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La muerte de Lilí

Por (periodismo@juanraulferreira.com.uy) | Martes, 21 de agosto del 2012

La última la vez que la vi fue cuando se inauguró la Plaza con el nombre de su esposo al que hasta el último día Lilí llamó “el General”. Cuando asumió Ivonne Pasada la Presidencia de la Cámara, un par de semanas antes del cambio de gobierno, llenó el Palco de gente maravillosa. Como el afecto y la amistad son ciegos, me incluyó entre ellos. Estaba el Gral. Licandro, Mara Elena y Edgardo Carvalho, Renzo Pi Ugarte, que murió hace un par de días, enlutando a la academia, al país y a sus amigos entre los que me contaba. A mi lado estaba el Comisionado Adolfo Garcés, con quien ahora, las vueltas de la vida, nos han puesto a trabajar juntos para mi orgullo. Y allí con nosotros, estaba Lilí.

Creo que nunca más volví a conversar con ella como aquel día. Si estuvo presente en muchas conversaciones con amigos. Con muchos de los que compartimos el exilio y militamos en la Convergencia Democrática. Llamar a Lilí a Montevideo era todo un tema., Por las dificultades técnicas del mundo pre celular, por su seguridad y por no desperdiciar la oportunidad. Un par de veces pudimos ver en México a su hija Bethel.

Cuando recién empezaba el velatorio hubo muchos abrazos sin palabras. Largos porque no solo tenían contenido sino porque decíamos muchas cosas. Cuando llegué estaba El Presidente con Couriel, Baraibar, Alfonso… Polakoff y de a poco fue llegando gente hasta transformarse en multitud. Antes, llego el Chanco Legnani, ese largo abrazos fue cortado con palabras que para ambos era frases, historias largas, recuerdos imborrables.

Tenía 5 años más que mi madre, aunque sus vidas se entrecruzaron mucho desde jóvenes. Raul Sienra, mi abuelo paterno, era hijo de un socio de José Correa abuelo de Lilí en la administración común de un campo llamado el Roble. y las historias que recuerda mamá terminan en que ambas eran esposas de candidatos adversarios a la Presidencia. Competían, pero a la vez ambos representaban una opción de cambio.

Juntos obtuvieron una mayoría avasalladora, pero ganó Bordaberry. El hombre que asumió la totalidad del poder, dio el golpe de Estado, metió preso y mandó matar a sus adversarios, obtuvo el 22% de los votos. Seregni y Wilson el 45%, más del doble. Habría que pensar más en esto. Lo cierto que ni Lilí ni Susana fueron primeras damas, pero ambas fueron bastante más que eso.

Ambas al lado de su marido, pero ambas con personalidad propia, con presencia propia, ambas con un prestigio que sobrevivió a sus compañeros de vida y de lucha. ¡Cómo no iba a pensar en nuestra propia vida, cuando me detenía en silencio frente al féretro de Lilí en silencio!

Cuando pasan estas cosas tristes, la vida saca de adentro de cada uno de nosotros lo mejor que tenemos. Por eso el dolor acerca. la muerte de Lilí debe recordar a quienes fueron sus correligionarios y a los que no, a saber distinguir entre adversario y enemigo. ¡Qué distinto es lo uno de lo otro!

A la entrada de la Biblioteca, desde la Presidencia de Roque Arregui, en una vitrina hay un libro que  escribí siendo muy joven sobre mi padre. El libro se lo envió de regalo Wilson a  Seregni el día que fue liberado. Tiene una dedicatoria que dice “A Líber Seregni, Gral. del Pueblo, por lo tanto, mi General, con afecto Wilson Ferreira Aldunate, Londres, 19 de marzo de 1984.”

Al ingresar a las 8 en punto a la casa Velatoria, me abordó la prensa. Se que me emocioné mucho, pero no recordaba que haber dicho. Lo leí luego y me siento muy presente en esas palabras : Al pedir una semblanza sobre Lerena, Juan Raúl Ferreira, visiblemente emocionado –hasta las lágrimas–, sostuvo que “en los momentos difíciles todos supimos cobijarnos bajo la misma manera en los momentos de dificultad y ella era una compañera más. ¡Qué importancia podían tener las diferencias que tuviéramos con su marido, a quién desde el exilio habíamos proclamado el preso emblemático del Uruguay!”.

 


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