima del poder como debe ser el estilo de vida iraní. Hasta en sus más pequeños detalles. Lo que no es nuevo, pero cansa y hasta harta.

Recuerdo, sobre esto que, en el venerado “Libro Verde” del ayatollah Ruhollah Khomeini, el fallecido fundador de la teocracia iraní, aparece todo un extraño capítulo dedicado –créase o no- a “la forma de defecar”, inmiscuyéndose así descaradamente en la mayor intimidad de todos los iraníes. Y esto es, obviamente, lo que genera repulsión -y hasta el disgusto- de muchos, especialmente entre los iraníes más jóvenes.

Las palabras del presidente Rouhani son en esto claras: “Uno no puede imponer forzadamente su propio estilo de vida a las generaciones futuras”. Es así. Para él, la gente salió a las calles “en busca de una vida mejor”. También parece ser efectivamente así. Como actitud, es comprensible, por lo demás.

Pero lo cierto es que su gobierno bloqueó el uso de las redes sociales tan pronto advirtió que a través de ellas se convocaba a las protestas. Como si con la imposición del silencio se pudiera de pronto matar las ideas. Por esto la actitud dialoguista de Rouhani no convence a una sociedad en la que las autoridades, cuando no les gusta lo que oyen, simplemente se niegan a seguir conversando, en lo que delata una evidente ausencia de buena fe. Infantil, por lo demás, desde que recuerda aquello tan popular entre nosotros de que “la pelota es mía y no quiero seguir jugando, me voy”.

No obstante la posición del presidente iraní, lo cierto es que la activa plataforma cibernética iraní denominada: “Telegram” -a través de la que unos 40 millones de iraníes navegan constantemente las redes sociales- se bloqueó “temporariamente”. Y no precisamente por obra de la casualidad. Varios días seguidos.

En su realmente audaz alocución sobre la situación interna de su país, el presidente Hassan Rouhani agregó: “No tenemos funcionarios infalibles y cualquier autoridad puede ser objeto de críticas”. También él, se sobrentiende. Otra señal de su preocupación por la disconformidad general con la acción del gobierno, más que evidente.

En paralelo, sin embargo, las autoridades iraníes acaban de prohibir la enseñanza de inglés en las escuelas primarias. Con el objetivo declarado de fortalecer la enseñanza del milenario idioma persa. La medida adoptada incluye tanto a las escuelas públicas como a las privadas. Y se define como de carácter “defensivo” contra la pretendida “invasión cultural” que supone enseñar o aprender el idioma inglés.

Falta que se diga que “el saber ocupa lugar” y que hay que “reservar el espacio” para el idioma persa. Los esfuerzos por disimular el evidente miedo a la libertad se disfrazan invocando la necesidad de “edificar una identidad nacional y religiosa independiente y “digna”. Lo que supone que las demás no lo son. “Debemos cultivar a nuestra juventud de modo que pueda seguir una vía independiente en el campo de la política, en el de la economía y en el de la cultura”, según Rouhani.

Y el inglés pareciera molestar. Porque, precisamente, es un camino fértil para informarse sobre lo que piensan los demás. Lo que para los ayatollahs supone el riesgo de tomar contacto con las ideas del resto del mundo, que prefieren no correr.

Increíble, pero esto sucede en Irán mientras los misiles vuelan en sus cielos propulsados por tecnología que aparentemente les llega desde Corea del Norte y Europa del Este, esto es desde otros rincones del mundo en los que por cierto el idioma y la cultura persa son ya dos grandes desconocidos.

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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