EL DIARIO

Viernes, 18 de Enero del 2019

Abril Sosa en Uruguay

Por Emilio Pérez Miguel, el 22 septiembre, 2013

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El fin de semana pasado tuvo lugar en Buenos Aires la última presentación de “El Piloto Ciego”, el primer disco solista editado por Abril Sosa, quien se integrara como baterista a Catupecu Machu en plena adolescencia, y luego fundara la banda “Cuentos Borgeanos”. Asimismo, se conmemoró un mes de su pasaje por nuestro país (presentándose en Paullier & Guaná). Es el momento ideal para revisitar la carrera de este músico con quien tuve el placer de conversar personalmente en la Ciudad Vieja, el día antes de su presentación en Montevideo.

abril sosa 1Parecen familia.
Es lo primero que pienso cuando veo llegar a Abril y al guitarrista Diego López Santana a través del pasillo del Hotel AK Design. Y va más allá de las semejanzas estéticas que guardan; la consanguinidad queda de manifiesto durante la larga charla que mantenemos.
Es como si lo mejor de cada uno fuera parte integral del otro, como si cada instante de vida valioso que han compartido se colara en cada palabra y ademán, no solo sobre las tablas sino en cualquier entorno donde se pudieran hallar. Cuando uno comienza una frase, el otro siempre puede terminarla. No hay anécdota a la que no se remitan en igual medida, ni preocupación que le resulte ajena a ambos.

Abril (cuyo nombre verdadero es “Miguel”) se unió a Catupecu Machu cuando tenía solo catorce años, sustituyendo a Marcelo Baraj. Grabó los discos que la crítica especializada considera las obras consagratorias del grupo: “Dale!” (álbum debut independiente, editado en 1997), y “Cuentos Decapitados” (publicado en el año 2000 por EMI-Odeón)
También participó en el disco en vivo “A Morir!!!”, experiencia que Abril hoy recuerda como un paso en falso. Y es entonces que trae a colación un concepto que unificaría toda nuestra charla: la importancia de hacer las cosas. Por algo se hacen, y ese algo puede adquirir corporeidad mucho después. Y ahí radica el aprendizaje inherente a todo oficio.

Un porcentaje de las canciones más recordadas de la banda a nivel regional se encontraban en “Cuentos Decapitados”, incluyendo este tema que fue una coronación absoluta para el trío:

Sin embargo, debido a diferencias creativas con el resto del grupo, Abril decidió dejar vacante su posición de baterista en Catupecu Machu. Su gran proyecto pasó a ser Cuentos Borgeanos, banda con la cual Abril lució sus dotes de guitarrista y cantante por primera vez. Cuentos Borgeanos tiene cuatro discos editados a la fecha, y ha tenido la distinción de compartir el escenario con artistas como 30 Seconds To Mars y The Police.

El sentimiento de hermandad que percibí entre ellos dos queda explicitado cuando Diego menciona que ensayan desde los diecinueve años; esto era un emprendimiento paralelo a Catupecu Machu, algo que surgió como divertimento y que se cristalizó en el proyecto de sus vidas, ratificando esa creencia de que “lo más breve suele ser lo más longevo”. Y han compartido la clase de instancias que para cualquier amante de la música son definitorias, como el concierto de Pearl Jam en el Estadio de Ferrocarril Oeste en 2005, durante la primera gira latinoamericana de la banda.

“Cuentos Borgeanos” es la obra de alguien con una experiencia de vida más cabal, y con una visión del mundo que ha rozado muchas más aristas; es palpable que sus estadías en países como Austria y los Estados Unidos y su propia paternidad han tenido una injerencia mayúscula sobre el músico bonaerense.

Abril me explica que ésta es su segunda visita en lo que va del año a nuestra ciudad. Había tocado en El Tartamudo el treinta de mayo, presentando este mismo álbum solista. Abril tomó la decisión de fungir su propia carrera junto con su manager Adrián Sosa. Y al hacerlo, también estableció una discográfica independiente: Wilkommen Records. Me señala que si bien la subsistencia es difícil, no es imposible. Siempre hay personas que se acercan a comprar alguno de los discos al final de cada concierto. Y que sea difícil pareciera ser uno de los principales alicientes para Abril. Si bien se lo nota muy compuesto en su manera de comunicarse, hay algo en su forma de ser que pareciera gritar a voz en cuello lo mucho que disfruta que el trayecto se vuelva escarpado a veces.

