EL DIARIO

Domingo, 20 de Agosto del 2017

Mal de muchos…

Por Emilio Cárdenas, el 30 julio, 2017

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

            Todavía con mi espíritu absolutamente molesto, como argentino, por el resultado (no demasiado inesperado) del voto en nuestra Cámara Baja con el que se impidió obtener la mayoría necesaria para poder expulsar del cuerpo al diputado Julio De Vido, nada menos que por corrupto, lo que supone votar a cara descubierta a favor de ese mal extendido en la política argentina, me referiré al caso de un insólito legislador de Kenya, que de pronto podría también estar en nuestro propio futuro, atento las cosas que desgraciadamente vemos que ocurren.

            Se trata de Mike Sonko, un populista y sonoro senador keniano, de perfil personal claramente desafiante, como el del todavía tiene el diputado nacional Julio De Vido. Sonko ahora aspira a ganar las elecciones locales y transformarse en gobernador de Nairobi, la capital de su país, en la que no hace mucho obtuviera más de 800.000 votos a su favor cuando la última elección de legisladores.

            Sonko es arrogante. Tiene sólo 42 años. Hace esperar a todos, por costumbre. Suele llegar hasta algunas horas más tarde que la acordada. Por lo que, sin embargo, jamás pide disculpas.

Tiene el pelo teñido de amarillo rabioso, lo que contrastando fuertemente con su piel negra llama enormemente la atención, que es exactamente lo que Sonko pretende. Como en su momento lo hiciera el ex presidente Carlos Menem, con sus inusuales patillas, antes de llegar a la presidencia de nuestro país. Esto es una forma poco elegante, pero efectiva, de hacer conocer una imagen. A través del asombro.

Cuando Sonko está en público, uno duda si está presente o si se ha extraviado en alguna nube, porque a veces luce haciendo esfuerzos importantes para no dormirse.

            Populista en extremo, tiene un buen número de seguidores. Ocurre que Sonko promete dádivas si cesar, como si para ello no hubiera límite alguno, ni siquiera el impuesto por la necesidad de tener al menos un mínimo de seriedad en las propuestas que se formulan. Esto no es, cabe señalar, tampoco demasiado extraño en nuestro propio universo político.

            Adopta un “look” casi de “gangster”. Con cadenas y tachas incluidas. Y ataviado con remeras curiosamente “adornadas” con una calavera en el centro de su pecho con las que se presenta hasta en las ceremonias oficiales a las que asiste impertérrito. Rodeado siempre por un ejército de guardaespaldas, con armas largas.

Tiene una fortuna personal construida, según algunos, en el mar de corrupción del transporte público y en el preocupante universo del narcotráfico. Ha estado preso. Alguna vez se fugó de la cárcel, para enseguida ser vuelto a atrapar y regresado a su calabozo.

            Sonko es un experto en el clientelismo. Tiene fama de cumplidor de sus promesas políticas. En el 2010 estuvo, sin embargo, incluido en una fea lista de personas vinculadas al narcotráfico, que circulaba profusamente desde la embajada norteamericana en Kenya.

            Para muchos, su destino (o pretensión) final es la de llegar a la presidencia de Kenya, aventura que parece haber ya comenzado, con los primeros pasos transitados desde el ridículo. Pero lo cierto es que todos, en su país, saben quién es Mike Sonko. Y, peor aún, que muchos ya apuestan, pese a todo, a su favor.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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