EL DIARIO

Martes, 18 de Junio del 2019

“Rey” de Van Velthoven

Por Emilio Pérez Miguel, el 28 marzo, 2013

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Hay discos en el mundo. Pero también hay mundos en los discos. Y un artista cuya obra quiere perfilarse como un recordatorio inequívoco de esta verdad es Van Velthoven. En su primer álbum, busca sintetizar diversas influencias del pop y del rock de las últimas décadas.
El resultado no siempre es el deseado – a veces, la mezcla de referentes no hace más que socavar el concepto mismo del disco, y ciertas canciones terminan cayendo con indiferencia, como arena que se escurre sin llegar a marcar tiempo alguno.
Pero en otras oportunidades, los detalles que importan han sido atendidos con paciencia de orfebre. Y el resultado es prometedor. Da visos de un artista que un día sabrá acertar su camino, y convertir su música en un instante continuo para lograr combatir esos silencios e injusticias que percibe como erróneos en este mundo que a todos nos ha tocado en suerte.

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Lucio Van Velthoven nació en Cerro Largo en 1979. Proviene de una familia de músicos, y decidió comenzar su carrera solista cuando tenía 29 años, luego de haber integrado bandas como Angel K.O, Cuñapirú y Antares. “Rey” es su primer disco. Editado de forma independiente en noviembre de 2012, fue producido por Max Capote, y masterizado en Abbey Road y Vivace Music.

Dos videos fueron presentados a modo de adelanto: “El Juego de la Muerte” y “¿A Dónde Irás?”
“El Juego de la Muerte” cuenta con la participación de Jazzy Mel, el rapero uruguayo que gozó de una popularidad masiva en la década del ochenta, y que luego pasó a desempeñarse como productor musical en Argentina. Y en “¿A Dónde Irás?”, Martín Sarthou contribuyó un “rap periodístico”.
Recuerdo la condescendencia en las redes sociales cuando el comunicado de prensa se hizo público, y se anunció dicha participación.
¿Martín Sarthou?
¿Invitado en una canción?
¿Es joda?
¿Estamos todos locos?

Fue algo rayano en la virulencia, y me hizo pensar en una frase demasiado cierta que justo acababa de leer, “cuánta discriminación en un mundo de imperfectos”.

Para esa clase de gente, dicha colaboración era un claro paso en falso… hasta que uno les recuerda esa tradición del rock & roll que inició Elvis Presley de incitar la burla, y (una vez que tenía la atención de todos) reciprocar esa burla desplegando todos sus talentos. Es una postura válida. Lo fue antes, lo será siempre. Cuanto más cambia la sociedad, más igual sigue siendo en algunos aspectos.

Me guío por el principio de escribir  solo sobre músicos que he conocido personalmente. El artista y su arte no siempre se condicen. Y es menester tener una visión lo más cabal posible de quién es quién, para no incurrir en valoraciones erróneas. Cuando uno escribe sobre un disco, hay que procurar no relativizarlo, y tampoco trivializarlo. Se está escribiendo sobre sueños y esperanzas, sobre deseos que a menudo velan y revelan el discurrir de una vida entera.

Por eso, cuando Van Velthoven me preguntó a través de Facebook si me interesaba escribir sobre “Rey”, lo primero que solicité (junto con una copia física del disco) fue conocerlo cara a cara.

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No sabía muy bien con quién me iba a topar aquel domingo que visité el apartamento donde vive con su familia. Reconozco que su imagen siempre me pareció excesivamente elaborada, y eso me resultaba sintomático de algo poco agradable. Y su marketing se me antojaba igual de excesivo.

