EL DIARIO

Domingo, 20 de Agosto del 2017

“Combatiendo al Capital”

Por El Diario, el 1 agosto, 2017

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En el mes de mayo pasado, el presidente Mauricio Macri, con muy buen criterio, hizo una importante visita oficial a China en busca de generar allí inversiones de ese origen. En ese periplo cenó con el presidente chino y suscribió distintos acuerdos por unos 17.000 millones de dólares. De estos últimos y del éxito de las respectivas inversiones y proyectos se esperaba la creación de nuevas “fuentes de trabajo” para los argentinos. La generación de empleo, entonces. Para un pueblo y para su gobierno, esto es una tan obvia como verdadera prioridad.

Pero no todos los argentinos  acompañan al presidente en ese objetivo. Algunos, como veremos, no.  Esto es lo que, desgraciadamente, acaba de quedar a la vista con motivo de un lamentable incidente sufrido recientemente por el presidente de Sinopec, Sr. Chengyu Fu, en la provincia de Santa Cruz.

Hablamos de una importante empresa global china, de propiedad estatal. Del segundo productor de crudo en toda China y del primer refinador de toda Asia, con actividades intensas en el rubro de la energía y en el de la petroquímica.

Esa empresa tiene una subsidiaria que opera en la Argentina, con la que compró, en su momento los activos que tenía en nuestro país la empresa norteamericana “Oxy”.

Algunos de ellos están emplazados en la provincia de Santa Cruz, aquella que tiene, lejos, el peor “clima de inversión” de todo el país. Y contiene una “elite” gremial paralizante y realmente facciosa. Esto es consecuencia directa del grave desastre provocado en la provincia, inevitablemente, por décadas de la patológica “administración” de la familia Kirchner, que la convirtieron en lo que es hoy: una suerte de anárquico y peligroso caos.

En ese peculiar y difícil “ambiente” empresario trata de trabajar Sinopec. Acostumbrada al orden y a la seriedad empresaria que se impone normalmente desde el Estado chino. Todo lo contrario al insólito y hasta mafioso “clima” de negocios santacruceño.

El Sr. Chengyu Fu visitaba por vez primera el yacimiento “El Huemul” que opera Sinopec y está emplazado en el norte de la provincia de Santa Cruz (créase o no, la mitad más “ordenada”, menos anárquica, de la provincia sureña).

De pronto, el presidente Fu comprobó que, aunque quería, no podía salir de la oficina que circunstancialmente visitaba. Porque se lo impidió ostensiblemente, por la fuerza, un “piquete” de presuntos trabajadores locales. Que, en rigor, lo secuestró por un rato. Cometiendo a cara descubierta un evidente delito.

Probablemente se trató de un “pequeño grupo de matones”, acostumbrados a las amenazas y a la violencia cotidiana. Como estilo de vida. Que son hoy actores centrales de ese desagradable y en extremo peligroso, pero dilatado, drama provincial.

Como consecuencia de lo cual, el presidente Fu, claramente contrariado y hasta asombrado por la audacia de los patoteros y la gigantesca anarquía local, anunció la “suspensión inmediata” de sus inversiones en Santa Cruz.

Unos 4.000 trabajadores allí empleados están ahora en una suerte de “limbo”, sin un futuro claro. Ellos y sus familias flotan en la incertidumbre. Que es precisamente lo que pretendían sus “colegas abnegados trabajadores”, los que encerraron inesperadamente al Sr. Fu en lo que creía era su propia oficina, para intimidarlo de pique. A la manera de los mafiosos. Brutalmente.

Sinopec está visiblemente cansada o, más bien, harta del “ambiente” laboral argentino y por ello, quizás entre otras razones, ha ya abandonado sus tareas petroleras en la provincia vecina de Chubut. Ahora ofrece a terceros sus yacimientos en la de Santa Cruz. Y previsiblemente se alejará de nuestro país. Por su estilo, con poco ruido. Pero es una posibilidad cierta.

Con el fuerte y obvio impacto adverso que ello tendrá en otras inversiones chinas en nuestro medio, como las que apuntaban a construir dos enormes represas hidroeléctricas en la propia provincia de Santa Cruz. Sería devastador, aunque quizás merecido. Todas las empresas de algún país que trabajan u operan en el exterior están obviamente en contacto con las de su mismo origen que las acompañan donde todas se encuentran.

Santa Cruz toda -repito, toda- es un gigantesco caos laboral, inconmensurable. Peligroso y, además, carísimo. Poco conocido como realidad que nos define.

Sinopec, que había desembolsado ya 120 millones en tareas exploratorias en lo que va del año, no invertirá los 180 millones de dólares adicionales que se requieren para completarlas. Esa cifra está ahora congelada, con posible destino a ser cancelada.

Ocurre que es imposible operar en un ambiente que “ex profeso” se define como de “conflicto permanente”, lo que es un negocio rentable para unos pocos que viven sin trabajar y un suicidio para quienes creían tener un futuro laboral interesante que ahora se les evapora de repente, así como para quienes, desde China, apostaron a poder trabajar en la Argentina.

Sin un mínimo de tranquilidad no hay futuro. Nunca.Sólo un infierno transformado en constante. Y los chinos no trabajan en ese escenario, según ha quedado claro.

Para meditar y recordar cuando de salir del andarivel del suicidio económico se trata. Porque el viaje del presidente a China ha quedado salvajemente lastimado por la horrible realidad de lo sucedido al presidente de Sinopec en Santa Cruz. Sería bueno saber quiénes fueron los que personalmente transformaron el viaje presidencial en una frustración más. Para que asuman sus responsabilidades, lo que en la Argentina, como todos sabemos, no sucede casi nunca.

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

 

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