EL DIARIO

Domingo, 30 de Abril del 2017

Venezuela en el abismo

Por Emilio Cárdenas, el 11 abril, 2017

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

Venezuela es un infierno. Horrible. En apenas un mes, ha sido testigo de cinco monumentales protestas callejeras en las que el pueblo reclama poder elegir en las urnas el gobierno que desea. Esto es, liberarse de la tiranía de Nicolás Maduro. Tiene sed de democracia, entonces. Y procura remover a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia, todos sumisos a Nicolás Maduro, que intentaron sin éxito, hace pocos días despojar a la Asamblea Nacional de sus facultades, lo que conforma un crimen contra la propia Patria, de enorme magnitud. Recordemos que ese tribunal, el más alto del país, está presidido por un ex convicto, que conoce las cárceles venezolanas porque fue condenado a prisión por sus magistrados.

En la airada protesta del lunes pasado solamente, quedaron unas 200 personas heridas. La dureza de la represión de un régimen que sabe que puede bien estar viviendo sus últimos tiempos, es enorme. Cobarde, además. Y extendida, desde que las protestas ocurren simultáneamente en distintos estados del país.

Desde el Parlamento, dominado por la oposición, se señala que está a la vista “el rostro más triste, vergonzoso, cruel y vil de la dictadura y la represión”. Que no vacila siquiera en atacar irresponsablemente a los hospitales de Caracas con gases lacrimógenos, sembrando la asfixia entre los enfermos.

La sensación de incendio descontrolado está creciendo. Rápidamente. Y hay un solo responsable aparente de ello: la mafia bolivariana, que ha convertido a Venezuela en un gigantesco narco-estado. Ella es la que ha instalado una administración que, liderada descaradamente por Nicolás Maduro, hoy se dedica a reprimir salvajemente a su propio pueblo. Constantemente.

Lo que está ocurriendo no puede durar, ni adquirir una situación de permanencia. Por eso la sensación de estar frente a un auténtico “fin de ciclo” crece, dentro y fuera de Venezuela. Pero el momento es ciertamente gravísimo. La región toda asiste impotente al cobarde martirio de un pueblo que sueña con poder recuperar sus libertades y que ciertamente no quiere en modo alguno terminar siendo como Cuba.

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

 

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