La persona que me recibió aquel día era igual a la del disco. Pero con otras ropas, sin maquillaje, con el pelo un poco distinto. Pero era exactamente la misma persona que uno ve en la tapa, transmitía exactamente la misma energía y la misma convicción. No tenía nada de personaje.
De pie frente a la mesa de su comedor, lo primero que hice fue mencionar que el enfoque de algunas canciones me parecía directo por demás.
Y él repuso, “Yo soy así. Yo soy directo”.
Lo dijo de una manera llamativa, de un modo que no transmitía ni orgullo ni arrepentimiento.
Qué bueno. A mi también me gusta ser directo.
“¿Sabés que editaste un disco que en este país más que nada va a ser atacado por razones totalmente extra-musicales, no?”.
Van Velthoven no mencionó palabra. Sonrió, de forma maravillosamente genuina. Como si en ese solo gesto hubiera dejado en libertad meses de frustración que había tenido que contener hasta ese entonces.
Como si dijera, “Mejor no hablar de ciertas cosas. Mejor hacer algo al respecto para cambiarlas”.
Y me invitó a tomar asiento.

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La charla fue bastante extensa, y cubrió todas las intersecciones donde la música jugó un papel importante en su vida.
Uno de los temas más recurrentes fue la inserción de los artistas locales en la escena internacional. Le preocupa de forma manifiesta que no estemos compitiendo en igualdad de condiciones en un mundo donde es muy fácil valerse de la tecnología para difundir lo que uno hace.
Y otra de las aristas más visibles de la conversación fue el deber de generar conciencia entre los más jóvenes con respecto a músicos uruguayos que han caído en el olvido, no obstante la mucha visibilidad que tuvieron en su momento, y la fuente de inspiración que pudieron ser para generaciones enteras.

Pero la verdadera estrella de la conversación fue su hija Aytana, que entraba y salía de la habitación todo el tiempo. Tenía una plancha con autoadhesivos, y le pedía a su padre que la ayudara a desprenderlos. Y después, los pegaba por todos lados. En la biblioteca donde él tiene todos sus libros sobre Michael Jackson (su gran guía y referente), en la mesa, en los cuadernos con sus letras…
La presencia de la hija propicio el intercambio más interesante de todos, cuando Van Velthoven me comentó que tiene cierta dificultad para escribir baladas. El tema surgió porque él siempre le dedica la canción “Por Estar Contigo” a Aytana en el escenario. Y cuando uno escucha el disco con detenimiento, lo más memorable son justamente los temas lentos. Pero eso lo apreciaría bien luego…

Cuando volví a casa, me di cuenta de que tenía un pegotín de su hija en la manga de mi campera.
También tenía una copia de “Rey”. Ya lo había escuchado una vez en su perfil de Bandcamp. Pero conociendo el espíritu que alentaba cada una de sus composiciones, por primera vez me sentí pronto para analizarlo desde la perspectiva más plena de todas.

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“Rey” está compuesto por diez canciones. Su temática se encuentra muy definida; el mismo Van Velthoven efectúa la siguiente enumeración: “revolución, el interior, los problemas sociales, cruzando y surcando la naturaleza, el poder, el amor…”. Las letras manifiestan una clara intención de cambio, de remediar las fallas que abisman a la sociedad, y operan en detrimento de los valores humanos elementales.

Este es el concepto del disco. Pero en la práctica, la ejecución no siempre es idónea.
Lo primero (y fundamental) es hacer es un distingo entre las baladas y los temas más enérgicos. Las baladas son ampliamente solventes; son las únicas composiciones en “Rey” con un poder de profundización inmediato. Por otro lado, los cortes con más fuerza no parecen encontrar un punto medio entre los significantes y los significados.

Si partimos de la base de que la belleza surge del acuerdo entre el contenido y la forma, temas como “Veneno Del Norte” y “Destruyendo Fronteras” no generan la experiencia estética apropiada. Predomina el “qué”, no el “cómo”. El mensaje se termina extraviando en algún punto del discurso mismo, en su articulación. Hay una diferencia entre cerrar una puerta, y no mirarla. Y sé que Van Velthoven lo tiene claro; en la conversación que mantuvimos, el aspecto más evidente fue la ecuanimidad. Siempre demostraba poder encontrar algo positivo en todo.
Por ejemplo, recuerdo cuando me comentó que el candombe en sí no le gustaba, pero que a nivel rítmico siempre le resultó fascinante.
En otro punto, hablamos de música pop, y cuando surgió el nombre de Justin Bieber conversamos sobre su historia familiar. Dejando de lado todo el fenómeno que se ha generado en torno al joven canadiense, Bieber tiene el mérito de contar con unos padres que han hecho lo imposible para que su hijo triunfara, y que efectuaron sacrificios impensables para alcanzar esa meta. Y Van Velthoven hizo hincapié en eso.

