EL DIARIO

Domingo, 24 de Setiembre del 2017

Un Asesinato Venezolano a plena vista de todos

Por Emilio Cárdenas, el 27 junio, 2017

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Tenía 22 años. Se llamaba David José Vallenilla. Está muerto. Por protestar contra la tiranía de Nicolás Maduro. El joven murió a la vista de todos, frente a las cámaras de la televisión que filmaron de cerca el feroz asesinato. A mansalva. Y con una cobardía sin par, que mancha indeleblemente a las fuerzas armadas y de seguridad venezolanas. Y que naturalmente genera las gravísimas e incuestionables responsabilidades consiguientes para las autoridades civiles y militares venezolanas -por acción u omisión- a quienes cabe imputar el terrible asesinato acaecido.

Lo he visto por TV. Muchas veces, porque mis ojos no podían creer el nivel de la brutalidad del crimen. Un asesinato con un escopetazo que fuera disparado prácticamente a quemarropa. Por un uniformado, él mismo protegido con toda suerte de blindajes y escudos personales, que le quitó la vida a un joven, disparándole al pecho desde apenas un par de metros. Murió en el hospital, de los tres balazos que atravesaron su pecho. Una verdadera pesadilla. Pero eso y no otra cosa es lo que supone tener a Nicolás Maduro en la presidencia de Venezuela: muerte para quienes disienten con él.

No es la primera muerte de un hombre joven. Hace pocos días, en la misma semana, también se asesinó ante las propias cámaras de televisión a Fabián Urbina, de tan sólo 17 años. Un menor de edad que marchaba cansinamente, a pie, en una autopista. Lo asesinaron apuntando a la columna humana en la que caminaba. Muertes reiteradas, queda visto. En rigor, casi ochenta muertos, en los últimos dos meses.

David José Vallenilla

David José Vallenilla

Las protestas populares son continuas desde que Nicolás Maduro intentara despojar de sus facultades a la Asamblea Nacional, ampliamente controlada por la oposición desde el año 2015. Pese a su precipitada marcha atrás, las protestas continuaron y se incrementaron.

Paradójicamente, el padre de David José Vallenilla alguna vez trabajó para los bolivarianos. Hoy sabe, por drama propio, que fue un serio error. Se trata de un gobierno que no es democrático. De un régimen autoritario, que da asco y que se ha quitado ya el antifaz. Que mata para sobrevivir. Por miedo y conveniencia, a la vez. Que avergüenza entonces a toda la región, por monstruoso. El que encabeza Nicolás Maduro. Aquel que asesina -hasta ahora impunemente- rodeado por los alguna vez orgullosos y hoy devaluados uniformes militares venezolanos, lo que la historia jamás olvidará.

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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