EL DIARIO

Viernes, 18 de Setiembre del 2020

El Reino Del No

Por Nicolás Cáceres, el 10 octubre, 2011

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El fin de semana largo estaba planificado desde hace mucho tiempo.

Visitar Uruguay, mi país, siempre resulta gratificante. Pasar unas horas con la familia carga de manera notable las baterías. Y por si esto fuera poco el reparador descanso luego de unos meses agitados. Pero todo no iba a ser tan sencillo.

Habíamos resuelto junto a mi esposa viajar por primera vez en la línea aérea de Buquebus. El tentador precio y la posibilidad de llegar directo al aeropuerto de Punta del Este hacían que la oferta fuera imposible de rechazar. El vuelo estaba anunciado para las 21:15 del viernes. Ideal, salía de mi trabajo, llegaba a cenar con mis seres queridos y el sábado a la mañana lo utilizaba para algo que hace largo rato no llevaba a la practica, dormir.

Los problemas comenzaron ese mismo día. Después de varias jornadas hermosas, una tormenta de viento y lluvia azotó el Río de la Plata. Las condiciones hicieron que desde muy temprano los vuelos fueran cancelados. El nuestro por supuesto no fue la excepción. A las 18:05 una señorita de la empresa me llama al teléfono celular y me dice que nuestro vuelo ese día no salía.

La explicación aunque era lógica no fue demasiado elocuente. Allí en ese preciso momento comenzaron a sonar los NO que tanta irritación me causarían con el correr de las horas. Al querer reprogramar el viaje la empleada nunca me pudo confirmar que nos incorporaba al vuelo del sábado a las 9:05. Luego de muchas llamadas infructuosas, un amable operador finalmente lo hace.

Intentando buscar lo positivo, la idea de descansar en casa y luego partir no era para nada descartable. Si bien siempre que viajamos y con el adelanto que en ese sentido muestran las aerolíneas, llegamos al aeropuerto tan solo una hora antes, esta vez y por precaución debíamos hacerlo con un lapso de por los menos 2 horas y media. Decisión que con los hechos consumados nos arrepentiríamos.

Un sábado cubierto y con niebla nos recibía en Aeroparque. Desde un principio nos anuncian de que el Aeropuerto de Laguna del Sauce en el este uruguayo estaba cerrado pero que no demoraría en quedar operativo.

Esperamos que llegaran los funcionarios de Bqb para realizar el check in que todavía no habíamos hecho. Lo hicimos y fuimos hacia la sala de embarque. Teníamos un tiempo prudencial de espera por lo tanto el desayuno era fundamental para afrontar lo que pensábamos seria una jornada de relax. ¡Que equivocados estábamos! La mesera del bar ubicado en el lugar y que por cierto bastante caro es, nos dice que NO tiene tostadas por que el pan NO ha llegado. Ante el intento de solución planteado por mi querida esposa de tostar el pan de sandwich que seguro tienen congelado, aparece otro NO, ya que se utiliza solo para su función original. Terminamos comiendo lo que ellos querían, facturas que son solo de manteca, ya que de grasa NO habían.

Las horas pasaban, y el vuelo se atrasaba cada vez más. Cuando intenté conectarme en la computadora un trabajador de aeroparque me dice que momentáneamente NO hay wifi.

La pantalla de la sala, cambiaba el horario tentativo y lo aumentaba de a 15 minutos. La voz del altoparlante anunciaba que el Aeropuerto de destino seguía cerrado y que NO podían salir. Mientras esto sucedía las otras aerolíneas igualmente volaban ya que de manera alternativa podían bajar en Carrasco. Finalmente y cuando habíamos superado el mediodía, un empleado de Buquebus nos dice que el vuelo estaba cancelado. Que a Montevideo por NO tener la ruta autorizada NO podían volar y que por esa razón nos daban la posibilidad de viajar a la tarde en barco al puerto de la capital uruguaya. Si queríamos podíamos devolver el pasaje pero solo nos darían el 70% del valor real. Gran negocio ofrecían. Igualmente decidimos hacer el viaje que tanto queríamos aunque todavía debíamos esperar 3 horas para que zarpara el barco.

La duración del viaje pasaba de 50 minutos a 5 horas, nada más ni nada menos. Llegamos al puerto de Buenos Aires, minutos antes de las 13 y nos dicen que las valijas “NO” se podían dejar hasta dentro de 40 minutos.

Otra negativa mas que alteraba el ánimo. Hacemos la fila, realizamos ahora el check in del barco y el chico que nos atiende, entrega un pasaje en primera y otro en turista. Ahora quieren que viajemos separados.

Cuando damos cuenta de lo sucedido, la contestación es que paguemos la diferencia para ir los dos en primera. La risa emitida en ese momento, fue clara e irónica. Además nadie nos emite un ticket que marque el viaje de Montevideo a Punta del Este. Cuando ponemos la situación en evidencia y tras ir hablando con muchos empleados tal cual estuviéramos en alguna dependencia estatal, todos tienen una misma contestación para darnos. NO sabemos, pregúntele a otro.

Ya en el barco, cansados e irritados, mi señora me invita a endulzar lo que queda del día con un rico alfajor. Excelente idea. Decide ir ella, se acerca al mostrador y el señor que atiende el mismo le dice que NO vende alfajores individuales, debe comprar una caja con seis. Nos quedamos sin alfajor. Finalmente llegamos al puerto, tomamos el micro y salimos hacia el distinguido balneario. El gran Sinatra me recibe con su música, las luces de la exquisita rambla montevideana comienza a cambiar mi animo, mi querida familia espera ansiosa nuestra llegada. Me encuentro cansado pero ya estoy en Uruguay. Nada mas me importa. Aunque mas relajado comienzo a sacar conclusiones. Así tratan a los turistas pienso. ¿Puede ser que siempre sean problemas y nunca soluciones? Que fácil y positivo seria utilizar mas el si. Es que todas las contestaciones recibidas en esta larga odisea de 24 hs pertenecían al cansador reino del NO.

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