EL DIARIO

Domingo, 24 de Setiembre del 2017

El Papa Francisco y las corrientes migratorias

Por Emilio Cárdenas, el 28 agosto, 2017

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Al regresar de sus vacaciones estivales, el Papa Francisco emitió una declaración referida a las corrientes migratorias que, como cabía esperar, generó de inmediato comentarios adversos en los medios europeos. Incluyendo el del ex colaborador de Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Fillon, Pierre Lellouche, que vio la luz desde las columnas de Le Figaro.

 

Desafortunadamente para el Papa, sus reflexiones en materia migratoria coincidieron con el día en que finalmente el último de los asesinos de Barcelona fue muerto por la policía catalana. Por esa razón, la difusión del documento coincidió con las preguntas que se hicieron muchas familias catalanas acerca de cómo pueden algunos jóvenes inmigrantes procedentes de Marruecos matar a sangre fría y con la más absoluta cobardía a decenas de civiles inocentes pertenecientes al país que los recibiera. Con el interrogante adicional que supone salir a matar alimentado nada menos que, presuntamente, por razones religiosas.

 

Furioso con las reflexiones del Papa Francisco, Pierre Lellouche sugiere que el pontífice trata de dar una lección a Europa toda. Inoportuna y equivocada. Esto, al pedir que se emitan visas humanitarias para todos los migrantes que quieran ingresar a Europa, sean ellos refugiados políticos o no, sin excepciones. En función de lo que el Papa denomina: “principio de la moralidad de la persona humana”, que –en su visión- presuntamente prevalece sobre las cuestiones de seguridad nacional.

 

Un Lellouche realmente furioso califica a la visión del Papa como devastadora, partiendo de la base que la seguridad de los ciudadanos y el control de las fronteras son deberes irrenunciables que corresponden a los Estados.

 

Para Lellouche, los Estados tienen obligación de tener en cuenta las consecuencias sociales, económicas y de seguridad vinculadas con la inmigración, lo que supone controlarla y no dejarla en un limbo que cualquiera pueda atravesar fácilmente.

 

Europa siente la presión de los muchos africanos que –por buenas razones- quieren emigrar. El año pasado solamente recibió a 1,5 millones de inmigrantes procedentes del norte de África y el flujo pareciera estar en constante aumento. Francia, concretamente, recibe unos 200.000 inmigrantes legales por año, que deben sumarse a los 100.000 inmigrantes clandestinos que llegan en el mismo período. La enorme mayoría de ellos son musulmanes, en momentos en los que, lamentablemente, el Islam sufre las convulsiones provocadas por sus agrupaciones violentas, para las que la conquista del mundo es un objetivo inmediato impuesto por su fe, respecto del cual asesinar a los “impíos” es, para ellos, una alternativa válida.

 

Por eso, razones elementales de prudencia aconsejan ser cautelosos cuando de recibir flujos masivos de inmigrantes norafricanos se trata. Porque si bien no puede naturalmente identificarse al Islam con la violencia, Europa ha vivido en los últimos tiempos toda una serie terrible de atentados criminales que pertenecen al capítulo del terrorismo, circunstancia grave que no pueden ignorarse.

 

No es lo mismo un refugiado político que un migrante económico, ni mucho menos que un terrorista islámico. Por todo, esto el mensaje papal, alejado de las cuestiones de dogma, ha provocado reacciones adversas, como era ciertamente de esperar.

 

 

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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