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Las relaciones exteriores y el Rey Midas

Por (castells@eldiario.com.uy) | Miércoles, 15 de agosto del 2012

El Rey Midas —que realmente existió y era muy rico— varios centenares de años antes de la era cristiana, fue un soberano de Frigia, antigua monarquía situada en la península de Anatolia, actualmente parte del territorio de Turquía. Sin embargo, hay una “leyenda Midas” en la mitología greco-romana, que nos cuenta el don que los dioses habían conferido al frigio y que era de poder convertir en oro todo lo que tocase.

En Latinoamérica, hubo un político —cuyo nombre prefiero no acordarme— que le decían “el Rey Midas escatológico” porque, obviamente en sentido figurado, todo lo que tocaba lo convertía en excremento. Sin llegar a tales extremos, la política exterior del gobierno frenteamplista, es de un Rey Midas que todo lo que toca lo mancha, lo deteriora, lo ensucia.

El episodio de Paraguay es significativo de ese estado de cosas. Sea dicho de paso, aún estamos a la espera de conocer los argumentos de los juristas de la Cancillería —que se habían anunciado— para defender o desaprobar el engendro de la suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela al Mercosur.

El Canciller que es abogado (aunque usted no lo crea), había solicitado a expertos del Ministerio de Relaciones Exteriores varios informes jurídicos sobre el ingreso venezolano y dijo (Montevideo.comm) que “no aparece como blanco o negro, sino que el tema tiene “varios grises” (¡!¿?).

Y de tan gris que es, se mimetizó con la grisura ambiente en la Cancillería y no se habló más, imbuido por el diktat presidencial que lo político prima sobre lo jurídico.

Lo que si hemos tenido y muy claro, ha sido la valiosa opinión del Instituto de Derecho Internacional Público (IDIPU) de la Facultad de Derecho de la UDELAR que, en cumplimiento de sus deberes académicos y de sus responsabilidades de estudio científico, se reunió a fin de considerar el cambio de la titularidad en la Presidencia de Paraguay, su suspensión del Mercosur y la admisión de Venezuela.

A raíz de ello, elaboró un informe sosteniendo:
— Que la suspensión de Paraguay en su participación en los órganos del Mercosur es inválida por cuestiones de forma y fondo.
— Que la admisión de Venezuela carece de validez y no produce efectos jurídicos.
— Que pone esta opinión en conocimiento de las autoridades de la Facultad de Derecho y procede a su pública divulgación.

Obviamente —no vayan a pensar que la UDELAR dejó de ser frenteamplista— la Decana de la Facultad de Derecho, Dra. Dora Bagdassarián, emitió un comunicado afirmando que “los Institutos no son órganos de la Universidad y por tanto sus opiniones no comprometen a la Facultad y mucho menos a la Universidad de la República”.

Hubiese sido interesante comprobar cómo la Decana hubiera actuado si el informe del IDIPU fuese favorable a la opinión del gobierno, al mandamás venezolano y en contra del Paraguay de Federico Franco ¿Con la misma celeridad lo habría desautorizado?

Y otra perla de ese particular “Rey Midas” es el comunicado de la Cancillería a los Embajadores uruguayos, que termina diciendo: “En razón de lo anterior se le instruye ajustar su conducta de relación a los extremos de esta circunstancia del no reconocimiento del gobierno paraguayo, absteniéndose de mantener contactos o participar en eventos que puedan significar un reconocimiento tácito a las autoridades instaladas en ese país.”

Es tal la barbaridad jurídica y práctica de esa instrucción que nos da pena comentarla, pensando en lo bajo que ha caído nuestra Cancillería. Jurídicamente, sería bueno que el Canciller o alguno de sus cercanos secuaces, lean a Eduardo Jiménez de Aréchaga.

El eximio profesor de derecho sostenía que para el reconocimiento de un gobierno: “es preciso la existencia de dos elementos: primero, que haya un nuevo gobierno y, después, que ese nuevo gobierno haya surgido de un modo no previsto por la Constitución”.

Y aún ante situaciones de fuerza y fuera del orden constitucional, entiende Aréchaga: “Cabe sin embargo, la posibilidad de que, en aquellos casos en los cuales un nuevo centro de poder asume el mando de un modo indiscutido y sin resistencia alguna, se continúen relaciones diplomáticas con él”.

En la práctica, la instrucción que luego, como demostración de su impertinencia, tuvo que ser aclarada, es improcedente. En ocasión de la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba, el gobierno del Dr. Batlle jamás envió una orden similar sobre el trato a desarrollar con los diplomáticos cubanos. Y eso que se trataba —no como ahora— de una ruptura.

Personalmente, en esa época aún estaba en funciones de Embajador en el exterior y mis colegas y yo sabíamos que no debíamos invitar a los diplomáticos cubanos a las fiestas nacionales ni a eventos oficiales de la Embajada.

Pero mis relaciones personales con el Embajador de Cuba siguieron siendo iguales: polémicas y con los mismos enfrentamientos que antes, en las sesiones de la Unesco; pero también proseguimos tomando café de vez en cuando y concurriendo a los almuerzos o cenas en que nos invitaban a ambos.

Y Midas sigue presente cuando el Prosecretario Diego Cánepa no entiende que el silencio, silencio es y pretende explicarlo: “El silencio no significa ni aceptación ni no trabajar, al contrario, es evaluación seria con mucha prudencia, hay que tomar las cosas yo diría, con mucha inteligencia y mucho trabajo”.

“El Presidente —prosigue Cánepa— ahora está abocado y trabajando como corresponde con la Cancillería y el resto del equipo de la Presidencia, para encontrar los caminos que vuelvan a la normalidad de algunos de los asuntos tratados”.

O cuando le agrega un segundo episodio al silencio: “El Presidente ha transmitido que la posición del gobierno y de la Presidencia es mantener el silencio y seguir trabajando en la solución de estos temas” (…) “lo de Timerman no debe afectar la línea de trabajo que va a llevar adelante el gobierno, que es seguir y no dar respuesta a algunos planteos que han sido transmitidos por la prensa”.

Y agregó: al Canciller Timerman, “jamás le darán un premio a la prudencia”. Si eso es guardar silencio, ¿a qué le llamará Cánepa hablar? Y,  ¿él cree ser prudente cuando afirma eso sobre el jerarca argentino?

Conste, que yo estoy totalmente de acuerdo que Timerman es un imprudente, y no sólo eso, sino un patotero, un discriminador (por sus expresiones con el Congo) y un obsecuente que siempre va un paso adelante de lo que sabe son los deseos de la Presidente Fernández de Kirchner.

Pero yo, señores, no estoy llamado a silencio y por ahora no ha sido promulgada la “ley mordaza” aquella que nuestro Presidente se vanagloriaba en decir “no hay mejor ley de prensa que la que no existe”. El paradigma de “como te digo una cosa, te digo la otra”…

 


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