EL DIARIO

Domingo, 30 de Abril del 2017

Nicolás Maduro decide dar “marcha atrás”

Por Emilio Cárdenas, el 2 abril, 2017

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Emilio Cárdenas

Emilio Cárdenas

La gravísima crisis provocada por Nicolás Maduro por su torpe intento de dejar sin facultades a la Asamblea Nacional de Venezuela, que está controlada por la oposición, parece haber quedado resuelta. Por el momento, al menos. Porque la cierto es que el gobierno de Nicolás Maduro sigue violando abiertamente la Constitución al no permitir que su pueblo se exprese a través de las urnas, como manda la Carta Magna. Para que la enorme derrota que ciertamente no podría evitar se materialice.

Ocurre que el propio Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, a pedido de Nicolás Maduro, evidentemente asustado por la reacción adversa de la comunidad internacional a su “auto-golpe”, emitió velozmente dos nuevas sentencias presuntamente “aclaratorias”, que en rigor son “modificatorias”, que conformaron una muy apresurada “marcha atrás”, en procura de corregir el bárbaro y enorme atropello constitucional que suponía haberse atrevido a dejar a la Asamblea Nacional sin facultades y, peor, haberlas asumido expresamente el propio máximo tribunal del grotesco Poder Judicial venezolano, como si ello fuera posible.

Lo sucedido evidencia, más allá de toda duda, que el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela está absolutamente sometido a las órdenes de Nicolás Maduro desde que, a su sólo pedido, rectifica -pronta y solícitamente- sus maniobras ilegales y deja atrás sus gruesos e inconstitucionales errores. Hace lo que le ordenan. Sin pedir siquiera disculpas por su torpeza y sin que sus miembros renuncien indeclinablemente, como corresponde, ante la increíble tropelía de la que claramente ellos han sido responsables directos.

La independencia de la justicia venezolana simplemente no existe. Está sometida no a su Constitución, sino a los deseos de un tirano: Nicolás Maduro. Y todo está nítidamente a la vista de todos.

En efecto, el Tribunal Supremo de Justicia venezolano acaba de dar vuelta sus dos desvergonzadas decisiones previas, dejando sin efecto sus barbaridades más notorias. Esto es, la supresión de las inmunidades parlamentarias y la asignación de facultades extraordinarias a Nicolás Maduro “para evitar un estado de conmoción en el país”, del que obviamente ellos mismos fueron los autores y protagonistas centrales. Increíble, pero la capacidad de asombro que generan las decisiones Nicolás Maduro y sus más que evidentes cómplices judicial no tiene límites.

Como si ello fuera poco, se dejó sin efecto también la asunción de las competencias legislativas que había decidido el Tribunal a favor de si mismo y, anulando esa horrible decisión, se dijo ahora que en más “garantizará que las competencias parlamentarias (las mismas que el Tribunal pocas horas antes intentara birlar descaradamente, provocando una crisis de proporciones) sean ejercidas por la Asamblea Nacional para velar por el Estado de Derecho”.

De ese modo intenta reconstruir el orden constitucional que el propio tribunal había subvertido. Sin advertir que simplemente no hay democracia sin justicia independiente. Esto supone alinearse tardíamente con la postura estratégica de la Fiscal General de la República que, ante la tormenta, abrió el paraguas. Opinando que con la lamentable decisión del alto tribunal venezolano ahora dejada sin efecto “se había roto el orden constitucional”. Obvio.

Que el órgano superior de la “justicia” venezolana reconozca que ello es cierto y que sus miembros no renuncien en masa, es otra muestra de su funcionalidad respecto de Nicolás Maduro y su lamentable dependencia del régimen bolivariano.

El gobierno de Maduro, esta vez curiosamente por boca de su vice-presidente, el cuestionado por sus presuntas vinculaciones con el narcotráfico, Tareck El Aissami, “explicó” a su pueblo que la corrección de lo sucedido era necesaria para “mantener la estabilidad institucional y el equilibrio de poderes”. Lo toma por zonzo, es evidente.

Es obvio que el régimen dictatorial que encabeza Nicolás Maduro, pese a su apresurada huída del horrendo desastre por el mismo provocado, sale muy debilitado de la crisis por el mismo provocada. Quizás Nicolás Maduro advierta ahora, de una vez, que no está por encima de la ley y que él no es el Estado venezolano, sino apenas un mandatario más de un pueblo al que ha hecho sufrir privaciones indecibles y castigado tanto que ya no cree para nada en él, ni en sus ideas o propuestas. Y tenga en cuenta que las encuestas sugieren, desde hace un largo rato ya, más del 80% de su gente está harta de él.

Pero, cuidado, los tiranos, nos según nos enseña la historia, no renuncian, ni se van. Ni se creen responsables de equivocación alguna. Ni tienen la serenidad que supone poder reconocer sus errores, especialmente cuando ellos, en su conjunto, han sumido a su pueblo en la miseria y hasta en la desesperanza por falta de futuro.

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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