EL DIARIO

Sabado, 24 de Junio del 2017

Elecciones Francesas y la Cuestión del Proteccionismo Agrícola

Por Emilio Cárdenas, el 29 marzo, 2017

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Hasta no hace mucho, la constante presión del agro francés a través de sus agresivas organizaciones sectoriales impulsaba muy fuertemente al proteccionismo agrícola de la Unión Europea, que tanto daño infringiera a la agricultura del Río de la Plata, limitando severamente su acceso a los mercados y generando irresponsables excedentes que deterioraron por largo rato los niveles de los precios internacionales.

Pero las cosas han cambiado. Hoy está bastante claro que la principal preocupación que genera en los europeos la producción agropecuaria del Viejo Continente es su capacidad de dañar el medio ambiente. Por ello, la simpatía general que en su momento existiera por tratar de mantener el nivel de vida y la visión “cultural” del agro francés ha disminuido mucho.

Pero lo cierto es que, en los 50, los empleos del sector agropecuario francés representaban el 31% del mercado de trabajo. Casi un tercio del total. Por ello, su innegable gravitación política. Hoy ellos sólo suman un 3,3% de ese total. Un cambio estructural notorio, con el consiguiente e inevitable impacto político: el de la pérdida de influencia.

Por esto en la intensa campaña política que está en curso con miras a la próxima elección presidencial francesa, el agro no es ya una prioridad convocante. Ni una cuestión a defender a toda costa. Los candidatos, en rigor, casi ni hablan del tema. No está ya en los titulares de la sociedad. Aunque, en su conjunto, los votantes del agro francés conforman todavía algo así como el 8% del total de los electores galos.

Los candidatos, con la sola excepción del decepcionante candidato del centro, Francois Fillon, no tienen vinculación directa con el mundo agrícola. Ninguna. Tocan de oído. Improvisan. Y no se conmueven por las dificultades financieras del agro francés, ni por su cada vez más limitada capacidad de inversión. Sólo tienen, en todo caso, preocupaciones ambientales, como hemos dicho. Poco más que eso.

De allí que sus tenores ya no entonen el proteccionismo, como antes. Lo han dejado prácticamente de lado. Está casi fuera de sus radares. Por razones de costo, como cabía esperar, desde que era realmente una cuestión de tiempo.

Para el Río de la Plata esto es una buena noticia. El cinismo y la hipocresía sobre los que se edificara el proteccionismo agrícola europeo forman parte de una historia triste que, desde la aparición en el escenario político de Nicolás Sarkozy, parece haber perdido prioridad en los debates políticos de la sociedad francesa. Era hora. Y es un alivio.

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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