EL DIARIO

Sabado, 18 de Noviembre del 2017

Brasil: ¿Una nueva generación política. o más de lo mismo?

Por El Diario, el 10 julio, 2017

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En una nota reciente publicada en el “Financial Times”, Joe Leahi y Andrés Schipani, describen lo que llaman una “nueva” generación de políticos que estaría asomándose al poder en el convulsionado Brasil. Para ello comienzan aludiendo a Shéridan Estérfany Oliveira de Anchieta. Según ellos, un exponente típico de la “nueva” política brasileña. Tengo mis dudas, como se verá a continuación.

 

Doña Shéridan, con sólo 33 años de edad, fue ya primera dama en su estado, Roraima, en el Amazonas brasileño. Tiene una hija de 16 años y acaba de consagrarse diputada nacional en las elecciones que tuvieron lugar en el 2014. Pertenece –políticamente- a la “social-democracia” brasileña. Milita entonces en el PSDB. Para los analistas, es una “cabecita negra”, por oposición a los políticos de “pelo blanco”.

 

El PSDB es probablemente todavía uno de los tres partidos más importantes de la coalición de gobierno del propio presidente Michel Temer. Shéridan, enojada por las últimas acusaciones de corrupción formuladas contra el presidente Temer, exige ahora que su partido abandone al gobierno. Pese a ello, los políticos tradicionales del PSDB se resisten a ese pedido.

 

Es cierto, Brasil atraviesa una profunda crisis de naturaleza ética, desde que el país está inundado, a todos los niveles, de corrupción. Desde la explosión del escándalo que afecta a Petrobras, la dramática ola de corrupción no ha cesado de crecer. Tan es así, que los últimos 5 presidentes han sido –todos- acusados formalmente de corrupción. Todo un record mundial. Lo mismo sucede con un tercio del gabinete ministerial del presidente Temer. Así como con la cuarta parte del Senado y con un número importante de legisladores de la Cámara Baja. La corrupción brasileña aparece en todas partes. Es endémica, entonces. El presidente de una empresa frigorífica brasileña acaba de admitir que repartió pagos ilegales a nada menos que 1.839 políticos, pertenecientes a todos los rincones del espectro ideológico brasileño.

 

El PSDB, en el que milita la mencionada diputada, Shéridan, es el que está todavía ideológicamente liderado por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso y por el senador Aésio Neves, que ha acusado también de ser corrupto.

 

El presidente Temer, pese a las acusaciones, se resiste a renunciar. Considera que tiene una “responsabilidad histórica”, que es la de reformar la paralizante legislación laboral brasileña y reformular el hipergeneroso sistema jubilatorio. Hasta que no alcance ese objetivo, se “resistirá” a las acusaciones que se acumulan en su contra.

 

Algunos dicen que hay una rebelión juvenil en el PSDB que está en sus primeros pasos y puede terminar desmoronando al gobierno del presidente Temer. Entre los jóvenes disconformes, Shéridan no está sola. Ocurre que 10 de los 46 diputados del PSDB tienen menos de 40 años de edad, y que 4 de ellos tienen menos de 20 años, lo que supone prácticamente “experiencia cero”. Nada. Sólo voluntad. El PSDB no está solo en su perfil juvenil, pero no se trata de “novatos” en el mundo de la política. Veintitrés de los ochenta y cinco diputados que pertenecen a la Cámara Baja y tienen menos de 30 años, forman parte de las familias tradicionales del mundo de la política brasileña. De la llamada “clase política”. No vienen de afuera y en la mayor parte de los casos su principal mérito pareciera estar íntimamente vinculado con el peso específico del apellido que llevan.

 

Como si lo antedicho fuera poco, volviendo a Doña Shéridan, la reciente gestión de su esposo como gobernador de Roraima ha derivado en una serie de acusaciones vinculadas con la corrupción. Entre ellas, la de haber gastado una pequeña fortuna, pagada por el Estado, mandando a buscar con el avión del Estado (un Learjet) a un famoso músico que reside en Río de Janeiro para que pudiera actuar en el cumpleaños de Doña Shéridan. ¡Qué menos! sostiene la joven política brasileña. Sus ínfulas no son nuevas, pertenecen a la “vieja” política brasileña que evidentemente ha permeado también a algunos de los políticos “nuevos” a los que se agrupa entre los “cabecitas negras”, por falta de canas.

 

La historia se refiere a políticos jóvenes, pero la conclusión, al menos en este caso, es que las caras y los físicos pueden ser y parecer nuevos, pero que la moral de los “nuevos” tiene ataduras que –por desgracia- la vinculan ostensiblemente con “lo viejo” y feo de la política brasileña.

 

 

 

(*) Ex Representante de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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