EL DIARIO

Sabado, 24 de Junio del 2017

Primeras Señales de Reactivación de la Economía Brasileña

Por Emilio Cárdenas, el 22 marzo, 2017

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Brasil ha vivido empantanado en distintas crisis a lo largo de los dos últimos años. Una crisis política, que ha derivado en la falta de confianza de los ciudadanos en sus dirigentes; una crisis moral, exteriorizada por la profunda ola de corrupción que cubre a Brasil; y, finalmente, una crisis económica, que ha mantenido a Brasil en recesión, de menos 3,8% del PBI en el 2015 y de menos 3,6% del PBI en el 2016. Este año las cosas habían mejorado un poco, desde que en lo que va del 2017 se ha venido proyectando un crecimiento, aunque de apenas el 0,5% del PBI.

 

Para la República Argentina y el Uruguay esto ha sido penoso desde que ambas economías dependen, en buena medida, de una tracción del nivel nacional de actividad económica provocado por un vecino con una economía no sólo más grande, sino muy diversificada.

 

Por esto, que el presidente del Banco Central brasileño, Ilan Goldfajn, haya anunciado que el nivel de actividad económica de su país está creciendo, a punto tal que la entidad que dirige proyecta un crecimiento del 3% del PBI para el último trimestre del 2017, es indiscutiblemente una buena noticia.

 

Desde que el funcionario aludido, que alguna vez condujera al Banco Itaú, se incorporara al gobierno de Michel Temer, la inflación de Brasil ha caído espectacularmente. En junio del año pasado, era del 9% anual. En febrero de este año ha sido del 4,73% anual, el nivel más bajo de los últimos 7 años. La recesión, sin embargo, continúa, pero ahora la tendencia es hacia una moderada suba del nivel de actividad.

 

Si las reformas estructurales del presidente Temer consiguen estabilizar la economía de Brasil y reducir el déficit fiscal, las proyecciones optimistas antes aludidas lucen posibles. Pese a la absoluta impopularidad del actual gobierno brasileño. Como primera señal, cabe destacar que las calificadoras de riesgo han comenzado ya a mejorar la calificación que corresponde a la deuda soberana de Brasil.

 

Con lo antedicho hay un tímido renacer del optimismo rioplatense, que ahora mira esperanzado a un fin de año caracterizado por una mejoría económica a la que también Argentina contribuiría a sostener desde que proyecta, para los dos últimos semestres, un crecimiento de su propio nivel de actividad del orden del 4%. Todo un cambio positivo ha comenzado a flotar en el ambiente.

 

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

 

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