Canciones como “Veneno Del Norte” y “Destruyendo Fronteras” (y en alguna medida “El Juego de la Muerte”) tienen un mensaje desbordante, y ese exceso de energía repercute en lo instrumental. Y la eficacia última de todas esas composiciones se ve limitada.

En cualquier caso, no se puede discutir que “Siento” (un dueto con Sabrina Rosas donde también participa Leonardo Carbajal Storace en bajo slap) es uno de los temas de mayor factura, y es asimismo una de las composiciones donde se despliega más vitalidad.

El mismo Van Velthoven me dijo que él opera por instinto. Y él también reconoció que es muy directo; fue prácticamente lo primero que mencionó el día que lo conocí. No es de extrañar que se deje llevar por sus emociones cuando escribe sobre temas que claramente revisten tamaña importancia para él.
Pero luego de haber vivido con el disco durante un buen tiempo, pienso que un poco más de premeditación daría buenos frutos. Tampoco tendría que ser un cambio descomunal. Brindarle tan solo algo más de atención a las letras lograría que el mensaje tuviera el sumergimiento apropiado en los oyentes.
Porque “Rey” tiene la clase de contenido que se necesita en un mundo donde los valores más importantes son también los que se encuentran en el punto más crítico. Saber plasmar esto de un modo más eficaz es el gran desafío que tendrá que enfrentar Van Velthoven en el futuro.

Y si antes mencioné que el aspecto visual no me cuadraba del todo, ahora es justo recalcar lo bien que se desenvuelve la banda en el escenario. Tuve el placer de verlo en la Sala Zitarrosa recientemente, y contemplarlo en acción junto con sus músicos. La banda con la que cuenta es irrefrenable, y todos sus integrantes comparten una misma (y rara) virtud: logran brillar sin tener que apagarle la luz al otro. En la actualidad, esta banda la conforman Juan J. Leyton (guitarras y coros), Fabián Rocha (guitarras), Alejandro Borgarello (bajo y coros) y Juan J. Chabkinian (batería)

Esa es una característica del disco, de hecho: como cada uno de los (muchos) invitados logra hacer un aporte que es a su vez conciso y  pletórico. Los solos de Christian Cary en “Nuestra Tierra” cumplen la reivindicación planteada por la letra, y reverdecen la canción. La voz de Mint Parker (el nuevo nombre artístico de Laura Romano, quien fuera la cantante de Vendetta, y que hoy reside en México) en “Todo Mi Amor Eres Tú” deja una rémora de suavidad indeleble. El rap de Jazzy Mel en “El Juego de la Muerte” dura lo justo para revivir recuerdos en los que nacimos a fines de los setentas, y para que los más jóvenes sientan la curiosidad suficiente para buscar alguno de sus videos en YouTube.

Y quiero volver a “Todo Mi Amor Eres Tú”; el tema se merece un párrafo aparte. Se trata de la única canción que Michael Jackson llegó a cantar en español. Y la versión de Van Velthoven junto con Mint Parker me emociona de formas indescriptibles. He escuchado muchas canciones que dicen la verdad, pero conozco pocas que puedan ser siempre ciertas. Y esta es una de ellas, ni más ni menos.

Asimismo, la balada aportada por Flavio Machado (el vocal coach de Van Velthoven en el disco) es una lluvia de luz que remite al oyente a un lugar verdaderamente “tan terrenal como divino”. Es uno de los instantes decisivos del álbum, y en vivo Van Velthoven suele dedicársela a su hija, que lo aguarda expectante.

