EL DIARIO

Viernes, 14 de Diciembre del 2018

Luis Pérez Aquino: Dos manos para el orgullo

Por Juan Carlos Ratto, el 1 noviembre, 2011

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Enmarcado en los actos por el centenario de Atlántida, se presentó el pianista Luis Pérez Aquino en la Iglesia Cristo Obrero de Estación Atlántida, el pasado 30 de octubre a las 20 horas.

Muchas cosas se conjugaron en aquel acontecimiento: Un acto de conmemoración de elevada jerarquía, en un ámbito excepcional en lo arquitectónico y lo acústico como lo constituye la obra mayor del ingeniero Eladio Dieste y la deslumbrante y, casi diríamos, conmovedora actuación de Pérez Aquino, reconocido desde años atrás, pero del que podemos asegurar que se encuentra en su plenitud. Una plenitud calificada así porque la creemos muy difícil de superar. Con justicia es actualmente Director del Conservatorio Departamental de Música de la Intendencia de Canelones, fundado por él en 1998 y en el que, además, es quien conduce la cátedra de piano.

El programa que presentó en esta ocasión estuvo integrado por tres piezas de la Suite Iberia de Isaac Albéniz (Granada, Malagueña y Rumores de la caleta), tres microformas de Federico Chopin (Balada Nº 1, Fantasía y Scherzo Nº 3) y la Rapsodia Nº 6 de Franz Liszt. Fuera de programa brindó un Nocturno de Chopin y la Suite de Danzas Criollas de Alberto Ginastera.

De digitación diáfana y asombrosa logró en cada obra los efectos que ellas se proponen. No por muy conocidas las piezas de Albéniz suenan siempre igual. Pérez Aquino les dio ese toque españolísimo desde los pianos hasta los rotundos pasajes de exigente digitación. El agua fluía, a ojos cerrados, por la intimidad de la caleta. Con esta pieza de delicado y sutil final, logró sostenidos aplausos de un público que, creemos, ni siquiera respiraba durante la ejecución. Tanto embelesaba.

Las obras de Chopin también fueron interpretadas con todos sus impactos románticos, las manos volaban por el teclado y, al decir de un viejo maestro, “se le entendía todo”. Si Chopin es un desafío para la técnica y la expresividad, nuestro pianista lo logró ampliamente.

Sin embargo, y así lo sospechábamos desde la lectura del programa, el gran desafío lo constituiría la Rapsodia de Liszt, que no es cualquiera, ni aún el caballito de batalla de todo gran pianista, la Nº 2, sino la espectacular, melodiosa y complejísima Nº 6. El esperado pasaje de las octavas lo “dijo” con una claridad, efecto y técnica, insuperables. Sus dedos volaban por el teclado con un vigor inusitado y una seguridad envidiable. La partitura de Liszt y la interpretación de Pérez Aquino lograron un final de recital que sostuvo aplausos por varios minutos, obligando a dos obras fuera de programa.

Estas últimas, y especialmente la segunda, reafirmaron la gran superación del artista, que, además, se solaza especializándose en la literatura pianística latinoamericana. La obra de Ginastera, nada fácil y muy folclórica, surgió de manos del intérprete con vigor y velocidad superando cualquier dificultad técnica con una naturalidad que asombró.

Estuvieron presentes el intendente Dr. Marcos Carámbula y su esposa, el alcalde de Atlántida, Arq. Walter González y varias autoridades departamentales más; así como los organizadores del evento, la Comisión para el Centenario de Atlántida. Todos fueron unánimes, en comentarios posteriores, del asombro que arrancaba Pérez Aquino para sí y para todos los concurrentes.

Como es de suponer el público, unas doscientas personas, era heterogéneo a extremos. Para unos constituía la asistencia a un acto cultural de jerarquía y para otros a algo excepcional que sucedía en la Iglesia de su pequeño pueblo. En el momento de los aplausos no hubo distinciones, unos quedaron satisfechos y otros sumaron a la satisfacción el asombro. Estos últimos fueron los que más nos conmovieron. También así lo sintió el intérprete.

Finalmente, para todo el mundo del ámbito cultural del país y para el propio Pérez Aquino, puede decirse que ese día demostró que todos contamos con sus dos manos para el orgullo, capaces de alcanzar técnica y expresividad excepcionales. Él es un artista excepcional.

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