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Ejercicio de la autoridad y desgobierno

Por (pmieres@eldiario.com.uy) | Viernes, 5 de julio del 2013

Los últimos episodios ponen en evidencia un profundo desorden en la conducción de algunas de las áreas más relevantes de nuestro acontecer nacional. Tanto en el campo de la educación como en el de la salud han quedado en evidencia graves dificultades en la capacidad de mando para hacer funcionar en forma adecuada los correspondientes servicios.

Las denuncias presentadas por el Senador Solari en el llamado a Comisión General al Ministerio de Salud Pública han puesto de manifiesto un grave estado de desorden en la administración y gestión de los servicio de salud del Estado. Estas denuncias indican fallas muy relevantes en la conducción de algunos de los centros de salud que están bajo la dependencia de ASSE que han permitido que se produzcan episodios totalmente reñidos con un mínimo de capacidad de mando o ejercicio de la autoridad.

Algo parecido está ocurriendo con la educación. Hoy nos enteramos que el Presidente del Consejo de Enseñanza Secundaria se fue de viaje en pleno conflicto, con huelga y ocupaciones en los liceos con un grado de virulencia inédita en la historia reciente. No importa, el jerarca máximo de la estructura de enseñanza media no está disponible durante los momentos más complicados de los últimos años.

Sin embargo, el problema mayor es que la forma en que desde el gobierno se busca resolver los temas, en vez de generar certezas y claridad en la línea de conducción, se aumenta la inestabilidad y la incertidumbre.

Por ejemplo, cuando desde fuentes de Presidencia se informa a los medios de la remoción del jerarca de Secundaria por su ausencia inexcusable, nadie ni en el CODICEN, ni en el MEC se había enterado de la decisión gubernamental. Es más, transcurridas más de veinticuatro horas de la noticia, todavía nadie sabe bien si el Prof. Tinetto será o no relevado de su cargo.

Por otra parte, hay que recordar que cuando se sustituyó al Ministro de Salud Pública anterior, Jorge Venegas por haber ocupado el cargo sin estar habilitado legalmente para ello, el anuncio del nombre de su sustituta lo realizó el Partido Comunista desde su sede central en lugar del anuncio gubernamental correspondiente. Es más, todos los uruguayos nos enteramos, atónitos, que el Presidente ni siquiera conocía a la futura ministra.

Pasó algo parecido con la sustitución del Ministro de Turismo y Deporte, Héctor Lescano, relevado de su cargo repentinamente, generando tales malestares que, pocas horas después se le ofreció el cargo de Embajador en Estados Unidos, que tampoco estaba previsto.

La Ministra de Vivienda, Graciela Muslera, también fue “renunciada” en forma inapropiada. Se enteró por la prensa de su cese y peor fue cuando escuchó las justificaciones que algunos jerarcas del gobierno para explicar su renuncia.

El ejercicio del gobierno requiere de previsibilidad, coherencia y claridad en las líneas de decisión. La tarea gubernamental implica que los funcionarios y jerarcas tengan claro cuáles son sus competencias y tareas a desarrollar, cuáles son sus límites, quiénes son los que tienen a su cargo la toma de decisiones y ante quien hay que rendir cuentas de lo actuado. También deben sentir que el sistema de toma de decisiones mantiene una lógica jerárquica adecuada y correcta, lo que permite generar las condiciones básicas de seguridad y certeza para el ejercicio de los cargos.

Sin embargo, durante este período de gobierno se han afectado sustantivamente las notas características del ejercicio del poder. Nadie sabe bien dónde está parado y nadie tiene claro qué decisiones se tomarán. No hay criterios, ni líneas de mando en los procesos de decisión.

La lógica instalada supone el zigzagueo y la imprevisibilidad como criterios rectores, lo que lleva necesariamente a generar un sentimiento de caos angustiante que termina afectando la propia gestión pública. La sensación de anarquía se adueña de la escena y el ejercicio del gobierno queda convertido en una incertidumbre que es, justamente, la contracara de lo que debe ser el ejercicio de la autoridad.

“Como te digo una cosa, te digo la otra” pasa a ser una máxima implícita que, más allá de lo jocoso, trae consigo un componente de improvisación y de inestabilidad que afecta al conjunto del aparato de gobierno.

Nadie reclama autoritarismo, pero gobernar implica necesariamente ejercer la autoridad. Y el buen ejercicio de la autoridad implica necesariamente la fijación de reglas de juego claras, estables y coherentes que permiten a los jerarcas conocer con claridad no sólo las orientaciones de políticas, sino también las formas de actuación que deben regir la gestión pública y los límites existentes.

Ejercer la autoridad debidamente es lo contrario de “andar a los barquinazos”. La autoridad se consolida y legitima porque no es arbitraria, ni imprevisible. La autoridad se afirma cuando se ejerce en el marco de las reglas de juego y sus decisiones están justificadas en la preexistencia de esos criterios.

Lamentablemente, este gobierno se ha ido deshilachando en su conducción. La coherencia y la estabilidad en el ejercicio del poder deben ponerse en práctica desde la cúspide gubernamental y servir de referencia y ejemplo para los sucesivos niveles de gobierno. Sin embargo, nada de ello ocurre en el actual estado de cosas; por el contrario, el caos va ganando terreno en forma cada vez más visible, afectando la gestión pública en los diferentes campos de nuestra vida social.

El problema de fondo es que en estas condiciones aumenta el desperdicio de esfuerzos y recursos con su cuota creciente de ineficiencia y pérdida de tiempo.


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