Un cover de Zero marca el final del disco: “Riga”. La versión original se encuentra en el único álbum editado por la banda (“Visitantes”, en 1986). Zero fueron pioneros de la electrónica en Uruguay, y sus miembros hoy han formado una nueva agrupación conocida como “Sally Spectra” (banda que se presentó el mes pasado en la Sala Zitarrosa, en el marco de la gira de “Rey”). Y la versión de Van Velthoven de “Riga” cuenta con la participación de dos de ellos (Martiniano Olivera en teclados, y Leonardo García en voz). Junto con “Todo Mi Amor Eres Tú” y “Por Estar Contigo”, es el tema más envolvente del disco, y una de las composiciones que deja una estela más nítida en la percepción del oyente.

Si hacemos balance, entonces, los tres temas más salientes son justamente los que no fueron escritos por Van Velthoven. Esto puede resultar ominoso, pero no lo es. Quien los interpreta (y los lleva adelante) es él. Ninguno de ellos tendría la misma expresividad de otro modo. Y los vuelve propios, y a su vez logra que lleguen a oídos que quizá nunca los escucharían de otro modo. Es un gran intérprete. Tiene todo lo necesario para convertirse en un gran creador. Sabe muy bien qué decir, solo tiene que trabajar en el cómo. Y ya lo está haciendo.

Y me parece importante subrayar que “Rey” es un disco que vale la pena escuchar.
El álbum no es tan regio como sugiere su nombre – ningún disco puede serlo, y de serlo, no lo anunciaría explícitamente en el titulo. Pero tiene sus momentos de grandeza, e instantes de una pureza comparable a la de una comunión.
Las baladas son uniformemente emocionantes, y si bien la transición a los temas más dinámicos es abrupta y de repente pareciera que estamos frente a un arcoiris monocromo, lo que estamos viendo no deja de ser un arcoiris. Falta poblarlo de colores, y hacerlo refulgir.
Por sobre todas las cosas, “Rey” me hizo pensar mucho en el pasado, me hizo ponderar el presente de la escena musical uruguaya, y cómo se inscribe en un marco tan globalizado como el que nos toca vivir. Esa es quizá una de las preocupaciones mayores de Van Velthoven, y haber conseguido plasmarlo tan efectivamente no es un logro menor. La forma en la que se gestó “Rey” (y todas las actividades efectuadas para su promoción, incluyendo conciertos en streaming para el mundo entero) me hizo entender que todos los medios necesarios para trascender están ahí, al alcance de nuestros músicos. Es cuestión de saber aprovecharlos, de tener la humildad necesaria para entender que si bien no somos menos que nadie, tampoco somos más que el resto.

He escuchado pocos discos uruguayos que tengan un efecto comparable.
Y eso –eso– sí que vale.

 

“Rey” puede ser escuchado en su totalidad en el perfil de Bandcamp de Van Velthoven.

Sitio web del artista: http://www.vanvelthoven.com.uy
Canal de YouTube: http://www.youtube.com/vanvelthovenmusic
Cuenta de Twitter: http://www.twitter.com/vanvelthoven

FICHA TÉCNICA:

REY
de
VAN VELTHOVEN

Voz, coros, bajo y batería programada: Van Velthoven
Guitarras: Christian Cabrera
Bajo y teclados: Alejandro Borgarello
Teclados, clavi y hammond: Noche Oguez

Con la participación de: Jazzy Mel, Martín Sarthou, Mint Parker, Sabrina Rosa, George Malinowski, Nicolás Arnicho, Victor Suzacq, Flavio Machado, Christian Cary, Leonardo Carvajal Storace, Martiniano Olivera y Leonardo García.

Mezclas: Max Capote
Producción. Max Capote & Van Velthoven
Co-productor: Van Velthoven
Asistente coach vocal: Flavio Machado
Diseño de Arte y Logo: YoSoyChi de Mutágeno Estudio
Fotografía: Rafael Lejtreger
Masterización en Abbey Road por Peter Mew
Masterización en Vivace Music por César Lamschtein

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