EL DIARIO

Miercoles, 23 de Setiembre del 2020

Chihuahua y Ciudad Juárez

Por Polly Ferman, el 3 octubre, 2011

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Octubre 1, 2011

Estoy escribiendo esta nota a bordo de un vuelo que me trae de Chihuahua a NY, con escala en Dallas. Chihuahua es el estado más grande de México y a donde tanto me recomendaron no fuera, por su publicitada inseguridad.

Pero nos habían invitado al Binelli-Ferman Duo, para actuar en el 7mo Festival internacional de música de Chihuahua, donde desde El Cigala hasta una orquesta juvenil, pasamos por Chihuahua y Ciudad Juárez, durante 3 semanas junto a artistas internacionales y mexicanos.

Argentina era el país invitado de honor y de rebote, por la mitad Binelli del dúo, me tocó en suerte participar. Quizás también porque por mis venas, corre mitad de sangre argentina, aunque no conste en demasiados registros.

Mis amistades y algunos familiares, trataron de persuadirme para que no fuera ya que las noticias de asesinatos y lucha de los “carteles”, ocupaban primeras planas en la prensa del mundo. Pero en mi vida de peregrina, me ha tocado actuar ya sea en países en guerra, con altas probabilidades de terremotos o con políticas e ideologías religiosas de toda índole.

Estaba muy tranquila porque “sabía” que todo iría muy bien.

Cuando surgió esta invitación para actuar en una de las fronteras mas “picantes” de México, pensé que sería una vez mas, una gran oportunidad para conocer desde adentro y acceder a espacios que sin duda, no hubiera elegido en este momento, del punto de vista turístico.

Desde la ventanilla del avión, al aterrizaje. En Chihuahua, pude apreciar una planicie desértica entre montanas. No solamente desértica porque no había casi construcciones sino porque era un desierto en el que nada crece y casi nada se planta.

Fuimos al hotel acompañados de una “anfitriona”: Viridiana y del chofer, Lorenzo, quienes nos acompañarían durante todo nuestro recorrido y de quienes tanto aprendimos. Lorenzo, guía turístico, sumamente informado, entre otras cosas, sobre realidades que están afectando la economía del área, mucho por la gran promoción que se le esta dando a la problemática interna, político-social, que esta dejando sin turismo y sin trabajo a tanta gente. Viridiana, actriz y profesora de teatro, siempre atenta y delicada en sus opiniones. Ambos con la tarea de “cuidarnos”. No como guardaespaldas sino como “Ángeles guardianes”.

Estuvimos, tanto en Chihuahua como Ciudad Juárez, alojados en los perímetros de la ciudad. Por primera vez, solo conocí pianos maravillosos, y los teatros como no hay otros en toda Latinoamérica. Todo el resto fue como el asistir a una conferencia, porque no nos expusieron a la otra realidad, que sin embargo parece estar en esta temporada, más tranquila que en anteriores.

Este viaje fue de gran aprendizaje y acercamiento al profesionalismo y a la delicadeza de todas las personas con las que se tuvo contacto. Desde el personal en los teatros hasta la gente que atendía nuestras necesidades alimenticias. Todos eran suavecitos y poseían una gran humildad. Era un mundo de algodón en el que el contraste con la violencia hacía que los blancos y negros fueran más evidentes. Claro que el blanco lo vivimos y del negro ni nos enteramos.

El hotel en Chihuahua era muy bueno y si bien estaba cerca de la plaza con su hermosa Catedral, el primer día, no salimos. ¡Por las dudas!
Al tercero y ya después del concierto y de haber cobrado, fuimos a recorrer unas pocas cuadras hasta la Catedral y la peatonal. Todo sencillo y humilde, todos muy amables como suaves besitos en la mejilla.

El Primer Concierto

Al día siguiente a nuestro arribo, tuvimos el concierto en el Teatro de los Héroes, en Chihuahua. El teatro para 1500 personas era maravilloso, con escenario y posibilidades técnicas completas. La acústica era insuperable y fui sorprendida por un piano Steinway nuevo de concierto. Decidimos tocar sin amplificación (por suerte para mí), ya que nuestros instrumentos sonaban de maravillas, a pesar del tamaño de la sala.

La Carta

Disfrutamos haciendo música y el publico así lo recibió. No me gusta alimentar al ego, así que voy a lo que realmente me conmocionó y emocionó.

Luego de sentirme feliz porque mis breves comentarios sobre la música y porque la ejecución de la misma habían sido muy bien recibidos, fuimos al hotel a cenar. Llega entonces un matrimonio, de muy buen parecer, quienes habían estado en el concierto y venían a dejarnos (pensé) pero era a dejarme, una carta.

La letra era clara en sus dos carillas, firmada por la señora, arquitecta. El contenido de esa carta me ha dejado perpleja hasta ahora. Porque esa señora, sin conocerme, había sentido que tenía que cuidarme. Me daba consejos para que pudiera lucirme mas.. Era muy extraño. No me conocía pero por alguna razón, me quiso proteger. ¿Por qué? Me puse a pensar y surgió la imagen de mi mejor amiga, mi hermana de la vida, Mafel, quien me acompaño en mis andanzas musicales por el mundo y que siempre me apoyó, apuntaló y me habló sinceramente, con una gran delicadeza, cómo podía mejorar si era el caso o sobre sus emociones con mis notas, cuando las sentía.

Mafel se fue de este mundo hace pocos días. Pero me envió una mensajera de Chihuahua, para decirme que me estaba “viendo y sintiendo” y que me seguía ayudando y protegiendo.

Ciudad Juárez
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Luego de 4 horas de recorrido por el desierto mexicano, llegamos al hotel en la periferia de Ciudad Juárez. Ahí sí que no conocí nada más que el hotel, muy bueno por cierto. Al día siguiente, tuvimos el concierto en el Teatro Víctor Hugo Rascón Banda, en el Centro Cultural Paso del Norte. Absolutamente maravilloso, como ninguno en Latinoamérica, para 1750 personas, con un parking en el subsuelo adornado con 150 murales.

Técnicos sonrientes y atentos, un sonido excelente, esta vez amplificado, una disposición increíble. Otro Steinway de concierto en perfectas condiciones.

Todos estos los elementos, más los consejos de mi nueva amiga, hicieron que me sintiera fuerte y protegida, así que el éxito fue redondo: dos personas y dos instrumentos que movilizaron una audiencia ávida y agradecida.

Ya de regreso, habiendo disfrutado de lo bueno y no habiendo temido lo que no sucedió, recordé una realidad que leyera en un maravilloso libro: Conversaciones con Dios:

“Cuando se teme no se ama”.
“Cuando se ama no se teme.”

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