Cuentos Borgeanos

“El Piloto Ciego” es una entidad compleja, es una sintesisación  de diferentes formas artísticas, por el simple hecho de que para Abril la música y la literatura son inexpugnables. “El Piloto Ciego” no es meramente un disco – es también un sitio web, una bitácora donde plasma su creación literaria. Él mismo explica que la música y la literatura son la quintaesencia de su alma, y que la concreción de su obra quedaría trunca si le faltara cualquiera.

Había algo que me llamaba poderosamente la atención, y que no tardé en preguntarle aquel día. En una entrevista reciente, resaltó que las letras del disco las había terminado en el estudio, precisamente antes de grabar. Lo que me resultó bastante peculiar, dado el grado de complejidad de los textos, y los desdoblamientos entre afinidad/antagonismo de las imágenes empleadas. Abril me aclara que las letras tienen mucha premeditación. “Las letras no son espontáneas, son tardías”, subraya, con una sonrisa incontable por lo natural, y por lo súbita.
Su música tiene mucho de eso, ahora que lo pienso – una espontaneidad que fluye de modo un tanto extraño, como si lo real fuera fantasioso, y lo quimérico posible. La gran mayoría de sus canciones me hacen pensar en esa frase del genial Mario Levrero, “hay algo en la realidad que cuando se presenta como irreal fascina”. Ya sea el “buscarme para no encontrar” de “Verdad Oculta”, el “perverso placer” de hundirse en el silencio ajeno de “Nuestro”, o el bien que nos puede acarrear aferrarnos a tempestades desoladoras (descrito en “Comenzar”), la música solista de Abril Sosa es como una peregrinación hacia el corazón mismo de los ideales. Pero siempre – siempre – cobijando la esperanza de que al alcanzarlos no perderán ni un ápice de ese encanto que tornó mag(níf)ica la marcha al dar el primer paso.

A la fecha, Abril y Diego se encuentran grabando un nuevo disco con Cuentos Borgeanos – el quinto de su carrera. La banda había experimentado una crisis que redundó en su disolución en 2010, y (como toda buena crisis) terminó consolidando los vínculos existentes. La producción recaerá en Adrián Sosa, y tanto Abril como Diego se notan energizados, y coinciden que es el disco que siempre anhelaron grabar como banda.

Catupecu Machu tenía un grado de aceptación espléndido. A la formación original siempre se la recuerda como un grupo que tenía resonancia con el público más amplio; habría que buscar qué otras bandas en la vecina orilla han tenido una acogida tan buena por todas las tribus urbanas.

La charla con Abril y Diego fue una de las más particulares que he mantenido. Frecuentemente, no había distingos. A menudo, no había periodistas ni entrevistados, solo gente disfrutando el hecho de compartir aquello que la inspira y alienta a brindar lo mejor de sí. Fue una charla larga, colmada de digresiones, oscilando entre anécdotas, observaciones y la clase de bromas que son parte del imaginario de la música contemporánea. Y a veces, parecía que me estaban haciendo ellos una nota a mí.
Poca parte de la conversación se podría reproducir textualmente porque el foco fue muy personal. Lo que sí se puede plasmar (y es mi intención) es el enorme don de gentes de ambos músicos. Su interés por este país en que se encontraban, por el arte local en general, por las diversas vías existentes para que los más jóvenes puedan dar a conocer su trabajo, y conseguir (sino el reconocimiento) al menos el respeto que se merece todo creador. Haberlos podido conocer fue una experiencia edificante – toda la gente que ama lo que hace te transmite siquiera parte de ese acervo en persona.
Y eso es lo que me queda al final de la jornada, ese es el resultado de esa charla donde por momentos me pude hasta sentir parte de esa unidad increíble que tienen gracias a su honestidad y apertura: son dos personas que aman lo que hacen.

Y pienso en las palabras de Facundo Cabral durante el trayecto a casa, es imposible no pensar en ellas, son como un oleaje luminoso que repite inefablemente esa verdad que uno quisiera poder hacer propia por siempre: quienes aman lo que hacen, están indefectiblemente condenados al éxito.

abril sosa uruguay

Agradecimientos:
Martín Laco (por facilitar el contacto con Abril, Diego y su equipo)
Hotel AK Design

Galería de fotos de Abril Sosa en Paullier & Guaná (Fotógrafo: Guillermo Rodríguez)

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