EL DIARIO

Martes, 23 de Abril del 2019

Diego Presa (Vocalista del Buceo Invisible) Se Presenta Como Solista en La Lupa Libros

Por Emilio Pérez Miguel, el 21 julio, 2013

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El jueves dos de mayo tuve la satisfacción de asistir a la presentación solista de Diego Presa en La Lupa Libros. Mantuve una interesante charla con el vocalista del colectivo artístico conocido como Buceo Invisible, y luego presencié una perfomance de su primer disco solista. A continuación, comparto con ustedes mis impresiones de lo que fue aquella velada que tengo presente con suma claridad hasta el día de hoy.

 

Un compendio de metáforas sobre el anhelo y sus repercusiones conforme pasa el tiempo, este disco homónimo marca el primer trabajo en solitario de Diego Presa.

Once temas es lo que necesita el vocalista del Buceo Invisible para narrar los incidentes que derivarían en muchas de sus compulsas más representativas, en esas dicotomías encofradas en todo artista.
Con un sonido más temperado que el del Buceo Invisible, el disco incluye letras con un claro elemento patológico, y así es como debe ser – cualquier mirada honesta en la vida de un creador revelará eso, nos mostrará un nido de obsesiones, de salidas vedadas y de accesos impíos.
Sueños y realidad se buscan como queriendo eludirse en “Hoy Soñé Con Lee Miller” y “Mandolina”. El tedio que sucede a la admiración por lo inalcanzable (y que se recrudece frente a realidades exangües) es el denominador de “Ibiza” y “En Un Futuro”, y escuchar “La “Linterna Mágica” y “Cuento de Verano” equivale a darse de frente con la angustia soterrada en toda pasión auténtica. Y la clase de amor que enciende la ventura pero que puede terminar quemando hasta la luz misma motiva temas como “Un Ciego Que Ve” y “Fin”.

Pero el planteo en sí del álbum es apto, y Diego nos transmite un concepto muy cierto: no se puede (y no se debe) ser una persona del todo sana en un mundo que está esencialmente enfermo.
Lo más interesante del disco es que es muy distinto a su trabajo con el Buceo Invisible. No es el típico álbum que se podría esperar de alguien que ha estado al frente de una banda por más de quince años.
Claro, el Buceo Invisible es un colectivo. No es “su” banda de ningún modo. Pero su condición de cantante convierte a Diego en la figura más reconocible de una agrupación conformada por artistas de amplísimo espectro.
Y su presentación en La Lupa Libros el jueves dos de mayo me permitió comprender el verdadero grado de autonomía de cada uno de estos proyectos.

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Diego Presa se encuentra desde muy temprano aquel día en el local de La Lupa Libros, en la peatonal Bacacay. Le había avisado que acudiría un buen rato antes, para tener la posibilidad de charlar con él sobre su proyecto solista, y la conexión con la banda a la que está vinculado desde hace más de 15 años.

La conversación empieza con timidez de ambos lados. El hielo se rompe cuando menciono lo mucho que disfruté la presentación de la banda el año pasado en el Teatro AGADU, junto a Fer Henry y a Diego Rebella. Le resalto la genialidad del juego de luces en “La Vida Pasa Lejos” (el primer tema de la noche) porque eso es lo que me pareció: una genialidad. Cómo con recursos tan básicos (luces de neón supeditadas a la percusión) lograron que al público se le hiciera imposible abstraerse de ese teatro durante los tres minutos que duró el tema.
Hablamos sobre la discografía de la banda, le pregunto por el primer disco que editaron (“Música Para Niños Tristes”). Recientemente me enteré de su existencia, creía que solo tenían dos.
Me cuenta que se desempeña como profesor de música en el interior del país.
Dice siempre las palabras justas. Al final de la conversación, me quedo con la imagen de alguien muy humilde, que no le gusta ser el foco de atención (por algo la tapa del disco presenta un esfumado de su imagen), y que tiene muchísimo para decir. Pero solo está dispuesto a hacerlo cuando se encuentra rodeado de personas que son plenamente sincrónicas.

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Esa noche, Diego comparte con todos nosotros unos cuarenta minutos de música. Lo secunda un compañero del colectivo, el guitarrista Guillermo Wood. Diego reproduce buena parte del álbum, y ejecuta las composiciones en el mismo orden que aparecen en el disco. Acompaña a Wood con otra guitarra, y a menudo se incorpora, situándose detrás de su silla.
Cuando lo hace – cuando se pone de pie y se mece al compás de la guitarra de Guillermo – Diego Presa tiene mucho del Darno, uno de los autores cuya pulsión el Buceo Invisible apunta a mantener viva. Porque es innegable que el colectivo busca reivindicar la sensibilidad poética que singularizó a autores como Cabrera y Darnauchans, esa melancolía que cruje como un piso de madera bajo el peso de verdades no dichas pero patentes.

También hay sitio ese jueves para un tema imperecedero dentro del cancionero americano: “Mr. Boojangles”. Como señala Diego, es una canción que (a esta altura) ha hospedado a artistas de los géneros más dispares. Y aprovecha para efectuar una enumeración que empieza por Bob Dylan.
Y termina por Robbie Williams, para hilaridad de todos.

Tres temas del Buceo Invisible dijeron presente ese jueves, y fueron recibidos con júbilo por el público, en especial “Una Mujer Que Sueña Con Pájaros” (del último disco de la banda, “Disfraces Para el Frío”).

Considero importante llamar la atención a un tema de un compañero del colectivo que falleció recientemente, y que Diego optó por compartir aquel jueves. Al hacerlo, todo un cúmulo de emociones se desprendió de su voz. Cuando finalizó la rendición, subrayó el hecho de que es una obra que permanece por completo inédita. Le dice a la concurrencia que sería un trabajo realmente interesante para publicar, y luego se lo repite a Wood. Se quedan observando durante un par de segundos, como si estuvieran leyendo presagios en sus miradas…

Una versión coreada por todos de “Tu Voz Es Silencio” obró como despedida. Si bien la canción está conformada por tan solo cuatro versos, se extendió por lo que pareció una eternidad sin sonar reiterativa. Y fue el cierre ideal para una noche en la cual quedó de manifiesto que incluso las historias personalísimas tienen un encanto generalizado si la referencia es fidedigna.

Tuve la suerte de poder disfrutar de este disco en un contexto tan íntimo como el de ésta librería montevideana. Fue una verdadera función privada. Pero el álbum de por sí está dotado de una tibieza que se percibe en cualquier ámbito.
Aquellos que ya conozcan la obra del Buceo Invisible y no se sientan del todo atraída por ella (me inscribo en esa categoría) se verán gratamente sorprendidos. Y quienes ya la escuchan complacidos, lograrán añadirle una nueva dimensión a su experiencia como oyentes.
Es casi como lograr atisbar una realidad más allá de lo que parecía un horizonte definitivo. Y ese conocimiento habilita  a cualquiera a escuchar los discos de la banda con una nueva curiosidad – la suficiente para entender cómo los sueños individuales pueden volverse colectivos, sin sacrificar en absoluto esa fragilidad que los torna tan valiosos e indispensables para quien los lleva como una inspiración sagrada en su corazón.

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