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Los pensamientos: programas del cerebro

Por (jlo@eldiario.com.uy) | Lunes, 12 de marzo del 2012

Como se sabe, un computador sólo puede reproducir lo que se le ha grabado en él. De manera semejante ocurre con el hombre. El ser humano sólo puede exteriorizar aquello que ha introducido en sí mismo. Para entender como funciona este simil, el siguiente ejemplo nos puede ayudar: Una persona envidia el ascenso de un compañero de trabajo. La mixtura que se forma a partir de su analogía, la envidia, se puede formular así: «Ese es un ambicioso que se humilló y fue servicial con el jefe hasta que éste se fijó en él. Pero ya me ocuparé de que no le vaya bien. Pondré al descubierto cada error para que se evi­dencien sus debilidades».

Así piensa el envidioso, pero su mezcla suena muy diferente. Al com­pa­ñe­ro le habla con palabras melosas: «Te has ganado este ascenso, pues has prestado gran­des servicios a la empresa. Si en algún mo­men­to necesitas ayuda, puedes dirigirte a mí sin dudarlo. Te deseo lo mejor en tu nuevo puesto.».

¿Pero de dónde saca el empleado envidioso las palabras que no sólo tiñen el programa de sus pensamientos, sino que incluso disfrazan su envidia con simpatía y con un falso ofre­ci­miento? Los aspectos para em­be­llecer su envidia, los obtiene de elementos de sus propios programas –por ejemplo de su mundo de deseos–, pues a su vez la hipocresía, en todos sus aspectos, en todas sus variantes y formas de expresión, sólo pueden venir del computador hombre.

¿Y cómo se formó la mesa de mezcla de dichos programas? El ser espiritual puro del que sur­gió el hombre, no conoce el engaño ni las pa­la­bras con doblez. Un ser es­piritual es la verdad y está en la verdad. Él es ve­raz y por ende, su modo de actuar es igual a sus pa­labras, y sus palabras son iguales a su forma divina de sentir.

Lo puro en él se muestra por lo tanto de forma di­recta y auténtica. El doble fondo que el en­gaño y las palabras con doblez hacen surgir, se formó por la Caída. El primer ser caído qui­so encubrir sus sensaciones que se apartaban de lo divino; a continuación se formaron los pen­samientos. Por consiguiente, el pensa­mien­to de la Caída lo podemos
denominar primer pensamiento no divino. Se produjo una especie de división. Los seres caídos crearon su mundo de pensamientos, que era diferente de lo que mos­traban sus sensaciones y sentimientos. Cuando a ello se añadió la capacidad para hablar, podría decirse que había surgido el «triple fondo», el «tercer len­guaje».

Podemos por tanto decir que la mesa de mez­clas de los programas se formó porque la persona piensa de manera diferente a como percibe y siente, y habla diferente a como piensa y siente, pero también actúa de forma diferente a como habla, piensa, percibe y sien­te. Según sean sus intenciones la persona elige la combinación correspondientemente adecuada para sus afir­maciones o formas de actuar, lo que resulta por tanto son innumerables maquinaciones.

Una afirmación que parece positiva, que sue­na servicial y amigable, en realidad contiene una gran dosis de envidia oculta.

De la publicación: Yo, yo, yo. La Araña en la Telaraña.­


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