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Folclórico deslumbramiento primer mundista

Por (castells@eldiario.com.uy) | Jueves, 10 de enero del 2013

Los países llamados del “Primer Mundo” tienen sus reglas propias algo inadmisible para ellos dentro de sus fronteras, es folclórico, tierno, digno de admiración, cuando ocurre en el universo de los subdesarrollados, aquellos nominados —muy políticamente correcto— como “en desarrollo”.

Ocurrió en las décadas de los 60 y 70 con la guerrilla latinoamericana que, con los tupamaros a la cabeza, eran calificados como “románticos ejércitos de liberación”; mientras que en Alemania la Baader Meinhof, en Italia las Brigadas Rojas, en Gran Bretaña el IRA, en España ETA y en Francia los separatistas corsos, utilizando los mismos métodos de subversión, eran sin piedad tachados de “terroristas”.

Eran épocas en que el franco-griego Costa-Gavras filmó la película más falaz sobre la realidad uruguaya, de toda la historia contemporánea: “Estado de sitio”; épocas que Barbet-Shroeder editaba un documental complaciente sobre el criminal Idi Amin Dada, simplemente porque era anti-imperialista.

Épocas en que Jean-Paul Sartre justificaba los crímenes del marxismo tercermundista, al tiempo que en Mayo del 68 francés, censuraba al gendarme que le había propinado un cachiporrazo a un estudiante desacatado, el cual le lanzaba los adoquines del Barrio Latino.

Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago podría ser una divisa primer mundista. Y esto viene al caso porque —últimamente— en una suerte de contagio tres medios importantes de ese mundo desarrollado, han publicado semblanzas de nuestro Presidente, José Mujica.

Por supuesto que en ninguno de los países de esos medios — Estados Unidos, Italia y Francia— hubiese tenido chance alguna un candidato que se presente como José Mujica, que hable como él, que viva como él. Pero para nosotros, los subdesarrollados, está bien, somos Pitecántropos Erectus que no hemos llegado al Homo Sapiens.

Primero fue el francés Liberation el menos importante y el menos informado, titula: “El dúo cool del Uruguay” (cool palabra inglesa se utiliza en francés para designar a alguien “en onda”) y dice que “es la pareja más alucinante del planeta” (nada más y nada menos).

Para justificar esa aseveración, habla de los zapatos gastados de Mujica en Río de Janeiro, del Fusca viejo, de la venta de la casa presidencial de Punta del Este y de la intención de convertir Suárez y Reyes en un alojamiento para gente en situación de calle (¡!).

Por supuesto, como los otros medios, señala que Mujica dona el 90% de su salario a “asociaciones caritativas” y —en el colmo de la desinformación— afirma que nuestro Presidente es vegetariano. Seguramente piensa que los chorizos del Quincho de Varela están rellenos de berenjena y soja.

El New York Times le dedica un espacio más largo y mucho más destacado que titula: “Luego de años en solitario, una vida austera como Presidente del Uruguay”, donde detalla que mientras otros líderes políticos tienen mayordomos, flota de yates y bodegas con champán, Mujica vive en una modesta chacra, sin personal doméstico.

El periódico neoyorquino destaca en la actuación de Mujica la ley del matrimonio igualitario y la despenalización del aborto (en las cuales poco intervino) y legalización de la producción de marihuana, que aún está en veremos. Pero hace una afirmación asombrosa que “sostenidamente ha impulsado el uso de fuentes de energía renovables como la eólica y la biomasa”.

Finalmente Il Corriere della Sera bajo el título: “Uruguay: el Presidente pobre que vive en una casita”, no agrega mayor cosa a lo que estampó el New York Times.

Sin embargo, lo que realmente importa es despejar el terreno de lo anecdótico por la cuestión de fondo. Mujica ha creado un personaje —el Presidente más pobre— como Olmedo creó al Mano Santa y con tanto éxito, sino más, que el fallecido actor argentino.

Ese personaje se disfraza de pobre, llama a la prensa cuando va a comprar la tapa de un WC, habla mal intencionalmente y prueba de ello es que yo
personalmente le he oído alguna intervención en el Senado donde no había eses ni equis comidas.

Así como tampoco hubo ningún “puédamos” en el discurso que pronunció en el exterior, ante el G20 en Brasil, en junio de 2012.

Mujica se presenta como ejemplo de político austero y abnegado, cuando en realidad sacrificio no hace ninguno porque no le gusta vivir confortablemente. Lo cual estaría en su perfecto derecho si no hiciese una suerte de exhibicionismo de la pobreza.

Escribe Gerardo Sotelo en El País: “La vida del presidente uruguayo no tuvo como norte la acumulación de riquezas sino la lucha por el poder. Desde su militancia en el viejo herrerismo, pasando por su etapa de guerrillero en democracia y de rehén de los militares, hasta la consagratoria experiencia del MPP y el Espacio 609, Mujica no ha hecho más que acumular prestigio y poder”.

Entonces ese renunciamiento a los bienes materiales, no es un desprendimiento, sencillamente a Mujica no le interesan, pero se quiere comparar con los más pobres que si se visten y viven como él, es porque no tienen condiciones económicas para vivir y vestirse mejor.

En Mujica lo zapatos rotos, las camperas viejas, los pantalones desplanchados, las camisas desprolijas, son parte del disfraz. Y “chapeau” como dirían los franceses, porque con esa táctica mejor no le podía haber ido internacionalmente.

Y en lo nacional, su disfraz le sirve para ir tirando con una educación pública paupérrima, una inseguridad creciente, una salud deficiente, una política exterior deplorable, un ICIR y otros impuestos que son exacciones y una dictadura sindical siempre al acecho.

Dijo Gerardo Zambrano en un excelente reportaje que le hizo El País: “Tener el presidente más pobre del mundo y jactarse de eso no solo me da vergüenza ajena, sino que me da vergüenza propia. Estaba de viaje y vi una entrevista donde una periodista brasileña se sube a un tractor viejo, con un
presidente en jeans remangados paseando en una chacra para mostrarle al mundo que esa es la vida de un primer mandatario”

“Me da vergüenza —sigue Zambrano. Porque no significa nada, sino apostar a un populismo improductivo: porque el tractor es viejo, la chacra es chica y porque el presidente debería tener otras cosas que hacer más importantes que andar paseando a una periodista en un tractor viejo. Para la imagen del populismo quizás está bien, para mí es un papelón”.

Ningún dirigente político se ha expresado tan claramente. Señor Zambrano: somos dos —al menos— a los cuales todo esto nos da vergüenza.


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